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Capítulo 3 Seguiré siendo una niña mimada

**Punto de vista de Harlow**

Alguien golpeó la puerta principal. Me levanté de un salto del sofá, con el corazón latiéndome a mil. Sage se había ido antes, y siempre se olvidaba las llaves. Me limpié la cara con el dorso de la mano y caminé hacia la puerta.

-No me digas que te has vuelto a olvidar las llaves. Siempre lo haces.

Abrí la puerta.

Kael estaba allí. Tenía el ceño fruncido en una mirada furiosa. De su mano colgaba una gruesa cuerda negra que se arrastraba por el suelo.

-¿Qué haces aquí? -Retrocedí hacia el interior del apartamento.

Entró a zancadas, cerró la puerta y echó el cerrojo. La cuerda se deslizaba por el suelo de madera con cada paso que daba hacia mí.

-Sabes por qué estoy aquí.

-No, no lo sé.

Pero lo sabía. Había huido de él cuando me dijo que no lo hiciera.

-No me mientas, Harlow.

Me balanceé sobre los talones y junté las puntas de los dedos índices, intentando parecer pequeña y tímida. -De verdad que no sé de qué hablas.

Cerró la mano alrededor de mi garganta y me obligó a mirarlo. Tenía los dientes apretados. Las fosas nasales dilatadas, como solo le ocurría cuando algo salía mal en el trabajo.

-Huiste de mí cuando te dije que no lo hicieras.

-Yo no hice tal cosa.

Subió la mano y me inclinó la barbilla. -No juegues conmigo, joder.

-¿O qué?

En un instante, Kael me hizo girar, me inclinó sobre el sofá y empezó a enrollarme la cuerda en los brazos. Empujé el hombro hacia atrás contra su pecho. Moví el cuerpo de un lado a otro. Lancé la pierna hacia atrás para patearle la espinilla.

Las ataduras solo se apretaron más.

-Suéltame.

-Si hubieras seguido mis instrucciones -dijo junto a mi oído-, iba a ser suave contigo.

-Que te jodan.

Antes de que pudiera terminar, me metió cuatro dedos en la boca. Me dieron arcadas. La saliva me resbaló por la barbilla. Lo fulminé con la mirada por encima del hombro.

-Las chicas malcriadas como tú no les contestan a sus amos.

Una oleada de calor estalló entre mis muslos.

-¿Entiendes? -gruñó.

Asentí para poder responder con algo descarado. Sacó la mano de mi boca, luego me levantó tirando de las ataduras y me empujó hacia el dormitorio más cercano. El mío. Cerró la puerta de un portazo y me lanzó sobre la cama.

-¿Por qué te fuiste?

-Porque solo quería que me quitaras la virginidad. Y además, esta noche venía otro chico.

Me agarró la barbilla. -Deja de ser una malcriada. Me está cabreando.

-Bien. Quizá así me dejes en paz.

-Quizá te meta la polla hasta la garganta y te dé tu primer castigo.

-No lo harás.

Me empujó fuera de la cama y me dejó de rodillas frente a él. Se desabrochó los vaqueros. Su polla saltó fuera. Lo miré con los ojos muy abiertos. Veinticuatro años y nunca había hecho esto.

-Abre la boca y sé una buena chica.

Apreté los labios.

-No me obligues a hacerlo. No te va a gustar.

Lo miré fijamente y mantuve la boca cerrada.

Se pasó la lengua por delante de los dientes. Una risa oscura escapó de su garganta. -Oh, te voy a arruinar, joder.

Me pellizcó la nariz con el índice y el pulgar. No podía respirar. Las lágrimas me llenaron lentamente los ojos. Las mejillas me ardían cada vez más.

No iba a ceder. Él se rompería antes que yo.

-Cuesta respirar, ¿verdad?

Negué con la cabeza, pero ya empezaba a ver estrellas.

-En cualquier momento -se burló-, vas a rendirte.

El calor recorrió mi cuerpo. Por fin abrí la boca de par en par para tomar aire. En cuanto lo hice, ya estaba dentro de mí. Golpeando el fondo de mi garganta. Haciéndome tener arcadas.

Lo miré con los ojos llorosos. Sus manos rodeaban la parte de atrás de mi cabeza, sujetándome en su sitio. Con los brazos atados a la espalda, él tenía el control total.

Su mirada era oscura. Los ojos entornados. Se metió en mi boca tanto como pudo. Cuando no pude aguantar más, dio un paso adelante para forzar un centímetro más.

-Yo tengo el control, Harlow. No tú.

-Que te jodan -balbuceé.

-Vamos a educar esta boquita descarada hasta que aprendas a no contestar.

Eso jamás pasaría.

En medio de mis arcadas y mi saliva, su teléfono vibró en el bolsillo de los vaqueros, tirados en el suelo. Lo miró y luego volvió a mirarme a mí. Me pellizcó la nariz de nuevo.

-Cógelo y contesta.

Abrí los ojos como platos.

-Ya.

Metí la mano en sus vaqueros y saqué el teléfono. Pulsé el botón verde. Costaba ver a través de las lágrimas.

-Hola, Kael -dijo mi padre por el altavoz.

Miré el teléfono horrorizada. Kael lo acercó más a mi boca. Si hacía un solo ruido, papá lo oiría.

-¿Ha pasado algo en la oficina? -preguntó Kael.

-Quería hablar contigo de las finanzas del cuarto trimestre. ¿Estás ocupado?

Kael me metió otro centímetro. -Un poco, pero puedo hablar.

Contuve una arcada. Tragué la saliva que tenía en la boca. Las lágrimas me corrían por la cara. La necesidad de respirar crecía.

A Kael no le importó. Esos ojos fríos y oscuros se encontraron con mi mirada vidriosa mientras hablaba por teléfono con mi padre. Enredó una mano en mi pelo y movió mi cabeza adelante y atrás sobre su polla hasta que me dolió la garganta.

-Deberíamos mover el puesto de Evelyn -dijo papá-. Estaba pensando en ponerla bajo tu mando.

Los celos se agitaron dentro de mí. Me descubrí moviendo la cabeza sin que él me obligara. Lo miré con los ojos escocidos, desesperada por dejar huella.

-Joder -murmuró Kael, lo bastante bajo para que papá no lo oyera-. Buena chica.

-¿Qué te parece? -dijo papá.

Yo estaba de rodillas, con la polla de Kael hundida en mi garganta. Echó la cabeza hacia atrás, con los ojos en blanco, y me agarró un pecho con su mano grande y áspera.

-Me parece genial -murmuró, mientras su semen me llenaba la garganta-. Me parece jodidamente genial.

-Bien. Mañana lo hablamos con más calma. -Papá hizo una pausa-. Suenas ocupado.

Kael se aclaró la garganta y me quitó el teléfono. -Hablamos mañana.

Pulsó Finalizar llamada y salió de mí. Me desplomé hacia delante sobre la alfombra, de hombro, y tragué lo que pude de él. El pecho me subía y bajaba rápido. Tenía la mente adormecida.

Entonces me levantó y me dejó con suavidad sobre la cama. Se sentó detrás de mí y deshizo la cuerda. Tomó mi mano y posó los labios sobre las marcas rojas de mis muñecas.

¿Qué era eso?

-Por una vez en tu vida, hazme caso y quédate aquí. -Se subió los vaqueros-. Te traeré agua.

Salió de la habitación. Me quedé mirando la puerta con los ojos muy abiertos. Sorprendida de que fuera tan amable después de haber sido tan malcriada. La intensidad se fue apagando. Ya no me quedaban fuerzas para ponerme difícil esta noche.

Pero los celos seguían dando vueltas dentro de mí al pensar en Evelyn acercándose a Kael. Quizá él no lo supiera, pero era mío. Todo mío.

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**Kael**

Estaba en la cocina, llenando un vaso de agua. Mis manos estaban firmes, pero mi mente no.

Se había tragado hasta la última gota mientras su padre hablaba de trabajo. Mientras Julian hablaba de poner a Evelyn bajo mi mando. Y Harlow había parecido celosa. Posesiva. Como si quisiera marcarme como suyo.

Yo quería que lo hiciera.

Quería que estuviera tan obsesionada conmigo que no pudiera pensar en nadie más. Igual que yo llevaba años obsesionado con ella.

Volví al dormitorio. Ahora estaba sentada, envuelta en una manta, con los ojos todavía rojos pero la barbilla en alto.

-Toma. -Le di el agua.

Bebió despacio. Luego me miró. -¿Por qué eres amable conmigo?

-Porque no eres una sumisa cualquiera. Eres Harlow.

-La hija de tu mejor amigo.

-Sí. -Me senté en el borde de la cama-. Y también la mujer a la que llevo deseando más tiempo del que me gusta admitir.

Me miró fijamente. Separó los labios.

-No voy a disculparme por desearte -dije-. Pero siento cómo lo manejé esta noche. Debería haber tenido más cuidado. Haber sido más delicado.

-Yo no quería delicadeza.

Eso me hizo detenerme. -¿Qué querías?

Dejó el vaso en la mesita de noche. -Quería sentir algo. Sentirme querida. Deseada. Como si fuera suficiente para alguien.

-Eres suficiente. -Le tomé la cara entre las manos-. Siempre lo has sido.

Una lágrima le resbaló por la mejilla. La sequé con el pulgar.

-Quédate -dije-. No vuelvas a huir. Quédate conmigo esta noche.

Asintió.

La atraje a mis brazos y me recosté en la cama. Su cabeza descansaba sobre mi pecho. Su mano se curvó alrededor de mis costillas.

-¿Kael? -susurró.

-Dime.

-Voy a seguir siendo una malcriada.

Sonreí en la oscuridad. -No te querría de ningún otro modo.

Esto es todo lo disponible por ahora.

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Lista de capítulos

11 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 Perdí mi virginidad con el hombre equivocado.
  2. Capítulo 2Capítulo 2 ¿Eras virgen
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Seguiré siendo una niña mimada

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