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Capítulo 3 LA CASA SHADOW
La residencia de la familia Shadow se alzaba en la ladera este de Umbra, una construcción de piedra oscura y madera tallada que desafiaba la arquitectura tradicional de las manadas lunares. Donde las otras casas se integraban al bosque, la mansión Shadow se imponía sobre él, con torres puntiagudas que perforaban el dosel de los árboles como agujas de obsidiana. Brai Shadow caminaba por los corredores interiores con la seguridad de quien ha crecido sabiendo que cada rincón de aquel lugar le pertenecía. Sus pasos apenas sonaban sobre las alfombras de piel de lobo, y los sirvientes que se cruzaban con ella bajaban la mirada al instante. No era miedo lo que sentían hacia ella. Era algo más profundo. Sabían que Brai Shadow podía destruir una vida sin levantar la voz, sin mancharse las manos, sin siquiera recordar el nombre de la persona que acababa de desaparecer. Su madre, Lady Seraphine Shadow, la esperaba en la sala principal. La mujer era una versión mayor de Brai: el mismo cabello rubio recogido con precisión, los mismos ojos verdes que evaluaban el mundo como un tablero de estrategia. Estaba sentada en una silla de roble tallado, bebiendo té de luna en una taza de plata bruñida. -Llegas tarde -dijo, sin mirarla. -El Alfa me retuvo -respondió Brai, ocupando el asiento frente a su madre-. Su maldición está empeorando. Lady Seraphine levantó una ceja, un gesto que en cualquier otra persona habría parecido elegante pero en ella era una advertencia. -¿Y eso cómo te afecta? -Su bestia se está volviendo difícil de controlar. Anoche perdió la forma humana por unos segundos. -¿Y tú lo viste? -Lo suficiente. Lady Seraphine dejó la taza sobre la mesa con un golpe seco. -Kaelan Bloodfang es el Alfa más poderoso de esta región. Su linaje es antiguo, su territorio es vasto, y su ejército es leal. Pero su sangre está maldita. Su abuelo murió devorado por su propia bestia, y su padre apenas logró contener la suya. Si Kaelan sigue el mismo camino, su utilidad política tendrá un límite. Brai asintió, procesando las palabras de su madre como quien recibe instrucciones para una partida compleja. -Por eso necesito asegurar mi posición -dijo-. Como su Luna, tendré acceso a todo su poder antes de que se deteriore por completo. -Exactamente -Lady Seraphine inclinó la cabeza, aprobando-. No te cases con Kaelan por amor. Te cases con él por su nombre, su territorio, y los años de control que puedas ejercer antes de que la maldición lo consuma. Brai sintió el peso de aquellas palabras. Su madre nunca había sido cariñosa, pero tampoco era cruel. Era práctica. Enseñaba a su hija a sobrevivir en un mundo donde las mujeres, incluso las de linajes poderosos, solo tenían poder si sabían cómo tomarlo. -El Ritual de la Luna es en tres días -dijo Brai-. He hablado con Kaelan. Me ha asegurado que no permitirá que ningún vínculo interfiera con nuestros planes. -¿Y tú le crees? -No completamente. Pero confío en mi capacidad para manejar cualquier eventualidad. Lady Seraphine esbozó una sonrisa, una curva apenas perceptible en sus labios pintados de rojo oscuro. -Esa es mi hija. Siempre calculando diez movidas adelante. Se levantaron de la mesa y caminaron hacia los jardines interiores de la mansión, un espacio cerrado por muros de piedra donde crecían flores lunares que solo florecían bajo la luz de la luna llena. Sus pétalos plateados brillaban como pequeñas estrellas caídas, y el aroma que desprendían era dulce y embriagador. -He escuchado algo interesante hoy -dijo Lady Seraphine, deteniéndose junto a un arbusto de flores-. La curandera omega, esa muchacha Frost, ha sido seleccionada para el ritual. Brai arrugó la frente. -¿La curandera Frost? ¿La que vive en la periferia? -La misma. Parece que sanó una mordedura de ciervo sombrío el día pasado. Algo que ninguna omega debería poder hacer. Brai sintió un hormigueo de incomodidad, pero lo reprimió. ¿Una omega sanando una mordedura de ciervo sombrío? Era improbable. Casi imposible. -Probablemente fue suerte -dijo-. Los omegas son débiles, su magia apenas sirve para curar rasguños. -Tal vez -Lady Seraphine la miró con atención-. Pero la suerte no suele durar para siempre. Y las personas con habilidades que no deberían tener suelen ser peligrosas. Brai recordó a la muchacha. La había visto algunas veces, siempre en los márgenes de los eventos importantes, siempre cabizbaja, siempre invisible. Cabello oscuro, ojos grises, cuerpo delgado y sin la musculatura de los guerreros. Nada en ella sugería peligro. -No creo que sea relevante -dijo, desestimando el tema-. Una omega sin linaje no puede amenazar una alianza entre los Bloodfang y los Shadow. Lady Seraphine se detuvo y la miró con esos ojos verdes que veían demasiado. -Las personas insignificantes son peligrosas -dijo lentamente- cuando nadie las vigila. No subestimes a nadie, Brai. Los enemigos más mortales suelen ser aquellos que no parecen enemigos en absoluto. Brai sostuvo la mirada de su madre, una conversación silenciosa de poder y advertencia. Finalmente, asintió. -Vigilaré a la curandera. Por si acaso. Lady Seraphine se volvió hacia las flores, extendiendo una mano para tocar uno de los pétalos plateados. -Hazlo. Y recuerda: el Ritual de la Luna no es solo una ceremonia. Es una prueba. La luna elige, y a veces sus elecciones son inconvenientes. Tu trabajo es asegurarte de que, pase lo que pase, Kaelan siga siendo tu Alfa. Brai caminó de vuelta a sus aposentos con la advertencia de su madre resonando en su cabeza. Las personas insignificantes son peligrosas. ¿Era la curandera Frost realmente una amenaza? Era ridículo. Una omega. Sin poder. Sin linaje. Sin posición. Pero algo en su interior, un instinto que había perfeccionado durante años de política y manipulación, le dijo que no debía ignorar el aviso por completo. Se sentó frente a su tocador, observando su reflejo en el espejo de plata. Su rostro era hermoso, eso lo sabía. Cabello rubio como la luz del sol, ojos verdes como el musgo de los bosques antiguos, labios carnosos y una curva de cuello que había hecho que más de un alfa la deseara. Todo en ella estaba diseñado para la conquista. Pero la belleza no era suficiente. Nunca lo era. -¿Qué vas a hacer, Brai? -se preguntó en voz baja. Su reflejo no respondió. Pero su mente ya estaba trazando planes, calculando probabilidades, evaluando amenazas. La curandera Frost era insignificante, sí. Pero si la luna decidía lo contrario, había que estar preparada. Salió de sus aposentos y se dirigió a la biblioteca familiar, un espacio enorme lleno de libros antiguos y pergaminos que documentaban la historia de los linajes lunares. Pasó horas revisando archivos sobre el Ritual de la Luna, sobre los vínculos predestinados, sobre cómo interferir en ellos sin que la manada lo notara. La respuesta llegó en un viejo texto escrito por una curandera de la generación anterior. Los vínculos predestinados pueden ser reconocidos, pero también pueden ser rechazados. El rechazo público destruye la conexión, dejando una marca en la parte rechazada. La marca no desaparece. Se oscurece, y aquel que la porta queda vinculado al rechazo para siempre. Brai sonrió. No era una sonrisa amable. -Si la luna te elige, curandera -murmuró-, yo me aseguraré de que Kaelan te rechace. Y cuando eso ocurra, tu marca será un recordatorio eterno de que nunca fuiste suficiente. Cerró el libro con un golpe seco. El plan comenzaba a tomar forma.
Lista de capítulos
80 capítulos en total
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