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Clásico 2 No.2
Y a mi, que iba cerca de él, me dijo muy bajo, dulcemente:
-Es el primer delito que cometo éste, porque me matan. Que no fui un malvado, dígalo alguna vez por favor.
Tenía yo entonces diez y nueve años y era ayudante secretario del fiscal militar. Pasados veintitrés, la edad de Ramón, menos uno, cumplo sus deseos.
Puesto de rodillas se leyó al reo la sentencia.
Una vez leída el condenado dijo:
-Pido licencia para dirigir la palabra a mis camaradas.
Se le otorgó.
Entonces con acento pujante y viril, recomendoles que se inspirasen en su ejemplo y dioles un sentido adiós.
Luego como última gracia, suplicó que no lo vendasen, pues hasta el gusano tenía derecho a la luz del sol en la hora de morir.
Se denegó la gracia.
Mientras le ponían la venda, avanzó sigiloso el pelotón con las armas preparadas.
A la señal convenida los soldados apuntaron. Tenían lívidos los rostros y trémulas las manos. Los rezos del capellán pronunciados a media voz eran el único rumor perceptible en el instante solemne. De pronto resonó la descarga.
Montiel, como impelido por un viento huracanado, se arqueó y tambaleó hacia atrás. Luego, cual si fuese atraído por una fuerza contraria, vínose hacia adelante, firme sobre sus rodillas, se sacudió, y cayó al fin de costado entre roncos gruñidos.
La sangre salió a borbotones del pecho. Pero aún vivía.
Una nueva bala en el cráneo, tras de la oreja derecha, lo dejó al fin inmóvil
La pólvora y el taco ardiendo pusieron fuego a la venda, que se desprendió y cayó sobre el pasto, humeando; y entonces se vieron enormes los ojos de Montiel, fijos en el cielo, y en su semblante lívido el ceño terrible con que lo halló la muerte.
La infantería desfiló en silencio delante del cadáver.
Pero de la caballería brotaron frases brutales.
-¡A nadie vas a sacar ya los ojos!
-¡Clavaste el pico, cuervo!
Era la oración fúnebre, que daba la medida de la educación moral y de los instintos de la masa cruda, indisciplinada, agresiva por hábito, irrespetuosa por inconciencia.
Fue éste el primer reo que vi pasar por las armas. Algunos hombres he visto morir después, mas ninguno con la estoica entereza de aquel fiero negro.
Lista de capítulos
2 capítulos en total
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