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Capítulo 2 Dos

El hombre con quien pensaba compartir mi vida acaricia el pelo de mi hermana como si fuera ella quien llevara un mes durmiendo en una silla de hospital. Permanezco oculta junto a la puerta, con los dedos cerrados en un puño. Julian parece distinto, recostado contra aquellas almohadas blancas. El prometido fuerte y atlético que conocía ha sido sustituido por un hombre frágil. Sin embargo, tiene los ojos abiertos y fijos en Chloe. Ella está tan cerca que sus frentes se rozan. -Iba a verte esa noche -susurra Julian-. Estaba en el coche porque no podía esperar un día más para decirle a Emily que la boda era un error. Iba hacia tu casa para cancelarla, Chloe. Con la lluvia... no vi venir el camión. Chloe deja escapar un sollozo y hunde el rostro contra el costado del colchón. -Casi moriste por nosotros. He pasado tanto miedo, Julian... Y he tenido que verla interpretar a la novia destrozada cuando soy yo quien te ama de verdad. Cada sacrificio de las últimas cuatro semanas desfila por mi memoria. Las agujas que me clavé en los muslos. La culpa asfixiante, convencida de que Julian había sufrido el accidente por correr de regreso a mí. El niño que crece en mi interior y que pertenece a un desconocido de ojos grises, todo porque quise darles a los padres de Julian una parte de su hijo antes de que lo perdieran. Empujo la puerta. En cuanto la luz del pasillo los alcanza, Chloe se aparta. Julian me mira con los ojos muy abiertos. Sus mejillas enrojecen y enseguida desvía la vista hacia el techo. Antes de que encuentre mi voz, oigo un ruido a mi espalda. La madre de Julian está allí, sosteniendo una bandeja de cartón llena de cafés. Tiene los ojos hinchados y aspecto de no haber dormido en una semana. -Emily, cariño, estás blanca como una sábana. -Mira mi vientre con una sonrisa húmeda de esperanza-. ¿Cómo ha ido la cita? ¿Nuestro pequeño milagro sigue aferrándose? Contemplo a la mujer que me ha tratado como a una hija durante tres años y después a Julian. El cobarde continúa mirando el techo. La verdad sobre el hijo de Alistair Wolfe se me queda en la garganta como un puñado de ceniza. -No funcionó -respondo. Mi voz es firme, despojada de todo dolor-. La fecundación in vitro fracasó. No hay ningún bebé. El rostro de la mujer se derrumba. Se agarra al respaldo de una silla. -Oh, Emily... No. Después de todo lo que has pasado... Lo siento muchísimo. Observo a Chloe por el rabillo del ojo. Me contempla con una sorpresa tan falsa como las lágrimas que se seca con su pañuelo de encaje. -Emily, es terrible -dice mientras se acerca-. Sé cuánto lo deseabas. Todos lo deseábamos. Se detiene a un paso de mí. -Pero quizá sea lo mejor -añade en voz baja-. Todo es muy complicado ahora, con la recuperación de Julian. Ya no tendrás esa carga. Por una vez podrás concentrarte en ti. Esa carga. Una claridad glacial se apodera de mí. Recuerdo las hormonas, las agujas y las horas junto a la cama de Julian, susurrándole acerca del niño que creía destinado a salvar a su familia. La rabia no estalla. Se condensa. Mi mano se alza antes de que Chloe pueda reaccionar. La bofetada resuena en la habitación. Su cabeza gira y ella retrocede, con una marca roja extendiéndose por la mejilla. -¡Emily! -grita Julian. Intenta incorporarse, pero el dolor contrae su rostro y los monitores comienzan a pitar. No le respondo. Agarro a Chloe por el cuello de la blusa y la arrastro hacia la cama. Ella chilla y me araña las muñecas con sus uñas impecables, pero no siento nada. -¿Quieres hablar de cargas, Chloe? Hablemos de la carga de ser una mentirosa. Hablemos de lo que hacíais mientras yo estaba en una clínica intentando preservar un legado que ni siquiera quería ser salvado. Julian intenta apartar mi mano. -Emily, basta. Estás histérica. Entonces lo miro. El hombre que creía amar ha desaparecido. Solo queda un desconocido de mentón débil y expresión aterrada. Suelto a Chloe y vuelco toda mi atención en él. La primera bofetada es por los tres años que desperdicié. La segunda, por la culpa de creer que yo había causado el accidente. La tercera, por la farsa. Por permitirme entrar en una clínica y recibir el embrión de un desconocido mientras ellos planeaban huir juntos. -Se acabó. No me llames. Si vuelvo a ver a cualquiera de los dos, me aseguraré de que todo el mundo sepa exactamente qué clase de personas sois. Me doy la vuelta y salgo, ajena a los llantos y al caos que estalla a mis espaldas. No me detengo hasta alcanzar una escalera vacía tres plantas más abajo. Me apoyo contra el muro de hormigón y por fin me derrumbo. Lloro hasta que me duelen los pulmones. Estoy sola. Embarazada del hijo de un multimillonario. Y no tengo nada. Una hora después, estoy en la sala de espera de una clínica de bajo coste al otro lado de la ciudad. No puedo quedarme con el hijo de Alistair Wolfe. No cuando fue concebido al amparo de una mentira. La doctora es una mujer de unos sesenta años y mirada cansada. Examina mi historial antes de mirarme. -Tengo que ser sincera contigo. Tus antecedentes muestran una endometriosis grave y un endometrio muy fino. Este embarazo es prácticamente una anomalía médica. Si lo interrumpimos, las lesiones serán permanentes. Es muy probable que nunca vuelvas a concebir. Salgo de allí y voy a otra clínica. Después, a una tercera. Paso toda la tarde recorriendo la ciudad para escuchar el mismo diagnóstico en consultas distintas. Esterilidad permanente. Cuando aparco frente a la finca de los Vance, el sol ya comienza a ponerse. Voy en busca de mi padre, pero me detengo al oír voces tras la puerta entreabierta del salón. A estas alturas, debería saber que escuchar detrás de una puerta nunca trae nada bueno. -No estoy seguro, Lydia -dice mi padre. -La empresa está al borde de la quiebra -responde mi madrastra-. El acuerdo con Silas Reed es lo único que puede salvarnos. Lleva meses preguntando por Emily. No le importará que se haya roto su compromiso. Está dispuesto a cancelar la deuda principal en cuanto se firme el acta de matrimonio. -Pero los rumores sobre él... -La voz de mi padre se debilita-. Lo que le ocurrió a su última esposa... Además, le saca casi veinte años. -Es rico, Thomas. Y, después de lo que nos han comunicado en el hospital, está claro que Emily necesita que alguien la controle. Silas la llevará con la correa bien corta. Me apoyo en la pared. Silas Reed. Un depredador conocido por su crueldad. Mi familia pretende venderme a un monstruo para salvar una empresa en ruinas. El teléfono vibra en mi bolsillo. Leo el mensaje a través de una bruma de lágrimas. «¿Ha tomado una decisión, Emily? Alistair Wolfe». Miro la puerta tras la que negocian mi vida como si fuera ganado. Después, el mensaje. No tengo marido. No tengo familia. Y, si pierdo a este bebé, tampoco tengo futuro. Pulso el botón de llamada. Alistair responde al primer tono. -No esperaba su llamada. -Lo haré -digo, irguiéndome con una mano sobre el vientre-. Tendré al niño. Le entregaré a su heredero. Se produce un breve silencio. -Una decisión sensata. Ordenaré que preparen los documentos del fideicomiso. -No quiero los cien millones. Quiero otra cosa. -Dígalo. Respiro hondo. -Tiene que casarse conmigo, Alistair.

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171 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 Uno
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Dos
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Tres

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