/0/20454/coverbig.jpg)
Capítulo 2 Puede haber irregularidades funcionales
La sala de consulta quedó sumida en un silencio sofocante.
Aydan giró la cabeza y fijó su dura mirada en la joven.
Ella se la sostuvo con una compostura fría y profesional, como si lo instara en silencio a responder.
Tras un agonizante silencio, Aydan dijo con voz tensa: "No he tenido ninguna".
"¿En serio?", insistió la doctora, alzando un poco la voz, con un destello de curiosidad en el rostro.
Mientras tomaba notas en el expediente, continuó: "Los periodos prolongados de abstinencia o la intensa presión psicológica a veces pueden desencadenar problemas funcionales. Sin embargo, señor Dixon, a juzgar por la evaluación de hoy, su condición física es sobresaliente, así que no hay motivo para preocuparse innecesariamente".
Aydan se quedó mudo.
¿Sobresaliente... condición... física?
¿Esta mujer tenía idea de lo que decía?
Ximena apartó la mano, se quitó los guantes y los tiró al bote de basura.
"Muy bien, señor Dixon, el examen ha terminado. Ya puede vestirse". Se volvió hacia su escritorio, tomó su bolígrafo y empezó a rellenar el expediente con rápida precisión.
Esa fría profesionalidad humilló a Aydan mucho más que cualquier insulto directo.
Saltó de la camilla y se vistió con una rapidez sin precedentes.
Después, volvió a su habitual fachada distante, aunque la tensión de su mandíbula y la tristeza de sus ojos delataban lo miserable que se sentía.
Se dijo a sí mismo que aquella ridícula prueba por fin había terminado.
Todo lo que necesitaba era ese maldito informe para aplacar a Hugh, y entonces podría olvidarse de todo este día y la existencia misma de una doctora llamada Hayes.
Sin embargo, la siguiente declaración de Ximena lo arrastró de nuevo a la miseria.
"Señor Dixon, su evaluación física preliminar terminó". Tras una pausa, añadió: "Sin embargo, basado en los resultados de la palpación y en sus sutiles respuestas fisiológicas, sugiero que se comprueben sus niveles séricos de testosterona y se realice una prueba de conducción nerviosa".
Aydan frunció el ceño con impaciencia y preguntó: "¿Qué insinúa exactamente?".
"En términos más sencillos", respondió ella con calma. "Puede haber irregularidades funcionales".
Aydan replicó casi por reflejo: "De ninguna manera".
Siempre había tenido una confianza inquebrantable, ya fuera en la sala de juntas o... en otro lugar.
La falta de interés por las mujeres no equivalía a la incapacidad de desempeñarse sexualmente.
Ximena pareció prever su reacción y prefirió no discutir con él.
En su lugar, deslizó un formulario de laboratorio en blanco sobre el escritorio y dijo: "Al final, los resultados valen más que las suposiciones. Señor Dixon, ¿confía en la intuición o en las pruebas empíricas?".
Aydan la miró a los ojos, buscando la más mínima grieta en su seguridad.
No había ninguna.
Su expresión seguía siendo firme, imparcial y profesional.
De pronto, recordó los dolores de espalda intermitentes y la fatiga persistente que había achacado al exceso de trabajo...
¿Era posible que algo estuviera mal?
Tras una breve lucha consigo mismo, agarró el formulario y salió de la consulta sin decir palabra.
Fuera, Colby vio la sombría expresión de su jefe y sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero aun así dio un paso adelante y preguntó: "Señor Montoya, ¿cómo fue? ¿Todo salió bien?".
Aydan lo fulminó con la mirada y, sin responder, se dirigió directamente al laboratorio.
Colby observó cómo su rígida y decidida figura desaparecía por el pasillo, con el pulso acelerado.
Aquello no parecía ser una buena noticia.
Aydan soportó la hora más larga de su vida.
Le sacaron sangre, luego el tiempo pasó lentamente en la sala de espera y, al final, le entregaron el informe.
Cuando volvió al consultorio de Ximena con los resultados, irradiaba una gélida contención.
La sala estaba vacía de otros pacientes.
Ximena lo esperaba; su escritorio estaba impecable salvo por su expediente.
Aydan estampó el informe, cargado de rabia apenas contenida.
Ximena tomó el documento y lo revisó con meticulosa atención.
Pasaron los segundos.
Aydan la estudió sin apartar la vista, atento a cada mínimo cambio en su expresión.
Por fin, Ximena dejó el informe a un lado, lo miró y dijo: "Como se esperaba, señor Montoya, los resultados indican una disfunción eréctil neurógena leve".
¿Disfunción eréctil... neurógena?
A pesar de prepararse para malas noticias, el diagnóstico oficial dejó a Aydan con la mente en blanco.
"Los factores subyacentes son múltiples: es probable que el estrés prolongado y el exceso de trabajo alteren las vías neuronales responsables de la función eréctil. La buena noticia es que se identificó temprano y sigue siendo leve, lo que significa que puede resolverse por completo mediante medicación y fisioterapia".
Con gesto grave y voz ronca, Aydan preguntó: "¿Cuál es el plan de tratamiento?".
"Prepararé un resumen diagnóstico completo junto con un régimen de tratamiento a medida", explicó Ximena mientras tecleaba, y pronto la impresora empezó a zumbar. "El doctor Barnes supervisará personalmente su seguimiento. Es un especialista líder en este campo, así que puede confiar en el resultado".
Lista de capítulos
295 capítulos en total
/0/25334/coverbig.jpg)
/0/25806/coverbig.jpg)
/0/24964/coverbig.jpg)
/0/26280/coverbig.jpg)
/0/14255/coverbig.jpg)
/0/24965/coverbig.jpg)
/0/23455/coverbig.jpg)
/0/24478/coverbig.jpg)
/0/27162/coverbig.jpg)
/0/27199/coverbig.jpg)
/0/26489/coverbig.jpg)
/0/26897/coverbig.jpg)