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Capítulo 2 Un juego interesante
El Rolls-Royce entró al estacionamiento subterráneo del distrito financiero.
Cuando el auto se detuvo, el chofer bajó y guio a Alexia hasta un ascensor privado que conducía directamente a la oficina del director general.
En el último piso, un hombre con un traje negro hecho a la medida contemplaba el tráfico desde un amplio ventanal.
Se escuchó un suave golpe en la puerta antes de que la secretaria hablara. "Señor Campbell, la señorita White está aquí".
Al oírla, el hombre se dio la vuelta sin prisa.
Cuando Alexia vio su rostro, dejó escapar un leve jadeo.
Era la primera vez que se encontraba cara a cara con Ethan Campbell, un hombre muy conocido en el mundo de los negocios.
La imagen impecable que mostraban los medios no le hacía justicia. En persona, resultaba mucho más imponente. Su presencia era abrumadora, y su mirada, aguda e implacable, parecía evaluar a las personas en lugar de limitarse a observarlas.
Era mucho más peligroso de lo que Alexia había imaginado.
La mirada de Ethan se detuvo en ella, como si analizara cada detalle. "¿Eres Lia?".
Alexia asintió levemente. "Sí".
Ethan frunció ligeramente el ceño.
La mujer que tenía delante no coincidía con la imagen que se había formado de ella.
Cinco años antes, el Grupo Campbell había quedado atrapado en una tormenta financiera. Las reuniones de la junta directiva se prolongaban sin producir avances reales.
En medio del caos, Ethan recibió por primera vez un correo electrónico de Lia.
El mensaje pronosticaba el rumbo del mercado y detallaba los pasos que la empresa debía seguir.
Ethan lo ignoró al principio. Sin embargo, los acontecimientos posteriores demostraron que todas las predicciones del correo eran correctas.
Desde entonces, y durante los cinco años siguientes, cada cambio en el mercado fue acompañado, sin falta, por un nuevo mensaje de Lia.
Ethan dudó al principio, pero con el tiempo adquirió una confianza absoluta.
Lo que comenzó con unos cuantos correos electrónicos terminó aumentando en un veinte por ciento la participación de mercado del Grupo Campbell.
No hacía mucho, sus operaciones internacionales habían enfrentado problemas debido a nuevas políticas en el extranjero.
Fue entonces cuando otro mensaje de Lia apareció en la bandeja de entrada de Ethan.
Esta vez, el correo no incluía instrucciones detalladas ni soluciones. En cambio, solicitaba una reunión en persona.
Alguien capaz de interpretar con tanta claridad los cambios del mercado y ofrecer directrices tan precisas debería haber transmitido una presencia imponente.
Sin embargo, la mujer que tenía delante parecía tan frágil que una simple brisa podría derribarla.
Ethan la estudió en silencio antes de hablar. "Dame una razón para creer que eres Lia".
Alexia no respondió de inmediato. Desvió brevemente la mirada hacia la secretaria.
Al captar su intención, Ethan levantó una mano para indicarle a la secretaria que saliera.
Cuando la puerta se cerró, la oficina quedó en silencio y ellos se quedaron a solas.
"Continúa", dijo el hombre en voz baja. "Convénceme".
Una leve sonrisa curvó los labios de Alexia mientras enumeraba los problemas sin resolver en las operaciones del Grupo Campbell en el extranjero. También señaló dos oportunidades que ni siquiera Ethan había considerado.
Todo lo que expuso siguió una línea de razonamiento clara. La información era exhaustiva y sus conclusiones iban directo al grano.
Cuando llegó el momento de explicar cómo proceder, Alexia se detuvo.
Levantó la mirada, se encontró con los ojos de Ethan y habló con calma. "¿Eso responde a su pregunta?".
Algo cambió en la expresión de Ethan al observarla de nuevo, esta vez con curiosidad.
"Así que eres tú. Me has estado guiando durante cinco años", dijo él con un tono divertido. "Me has ayudado a ganar miles de millones".
Alexia respondió sin vacilar. "Si quiere, puedo seguir trabajando con usted".
Ethan no apartó la mirada de ella. "¿Qué quieres a cambio?".
"Necesito que el Grupo Campbell me respalde", respondió Alexia.
"¿Eso es todo?".
"Eso me basta", contestó Alexia. Luego añadió: "De todo lo demás me encargaré yo misma".
Una vaga sensación de peligro despertó en Ethan.
La apariencia de esa mujer transmitía fragilidad, pero sus ojos contaban una historia muy distinta.
Ocultaba algo afilado, como una amenaza que acechaba bajo la superficie, y el instinto de Ethan le advirtió que se mantuviera alerta.
Bajó el tono de voz. "Parece que me estás pidiendo que asuma un riesgo bastante grande".
"Así es", afirmó ella. "A mayor riesgo, mayor recompensa. Asumirlo o no es decisión suya, señor Campbell".
El silencio se apoderó del espacio entre ambos.
Ethan bajó la mirada hacia la mujer que tenía delante.
Había una serena seguridad en su postura, como si diera por sentado que él aceptaría.
"Bien", dijo Ethan por fin. "Aceptaré. Pero el Grupo Campbell no cargará con lastres ni se prestará a los planes personales de nadie. Si no logras mostrar resultados...".
Alexia lo interrumpió antes de que terminara: "No necesita advertirme. Ya sabe lo que puedo hacer".
Por un instante, Ethan se quedó sin palabras. En vez de molestarse, sintió un leve interés.
Tomó el teléfono y llamó a su asistente, Dominic Payne, quien entró poco después.
"Lleva a la señorita White a la Mansión Hillcrest. Dile al personal que la trate como una invitada de honor".
"Entendido", respondió Dominic.
Dominic dio media vuelta y guio a Alexia fuera de la oficina.
La puerta se cerró tras ellos con un suave clic.
Cuando se quedó solo, Ethan se recostó en la silla y clavó los ojos en la puerta mientras tamborileaba lentamente con los dedos sobre el reposabrazos.
Un golpe, luego otro y después un tercero.
De pronto, como si acabara de recordar algo, volvió a tomar el teléfono.
"Investiga el historial de Alexia antes de que entrara en prisión", ordenó. "También quiero saber todo lo ocurrido durante sus cinco años allí dentro. Y vigílala de ahora en adelante. Informa de cada detalle, por insignificante que sea".
Cuando terminó la llamada, su atención volvió al correo electrónico que seguía abierto en la pantalla.
El nombre "Lia" ya no parecía tan simple como antes.
¿Quién tenía realmente el control de la situación?
Esto se había convertido en un juego interesante.
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