/0/18693/coverbig.jpg)
Capítulo 2
Spade
Tener una asistente ejecutiva hermosa era un problema. Excitarme era una maldita señal de peligro.
Leí su expediente mucho antes de que ocupara el escritorio frente a mi oficina. Había sido una de las empleadas más brillantes del departamento de marketing, lo cual no me sorprendió en absoluto. Robyn se había graduado de la universidad con honores. Y, sobre todo, era impecablemente puntual. Por eso la elegí, aunque fuera demasiado atractiva y pusiera constantemente a prueba mi cordura.
En los últimos meses había perdido peso. Yo sabía perfectamente la razón, pero seguía viéndose espectacular. Esta semana había llegado tarde dos veces. De no ser tan malditamente buena en su trabajo, ya la habría despedido. Pero tenía mis motivos para mantenerla a distancia. A algunos les parecerían oscuros y retorcidos. Tal vez lo eran.
Detesto la impuntualidad. Exigí tener a mi lado a alguien confiable, capaz de soportar una presión asfixiante a cambio de la fortuna que pagaba por ese puesto. Aun así, estaba dispuesto a darle a Robyn un poco de margen. Ella no tenía por qué enterarse de eso.
La gente me llamaba frío y desalmado. Me daba igual. Jamás me tomé mi trabajo a la ligera. Miles de empleados dependían de mi capacidad para dirigir la empresa y garantizar sus salarios cada mes.
Mi celular vibró sobre el escritorio. En la pantalla apareció el nombre de Ozias Quinton, uno de los exmilitares que trabajaban en Osmium.
Respondí de inmediato. "¿Qué descubriste?".
"Vive en un departamento pequeño", informó Quinton. "Tenía una compañera de cuarto, pero se mudó hace meses. Su única amiga es una colega de la oficina. Su vida se resume en ir al trabajo y pasar los fines de semana con su madre. No bebe. No sale de fiesta".
"¿Relaciones?".
"Soltera. No hay ningún hombre en su vida, por así decirlo. Sus padres se separaron cuando ella estaba en la preparatoria. Su padre, Rusell Sharpe, es el director de Accent, una empresa privada de recursos. Su madre, Denise, es enfermera. Hace poco le diagnosticaron una enfermedad cardíaca rara y tuvo que someterse a una cirugía a corazón abierto".
"Ah". Por supuesto que ya sabía todo eso. Esperaba que hubiera surgido algún dato nuevo en las últimas semanas.
"¿Desea saber algo más? ¿Quizás su situación económica? Puedo escarbar más a fondo en su vida personal si me lo ordena, señor".
"No. Eso es todo. ¿Quinton?".
"Dígame, señor".
"¿Cuál es el diagnóstico exacto de su madre?".
"Mixoma auricular".
"Gracias". Colgué y solté un suspiro de frustración.
"¿Qué diablos estoy haciendo? ¿Acaso no he hecho ya suficiente?".
Llegué a la mansión Kross una hora antes de la cena. Por lo visto, Adley se me había adelantado.
"Qué milagro que te dejas ver". Sus ojos se iluminaron al verme. Era la nieta de Lex Kross y la heredera de todo su imperio empresarial, Industrias Kross. Además, estaba casada con Mykel Creed, un multimillonario que había dejado atrás su fama de mujeriego empedernido.
"Hola, Ad". Me acerqué y le di un beso en la mejilla. "Yo vengo todos los fines de semana. ¿Qué hay de ti? ¿Cuál es tu excusa?".
"Apareces justo cuando menos te esperamos". Adley era hermosa, con un rostro adorable y unos enormes ojos de un azul intenso. "¿Ninguna aventura reciente? ¿No estás a punto de saltar a un agujero de gusano en este preciso instante?".
"Deja en paz al pobre muchacho", intervino Lex desde el patio trasero. Era un hombre brillante. Su mente seguía siendo tan aguda como siempre, curtida por décadas de experiencia.
"Ya escuchaste al abuelo". Me encogí de hombros.
Mykel Creed había sido su protegido hasta que se casó con Adley. Muchos años atrás, cuando yo estaba completamente perdido y no tenía nada, Lex apareció de pronto y me ofreció dos opciones: la vida o el infierno. Me enseñó todo lo que necesitaba saber de negocios. Pero, sobre todo, fue de los pocos que me trataron como a un ser humano.
Adley soltó una carcajada. "Un pobre multimillonario, abuelo".
"¿Cómo están Mykel y los niños?".
"Deberías ir a cenar a casa este viernes". Ella puso los ojos en blanco y recogió su bolso. "Eso si no estás demasiado ocupado matándote de tanto trabajar".
"¿Ya te vas?".
"Sí. Solo vine a tomar el té con el abuelo. Les prometí a los niños una noche de pizza y películas. A diferencia de ti, yo tengo hijos, Spade. Deberías casarte de una vez y disfrutar de tus millones junto a la gente que amas".
Gruñí para mis adentros.
Notó la expresión de mi rostro y me tomó del brazo con rapidez. "Oye. No puedes ir por la vida con el corazón congelado. El amor no funciona así. Sé que has pasado por un verdadero infierno, pero ¿no podrías darle una oportunidad a una buena mujer?".
"¿A qué mujer?".
Entrecerró los ojos con indignación. "Eres increíble".
"Cariño, ya vete. Los niños te están esperando", la apresuró Lex.
"Adiós, abuelo. Nos vemos el próximo fin de semana. Te quiero". Me dio un golpe amistoso en el brazo antes de alejarse. "Deja que ese corazón se descongele, Spade. Ya han pasado años. Eres demasiado guapo para morir solo".
Una leve sonrisa se dibujó en mis labios mientras caminaba hacia donde estaba Lex.
"Hola". Me senté frente a él. Desde allí teníamos una vista perfecta del inmenso y cuidado jardín.
"¿Cómo estás, hijo?".
"Tan bien como anoche, cuando me lo preguntaste por última vez. Pero gracias por preocuparte". Me serví un poco de té en una taza de porcelana. "¿Quieres más?".
Él negó con la cabeza.
Lo vi suspirar pesadamente. Parecía tener algo dándole vueltas en la cabeza. "¿Está todo bien?".
"Yo debería preguntarte lo mismo. ¿Está todo bien?".
Lo observé en silencio por un segundo antes de darle un sorbo a mi té. "Sí. Los negocios van de maravilla".
"Por supuesto que los negocios van de maravilla. He visto los reportes financieros de tus empresas".
Dejé la taza sobre la mesa. Solo esperaba que aquella preocupación no tuviera nada que ver con su salud. Años atrás, se había sometido a un exitoso trasplante de riñón, pero siempre existían riesgos y complicaciones a largo plazo.
"Entonces, ¿cuál es el problema, Lex?".
Después de graduarme de la universidad, él financió mi primera idea de negocio. Así nació Zacc & Kross Ventures. Con su guía y sus invaluables contactos, la convertimos en una empresa multimillonaria. Hace unos tres años, fundé Emergence Capital con mi propia sangre, sudor y el dinero que tanto me costó ganar. Pasé de ser un niño desamparado y perdido a convertirme en el hombre que soy hoy. Todo gracias a él.
"No me digas que tú también quieres que me busque una mujer y me case".
"Creo que eres perfectamente capaz de encontrar a una mujer por tu cuenta, si es que no la has encontrado ya". Sonrió. Un destello de astucia brilló en sus ojos azules. "Ya terminé de jugar a ser el casamentero con mi nieta".
"Y fracasaste rotundamente". Me reí. "Adley encontró a su pareja ella sola".
"Es verdad. Como sea, me invitaron a una gala de subastas, pero ya estoy demasiado viejo para asistir a ese tipo de eventos".
"¿Desde cuándo las galas son solo para jóvenes?".
"Solo asiste en mi lugar, Spade".
"¿Por qué no envías a Adley o a Mykel?".
Me clavó la mirada. "¿Estás saliendo con alguien?".
Sentí que el rostro me ardía de incomodidad. "No. Ya estoy casado con mi trabajo. Y ya te he dicho mil veces que no quiero salir con nadie. No después de... oh...". Mierda. Ese tipo de evento. "Tienes que estar bromeando. Paso. Definitivamente no".
"Entonces vete a casa". Giró la cabeza y apartó la mirada, ofendido.
Fruncí el ceño. "No puedes estar enojado conmigo solo porque no quiero ir a ese evento. Donaré cien mil dólares a tu nombre. Simplemente no me interesa".
Arrojó la elegante invitación sobre la mesa. "¿Salvar a unas mujeres te haría cambiar de opinión?".
Oh, carajo. Ese tipo de subasta. Y yo pensando que era un estúpido evento de caridad para conseguir citas. Digo, ¿quién diablos organiza algo así?
Me daban ganas de gritarle de todo, pero respetaba demasiado a Lex. Era mi mentor, el hombre al que le debía la vida que llevaba. Sabía que, en el instante en que me pidió que fuera, me resultaría imposible rechazarlo. Incluso si me pidiera saltar al cráter de un volcán activo para complacerlo, lo haría. Así de importante era él para mí.
Tomé la invitación y revisé la fecha. "Sabes perfectamente que eso no fue una invitación. Era una orden".
"Disfruta la noche, hijo. Dios sabe que te vendrían bien unos días de descanso".
Después de la cena, bajé al gimnasio de la mansión. Consumido por la frustración, lancé una ráfaga de golpes brutales contra el saco de boxeo que colgaba de la estructura metálica. Lo golpeé una y otra vez, combinando los puñetazos con patadas demoledoras.
Mi pecho subía y bajaba con violencia. El sudor me empapaba el rostro. Me quedé inmóvil, con la mirada clavada en el saco. En mi mente, veía el rostro de aquel monstruo sobre la lona. Burlándose de mí. Humillándome. Riéndose a carcajadas de lo pequeño, débil y patético que era.
Con un rugido cargado de furia, lancé un último y devastador golpe. "No estás aquí. Solo eres un maldito producto de mis pesadillas".
Me di una ducha helada y me fui a la cama.
Aspiré una bocanada de aire de golpe. Mi corazón latía desbocado contra mis costillas. Por un instante no supe dónde estaba. El pánico me ahogaba, hasta que reparé en el azul cálido y familiar de la pared.
Estaba en mi antigua habitación, la primera a la que Lex me había llevado después de que escapara de mi último hogar de acogida. A veces, despertar aquí me daba una paz inmensa. Me recordaba que ya no estaba acurrucado en un piso helado. Que ya no estaba atrapado en aquel oscuro y lúgubre sótano.
Lista de capítulos
131 capítulos en total
/0/25799/coverbig.jpg)
/0/26154/coverbig.jpg)
/0/24772/coverbig.jpg)
/0/7319/coverbig.jpg)
/0/13582/coverbig.jpg)
/0/20642/coverbig.jpg)
/0/26828/coverbig.jpg)
/0/26197/coverbig.jpg)
/0/27056/coverbig.jpg)
/0/26827/coverbig.jpg)
/0/26849/coverbig.jpg)
/0/26391/coverbig.jpg)