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Capítulo 2 Eres una serpiente

Roselyn ocupó un sillón de terciopelo en el espacioso salón.

Frente a ella, Jenifer, sentada con un platillo en la mano, lo golpeaba rítmicamente con sus uñas bien cuidadas.

El gesto dejaba clara su irritación.

Sin mediar palabra, Roselyn empujó un documento sobre la mesa de centro de cristal.

Jenifer tomó los papeles y los hojeó.

En cuanto llegó al final del documento, sus cejas se alzaron y lo golpeó contra la mesa.

La voz aguda de Jenifer resonó en el salón. "¿Treinta millones de dólares? ¿Estás loca, Roselyn? ¿Qué has hecho por la familia Riley para pensar que tienes derecho a esa cantidad? ¡Esto no es más que una extorsión!".

Roselyn se mantuvo impasible.

Abrió su bolso de diseño y sacó una memoria USB plateada, dejándola delante de Jenifer.

"Todo lo que afirmé puede comprobarse. La unidad contiene registros que demuestran que Adrian transfirió importantes bienes matrimoniales a una cuenta en el extranjero a nombre de Emma. También contiene correos internos que detallan cómo el Grupo Riley trató los problemas fiscales relacionados con un importante proyecto de desarrollo del año pasado".

Jenifer se puso pálida, con las manos apretadas en los reposabrazos.

Roselyn se acomodó en su asiento mientras hablaba: "Solo pido lo que me corresponde por ley. Además, merezco una compensación por el daño moral que he sufrido. Si decides no aceptar, presentaré los archivos junto con mi demanda de divorcio. En cuanto eso ocurra, pasarán a formar parte del registro público. Me imagino que tanto los medios de comunicación como las autoridades fiscales estarán muy interesados en revisarlos".

Jenifer la miró fijamente, con la respiración agitada.

Solo entonces se dio cuenta de lo mal que había juzgado a Roselyn. Durante años, la vio como alguien dócil y sumisa.

"Eres una serpiente", soltó con los dientes apretados.

"Tú deberías saberlo mejor que nadie: lo aprendí observando a gente como tú", replicó la joven.

La expresión de Jenifer se endureció, pues sabía que, si esa información salía a la luz, el Grupo Riley podría perder cientos de millones de dólares; en comparación, treinta millones no eran nada.

Cedió a regañadientes. "Está bien. Pero primero firmas un acuerdo de confidencialidad. Luego empacas todo lo que tienes y te vas de la casa de Adrian".

"No tengo ningún problema con eso", concedió Roselyn.

Sin dudarlo, tomó el acuerdo de confidencialidad de Jenifer, lo firmó y se levantó. "Tienes tres días para transferir el dinero a mi cuenta. Si no lo haces para entonces, los archivos se publicarán automáticamente".

Roselyn se dirigió a la salida y dejó la casa atrás. La puerta de roble se cerró tras ella con un sonido sordo.

En cuanto se sentó en su auto, sus manos comenzaron a temblar ligeramente. Lo había conseguido.

En lugar de volver a casa, se dirigió a su oficina. Mucho antes de convertirse en la esposa de Adrian, Roselyn había cofundado una empresa de inteligencia artificial médica como ingeniera fundadora.

Sin embargo, después del matrimonio, pocas personas seguían reconociéndola como tal.

Caminó por los pasillos que conocía bien. El ambiente eficiente y profesional contrastaba con el interminable conflicto que rodeaba a la familia Riley.

Frente a la oficina de Gerald Hardy, el director de operaciones de la empresa, se detuvo y llamó a la puerta.

Gerald se sorprendió al verla. "¿Roselyn? No te esperaba. Pasa y siéntate".

La joven sacó un sobre blanco de su bolso y se lo entregó. "Gerald, he decidido dejar mi puesto como miembro no ejecutivo. También transferiré mis derechos de voto".

Él frunció el ceño mientras revisaba la carta. "¿Esto tiene algo que ver con el asunto del señor Riley?".

Roselyn respondió sin dar más explicaciones. "Es por mi salud. Ahora mismo necesito tiempo para descansar".

Tras firmar el papeleo, Gerald dejó escapar un suspiro. "Pase lo que pase, siempre serás bienvenida aquí".

"Te lo agradezco". Por primera vez ese día, Roselyn se sintió realmente agradecida.

Tras salir de su despacho, se dirigió hacia los ascensores.

Una mano detuvo las puertas antes de que pudieran cerrarse por completo.

Nate Robinson entró. Era el asistente de Adrian y su arrogancia era tan evidente como la de su jefe.

Nate la recorrió con la mirada y dijo con tono burlón: "Señora Riley, ¿qué hace aquí? ¿Vino a ver al señor Riley? Ya sabe que odia que lo persiga a todas partes".

Roselyn sintió que se le revolvió el estómago. Para tranquilizarse, apoyó una mano contra el abdomen, controlando la respiración.

Luego respondió con calma: "Vine a renunciar a mi puesto en el consejo y, a partir de ahora, me llamarán señorita Hudson".

Nate pareció sorprendido por un momento antes de soltar una risa burlona. "¿Dejar el consejo? ¿Es otro de sus intentos de llamar la atención? ¿Sabe el señor Riley que está haciendo esto?".

Roselyn mantuvo la mirada en las puertas del ascensor y no lo miró. "Eso no es de tu incumbencia".

En cuanto el ascensor llegó al salón, las puertas se abrieron.

Roselyn salió sin decir nada más, mientras Nate se quedaba atrás, con esa mirada desdeñosa.

Cuando ella estuvo de nuevo en su auto, sacó un cuaderno.

Tachó de su lista el segundo punto: conseguir una compensación económica, y luego marcó con una palomita el primero: firmar los papeles del divorcio.

Debajo de los cuatro puntos, agregó algo nuevo. "Cuenta atrás para la libertad: 30 días".

Su celular vibró.

Era un mensaje de su primo Stefan Hudson. "Roselyn, esta noche hay una cena privada. ¿Quieres venir conmigo?".

Durante varios segundos, Roselyn se quedó mirando el mensaje.

Se sentía agotada; el estrés y el tumor le pasaban factura.

Sin embargo, necesitaba empezar a reconstruir su red de contactos.

Necesitaba recuperar la versión de sí misma que existía antes de que Adrian entrara en su vida.

Sus dedos se deslizaron por la pantalla y respondió: "¿Dónde es y a qué hora empieza?".

Roselyn llegó a una casa silenciosa. En el pasillo, Donna Flynn, la anciana ama de llaves que siempre había sido amable con ella, estaba ocupada limpiando el polvo.

En cuanto la vio, se preocupó, pues la palidez de Roselyn era evidente.

"Señora Riley, ¿está bien?".

"Donna, puedes llamarme Roselyn. Estoy bien. Solo estoy un poco cansada. Pronto me mudaré".

La anciana se sorprendió. "¿Se muda? Ay, querida... Lamento oír eso".

Donna sabía mejor que nadie cómo habían tratado a Roselyn bajo ese techo.

Roselyn sonrió. Aunque estaba cansada, su sonrisa era genuina. "No tiene por qué lamentarlo. Es la decisión correcta".

Roselyn subió a la habitación de invitados de la planta alta. Sacó una maleta y comenzó a guardar sus pertenencias.

Todo lo que Adrian le había comprado quedó intacto.

Una vez que el armario quedó vacío, Roselyn lo contempló y, en ese momento, algo que no había sentido en años cobró vida en su interior: expectación.

Sentada en el borde de la cama, abrió su computadora portátil y comenzó a escribir un correo electrónico a su antiguo mentor.

"¿Todavía hay lugar para mí en el nuevo proyecto de diagnóstico con IA del que hablamos el año pasado?".

Envió el correo y, antes de que pasaran dos minutos, llegó una respuesta. "¡Roselyn! ¡Justo te estábamos esperando!".

Tras cerrar la computadora portátil, se quedó en silencio por un momento.

"Adiós, Adrian", susurró para sí misma, en la habitación vacía.

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Lista de capítulos

175 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 Cuenta atrás para la libertad
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Eres una serpiente
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Le debo la vida

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