Saltar al contenido principal

Capítulo 3 Por eso debo casarme contigo

Después de cambiarse, Rosina salió y revisó el probador de al lado, pero lo encontró cerrado.

La vendedora sonrió y la elogió: "¡Le queda muy bien!".

Al verla con el vestido, Perry asintió con aprobación y fue a pagarlo, pero se quedó helado al oír que costaba más de treinta mil dólares. Aun así, al recordar que Rosina estaba a punto de conocer al señor Walsh, apretó los dientes y entregó su tarjeta de crédito. Luego dijo con frialdad: "Vámonos".

Con la cabeza gacha, la chica lo siguió hasta su auto.

No tardaron en detenerse frente a una mansión.

Rosina resopló mientras esperaba frente a la puerta.

Mientras ella y su madre llevaban una vida miserable en un país extranjero y luchaban por pagar el tratamiento de su hermano, su padre y su amante disfrutaban de una vida de lujo en aquella magnífica mansión.

"¿Por qué sigues ahí parada?", la reprendió Perry con fastidio.

Su voz la sacó de sus pensamientos y Rosina se apresuró a alcanzarlo.

Un criado los hizo pasar y les informó que el señor Walsh aún no había llegado. Perry le dijo a Rosina que esperara en el salón.

Cerca de las ventanas francesas del salón había un hermoso piano que su madre le había comprado para su quinto cumpleaños.

Desde niña le encantaba tocar el piano, pero no había vuelto a hacerlo desde que la enviaron al extranjero.

Rosina apoyó el índice sobre una tecla y la presionó con suavidad. Una nota clara y melodiosa resonó en el aire.

Esa sensación familiar le llenó el corazón de calidez.

"¿Quién dijo que podías tocar mi piano?". Una voz furiosa resonó detrás de ella.

Rosina miró por encima del hombro y observó a la joven con indiferencia.

Probablemente era su hermanastra. Tenía un gran parecido con la amante de Perry, Aurora Bentley, y era guapa.

Sin embargo, en aquel momento su bonito rostro estaba deformado por la ira.

"¿Tu piano?". La mirada de Rosina se volvió fría.

La madre de esa chica había destruido el matrimonio de Josie y se había apropiado de todo lo que le pertenecía. Y ahora tenía la audacia de reclamar este piano.

"Tú... ¿eres Rosina?". Tiana Bentley torció los labios con desprecio.

Aún recordaba el día en que Perry las había enviado al extranjero. La pequeña Rosina había caído de rodillas y le había suplicado entre lágrimas que las dejara quedarse.

"Debes de estar muriéndote de felicidad ahora que papá te trajo de vuelta". Se cruzó de brazos y miró a Rosina con desdén.

"Pero solo lo hizo porque necesita que te cases con alguien de la familia Walsh. El hombre con el que vas a casarte es...", se burló.

Tiana se tapó la boca con una mano.

Si Rosina se casaba con un lisiado, su vida estaría acabada.

Rosina frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir algo, una criada se acercó de pronto.

"El señor Walsh ha llegado", anunció.

Perry se apresuró a salir para recibirlos en persona.

Poco después, un hombre entró en el salón en silla de ruedas. Cuando Rosina vio su rostro, se quedó paralizada.

¿No era el hombre que acababa de ver en el probador?

¡Así que él era el hombre con el que iba a casarse!

Pero antes lo había visto de pie sin ayuda e incluso sosteniendo a una mujer entre sus brazos.

¿Qué demonios estaba pasando?

"Rosina, ven aquí enseguida. Este es el señor Caldwell Walsh", dijo Perry mientras llevaba a su hija frente al recién llegado con una sonrisa aduladora. "Ella es mi hija, Rosina Bentley".

Caldwell la miró de arriba abajo con el ceño fruncido.

Antes de morir, su madre le había recordado una y otra vez el matrimonio que había concertado para él. No podía ir en contra de su última voluntad, así que, tras el accidente, fingió estar discapacitado con la esperanza de que los Bentley rompieran el compromiso.

Al ver que el rostro de Caldwell se oscurecía, Perry pensó que Rosina no era de su agrado y se apresuró a explicar: "Ella acaba de cumplir dieciocho años. Estoy seguro de que se volverá más hermosa cuando crezca".

Caldwell esbozó una sonrisa irónica. "Hace poco sufrí un accidente durante un viaje de negocios. No podré volver a caminar... ni tampoco darle un hijo".

"No me importa", respondió Rosina con firmeza.

Mientras se casara con alguien de la familia Walsh, Perry le devolvería las propiedades de su madre. Aunque su matrimonio durara un solo día, él estaría obligado a cumplir su parte del trato.

Rosina miró con determinación al hombre, pues sabía exactamente lo que intentaba hacer.

Había llegado en silla de ruedas con la esperanza de que los Bentley rompieran el compromiso. Si lo hacían, sería libre y se casaría con la mujer a la que había abrazado.

Pero no contaba con que Perry estuviera dispuesto a sacrificar a Rosina para cumplir la promesa entre Josie y la madre de Caldwell.

Caldwell frunció el ceño y la fulminó con la mirada.

Rosina sintió una punzada de amargura. No era que quisiera casarse con él, pero, si no lo hacía, no podría recuperar lo que le pertenecía a su madre.

Con eso en mente, esbozó una sonrisa forzada y dijo: "El compromiso se acordó cuando éramos pequeños. No importa en qué clase de persona te hayas convertido. Debemos casarnos. Es lo que nuestras madres querían".

La expresión de Caldwell se congeló al instante. 'Esta mujer es más lista de lo que parece', pensó.

Perry, sin notar la tensión, preguntó con cautela: "En cuanto a la fecha de la boda...".

Caldwell apretó la mandíbula y respondió: "La boda se celebrará según lo acordado".

Rosina bajó la vista para ocultar la mezcla de alivio y temor que la invadía. No se atrevía a mirarlo, pues era evidente que no estaba satisfecho con el matrimonio.

"Si Rosina comete algún error, por favor, castíguela por mí", dijo Perry entre carcajadas.

Para él, casar a su hija no deseada con Caldwell era una jugada maestra que le traería enormes beneficios.

Perry inclinó ligeramente la cabeza y dijo en voz baja: "Le pedí al cocinero que nos preparara una cena deliciosa".

"No, gracias. Tengo otro asunto que atender", respondió Caldwell sin dudar.

Acto seguido, Tyson comenzó a empujar la silla de ruedas para sacarlo de allí. Al pasar junto a Rosina, Caldwell levantó una mano para indicarle a Tyson que se detuviera.

Luego alzó la cabeza y clavó la mirada en la joven. "¿Está libre ahora, señorita Bentley?".

Aunque era una pregunta, sonó como una orden.

Rosina no tuvo más opción que asentir. Parecía que él tenía algo que decirle.

Eso le venía perfecto, pues ella también tenía algo que decirle.

Perry le lanzó una mirada de advertencia a su hija y susurró: "Compórtate".

Rosina lo ignoró y siguió a Caldwell, pues sabía perfectamente lo que su padre planeaba. ¿Cómo podía ese hombre estar tan seguro de que ella lo ayudaría después de casarse con alguien de la familia Walsh?

¿Solo porque era su padre?

¿Acaso alguna vez la había tratado como a una hija?

¿Tenía la más mínima idea del infierno que había sido su vida durante los últimos ocho años?

Rosina estaba tan absorta en sus pensamientos que no advirtió que la silla de ruedas frente a ella se había detenido. Chocó contra el respaldo y retrocedió con torpeza.

Caldwell giró la silla para mirarla y entrecerró los ojos. "¿Quieres casarte conmigo aunque esté discapacitado? No eres una mujer quisquillosa. ¿Por qué? ¿Es por mi dinero? ¿O es que estás desesperada por casarte con alguien de una familia rica?".

A Rosina se le erizó la piel bajo su intensa mirada, pero logró mantener una expresión tranquila. "¿No estás fingiendo estar discapacitado?".

Esto es todo lo disponible por ahora.

Sigue leyendo para continuar la historia.

Continuar leyendo

Lista de capítulos

336 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 Casará con un desconocido
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Embarazada
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Por eso debo casarme contigo

Novedades