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Capítulo 3 Perdió su trabajo
Arianna enfrentó a su jefe y a los demás directivos. En la sala reinaba un silencio tenso, y nadie se atrevía a decir nada. Buscó con la mirada el lugar donde se sentaba el hombre importante, pero estaba vacío.
Sus guardaespaldas imponentes también habían desaparecido. Entendió que había fallado. "Lo siento, señor. No supe cómo reaccionar ante su petición", se excusó.
Sin decir una palabra, su jefe le entregó un sobre, y ella se quedó helada al verlo. La habían despedido.
"Señor, por favor, no me despida. En serio necesito este trabajo", rogó la joven. Tenía que ganarse la vida y cuidar de Eli; ese trabajo era su única fuente de ingresos, y con ese sueldo esperaba que su hijo pudiera volver a la escuela.
"Quien ordenó tu despido es alguien muy poderoso. Si quieres recuperar tu trabajo, ve y pídeselo", respondió el hombre antes de marcharse.
Los demás gerentes también se fueron, y Arianna salió corriendo; necesitaba encontrar al hombre importante y pedirle disculpas.
Lo encontró justo cuando entraba en su auto, se abrió paso entre los guardaespaldas que intentaron detenerla y se plantó ante él. "Señor", dijo, jadeando. Levantó la cabeza para mirar al imponente hombre.
Él se detuvo. ¿Quién se atrevía a detenerlo así, frente a todos? Alzó la vista con indiferencia para ver quién tenía el descaro de interponerse en su camino, y sus miradas se cruzaron.
Arianna se quedó paralizada. Su corazón se aceleró y sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Un temblor la sacudió y gotas de sudor perlaron su frente.
El parecido entre ese hombre y su hijo era asombroso. Era como si hubieran sido tallados por el mismo escultor.
Tenían los mismos ojos, labios, tez y color de cabello. Ese hombre era la versión adulta de su hijo, y Eli era su viva imagen.
Su corazón latía al doble de lo normal. Si no fuera porque la noche en que concibió a Eli se había acostado con un gigoló, habría jurado que ese hombre era el padre de su hijo.
Pero alguien tan poderoso como él no podía frecuentar un club nocturno, ni mucho menos trabajar como gigoló.
"¿Quién demonios eres?", espetó uno de los guardaespaldas, fulminándola con la mirada por su audacia. ¿Acaso quería la muerte?
"Lo siento, no supe cómo reaccionar antes. Por favor, señor, no quiero perder mi trabajo. En serio lo necesito...", rogó la joven.
Terminó su súplica con la cabeza gacha, incapaz de volver a mirar ese rostro tan parecido al de su hijo. Se quedó inmóvil, con las manos entrelazadas delante, esperando que el hombre dijera algo, que aceptara o rechazara sus disculpas, pero él permaneció en silencio.
Sintió su mirada fija en ella. Seguramente la estaba analizando, decidiendo qué sería de ella. Como el silencio se prolongaba, se dio la vuelta para irse cuando la voz de él resonó: "No te atrevas a dar un paso más", tronó.
Arianna se detuvo y se quedó clavada en el sitio. Incapaz de avanzar, tampoco se atrevía a mirar atrás para no volver a encontrarse con ese hombre.
Tras unos segundos de silencio, el hombre ordenó: "Echa a esta basura de mi vista".
Arianna volvió a casa sintiéndose agotada y sin fuerzas. No estaba agotada por la presión del trabajo, sino por el hecho de haberlo perdido.
¿Cómo había podido estar tan poco preparada para presentarse ante un posible inversor? Se sentía poco profesional y sin las habilidades básicas para ser una especialista en su campo.
Fue a buscar a Eli a la guardería y luego regresó a casa. Solo quería entrar en su habitación y empapar la almohada de lágrimas. Necesitaba llorar para liberar la tristeza que la oprimía.
Sin embargo, por su hijo, fingió ser fuerte. Tenía que serlo por él, para no defraudarlo.
"Mami, ¿viste hoy a mi papi?", preguntó el pequeño, mientras agarraba con ternura las manos de su madre.
Arianna soltó un suspiro, pues las palabras de su hijo le recordaron la mirada de aquel hombre. Si no fuera tan racional, habría pensado que él era el padre de su pequeño.
Pero recordaba que se había acostado con un gigoló cuatro años atrás. Y un hombre como él jamás se rebajaría a ser uno.
"No, no he visto a tu papá, pero espero que lo veamos pronto", respondió Arianna, forzando una sonrisa mientras lo atraía hacia ella. Le dio un beso en la sien y le susurró que era su estrella de la suerte.
"Pero mami, ¿por qué volviste tan temprano hoy?", preguntó el pequeño, y su madre le respondió que quería pasar más tiempo con él.
La respuesta alegró al niño, que soltó una risita.
Antes de dormir, la preocupación invadió a Arianna. ¿Dónde demonios encontraría otro trabajo tan fácilmente? ¿Cómo iba a mantener a su hijo sin un empleo? Necesitaba darle una buena vida a Eli.
De repente, recordó algo. Un amigo suyo, que era médico, le había dicho que se pusiera en contacto con él si alguna vez volvía a ciudad Z. Fue a su bolso y sacó la tarjeta de presentación.
Marcó el número de inmediato, y del otro lado una voz masculina profunda respondió: "Hola, señorita Jason".
El hombre se alegró al saber que Arianna estaba en la ciudad. Prometió que iría a verla, y ella aceptó.
Eso la animó un poco. Al menos tendría una visita. Pocos minutos después, el doctor Richard la llamó de nuevo y le preguntó si le gustaría trabajar en Hudson Holdings.
¿Hudson Holdings? Era la empresa más grande de ciudad Z, y, según los rumores, era el conglomerado que pagaba mejor.
Aceptó de inmediato. Menos de una hora después, recibió un correo de Hudson Holdings, invitándola a una entrevista al día siguiente.
Al día siguiente, Arianna se despertó emocionada. Se bañó y se vistió con esmero.
Llegó al imponente edificio.
Soltó un suspiro. Era increíble que la hubieran invitado a trabajar allí. Era el lugar de sus sueños, y esperaba que ese sueño pudiera hacerse realidad.
La entrevista fue un éxito y la contrataron de inmediato. Le mostraron su nueva oficina y el gerente de Recursos Humanos le indicó: "Hay proyectos a medio terminar de la diseñadora anterior; puedes revisarlos y terminarlos".
"De acuerdo", asintió Arianna, feliz de haber conseguido el empleo. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa que le pidieran, incluso terminar el trabajo de alguien más.
"Pero primero, tengo que presentarte al CEO", añadió Ryan, haciéndole un gesto para que lo siguiera.
Ella asintió y lo siguió por el pasillo, en dirección a la oficina del CEO.
Lista de capítulos
223 capítulos en total
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