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Capítulo 3 La Voluntad de Arthur
El despacho principal de la notaría no se parecía en nada a los garajes ruidosos a los que Julián estaba acostumbrado. El aire olía a madera vieja y a papel acumulado. A través de los grandes ventanales, la ciudad de Stuttgart continuaba con su ritmo habitual, ajena a la tensión que se respiraba dentro de la sala. Julián estaba sentado en una de las sillas de cuero frente al escritorio de roble. A su izquierda, su tía Beatriz mantenía la espalda erguida, con las manos cruzadas sobre el regazo y una expresión neutra. A su derecha, Gregorio Holt revisaba unos documentos en su tableta, ajustándose las gafas metálicas cada pocos segundos. Ninguno de los tres había dicho una palabra desde que entraron a la habitación. Frente a ellos, el notario, un hombre mayor de pelo canoso y ademanes pausados, terminó de organizar un grupo de folios sellados. Se acomodó en su sillón y miró a los presentes por encima de sus lentes. -Bien -comenzó el notario con voz grave-. Estamos aquí para proceder a la apertura y lectura del testamento de Arthur Vance. Les recuerdo que este documento fue redactado y firmado en presencia de esta notaría hace apenas seis meses, sustituyendo a cualquier versión anterior. Beatriz se movió ligeramente en su asiento, pero no dijo nada. Julián clavó la mirada en la carpeta sobre la mesa. El notario abrió el sello de cera y comenzó a leer las cláusulas habituales: el reparto de bienes inmuebles menores, las donaciones a fundaciones benéficas y las compensaciones para el personal de confianza de la familia. Era un lenguaje formal y pausado que parecía extender los minutos sin necesidad. Sin embargo, el tono del notario cambió al llegar al apartado principal. -Respecto a la participación accionarial en la matriz corporativa, Vance Dynamics, y la dirección general del grupo -recitó el notario, haciendo una breve pausa para mirar a Julián y a Beatriz-: «Es mi deseo explícito que la totalidad del paquete de acciones de control, correspondiente al cincuenta y uno por ciento de la compañía, sea transferida de forma directa e íntegra a mi hijo, Julián Vance». El silencio en la sala se volvió casi sofocante. Julián sintió un vuelco en el estómago. Sabía que su padre poseía la mayoría de la empresa, pero nunca esperó que le entregara el control absoluto sin condiciones previas. Beatriz se enderezó de golpe en la silla. -Un momento -interrumpió ella, olvidando el tono pausado que había mantenido toda la mañana-. Eso no tiene sentido. Arthur y yo acordamos que la gestión quedaría en manos del consejo si algo le ocurría a él. Julián no tiene preparación corporativa. -Por favor, señora Vance, permítame terminar de leer -solicitó el notario con calma pero con firmeza. Beatriz apretó los labios y volvió a recostarse, aunque sus nudillos permanecieron blancos por la presión. -La transferencia del paquete accionarial -continuó el notario, leyendo el documento- está sujeta a una condición obligatoria y de cumplimiento inmediato. «Para tomar posesión de las acciones, Julián Vance deberá asumir el cargo de Director Ejecutivo y Presidente del Consejo de Administración de Vance Dynamics en un plazo no mayor a cuarenta y ocho horas tras la lectura de este documento». Julián frunció el ceño. -¿Y si no lo hago? -preguntó directamente al notario. -El texto es muy claro al respecto, Julián -contestó el hombre-. «Si mi hijo rechaza el cargo, o si no asume las funciones ejecutivas en el plazo establecido, el cincuenta y uno por ciento de las acciones pasará a un fondo fiduciario temporal controlado por el consejo de administración, con la orden explícita de vender la empresa al mejor postor en un plazo de seis meses». El impacto de las palabras dejó a Julián sin aliento. Su padre lo había calculado todo. No le estaba regalando la empresa; lo estaba acorralando. Sabía perfectamente que Julián jamás permitiría que Vance Dynamics fuera vendida o troceada por extraños, y esa era la única palanca que tenía para obligarlo a sentarse en su despacho. -Es una locura -murmuró Beatriz, mirando a Gregorio-. Gregorio, dile algo. Tú sabes la situación en la que estamos. No podemos poner a un piloto de carreras al frente de la compañía en medio de esta crisis. Gregorio Holt suspiró profundamente y miró a Julián con preocupación antes de responder a Beatriz. -Las condiciones del testamento son legales y binding, Beatriz -dijo el financiero con voz baja-. Si Julián no firma la aceptación antes de mañana por la tarde, las acciones pasan al fondo y los inversores externos tomarán el control de la venta. Eso destruirá el valor de la empresa antes de que termine el mes. -¡Él no sabe gestionar un presupuesto de este tamaño! -insistió Beatriz, alzando la voz-. ¡Lo único que sabe hacer es dar vueltas a un circuito! Julián miró a su tía. Por primera vez en el día, vio el miedo en sus ojos. No era dolor por la muerte de su hermano, sino el temor real de perder la influencia que había construido durante años dentro de la junta. Luego, miró las páginas sobre la mesa. La firma de su padre al final del documento era firme, trazada con la misma tinta azul que usaba para anotar sus órdenes en los cuadernos de trabajo. Arthur Vance había diseñado su último movimiento con la misma frialdad con la que manejaba los negocios. -¿Tengo las cuarenta y ocho horas? -preguntó Julián al notario. -Así es, señor Vance. El plazo vence mañana a las cuatro de la tarde. Julián se puso en pie, sintiendo el peso en la pierna derecha al apoyar el cuerpo. Miró a Gregorio y luego a Beatriz. -Necesito ver los libros contables reales de la empresa -dijo Julián dirigiéndose al financiero-. Los que no se muestran en las ruedas de prensa. -Estarán en tu despacho en una hora -asintió Gregorio. Beatriz también se levantó, mirando a su sobrino con helada distancia. -Estás cometiendo un error, Julián. Esto no es una carrera donde puedes abandonar si te equivocas. Aquí vas a arruinar a miles de familias. -Mi padre sabía exactamente lo que hacía -respondió Julián, tomando su chaqueta-. Mañana tendrás mi decisión. Salió de la notaría sin esperar respuesta, sabiendo que el camino que tenía por delante era mucho más peligroso que cualquier curva sobre asfalto mojado.
Lista de capítulos
11 capítulos en total
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