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Capítulo 2 Entre guantes de seda
Alexander no disimuló ni un segundo su molestia. La postura que tomó al ver al recién llegado fue casi de combate, cruzándose de brazos y dando un paso de costado que cubrió casi por completo a Elena. Pero el hombre que acababa de hablar no parecía inmutarse por la corpulencia ni la cara de pocos amigos de Alexander. Se acercó a un paso cansino, elegante, luciendo un traje a medida de color gris oscuro que parecía valer más que el departamento entero de Elena. Tenía la piel pálida, los rasgos afilados y un peinado perfecto que no tenía ni un solo cabello fuera de lugar. A diferencia de la presencia imponente y salvaje de Alexander, este sujeto transmitía una frialdad absoluta, como si estuviera hecho de hielo. -Julian Vance -dijo el hombre, pasándole completamente por alto a Alexander para fijar sus ojos en Elena-. Un placer, señorita Ross. Elena parpadeó, sorprendida de que supiera su apellido. Julian Vance no necesitaba mucha presentación en la ciudad; era el heredero de una de las familias aristócratas más antiguas y influyentes del país. Un diplomático de carrera y político en ascenso que manejaba contactos en las altas esferas del gobierno sin despeinarse. -Señor Vance -respondió Elena, intentando sonar tranquila mientras estrechaba la mano que él le ofrecía. La piel de Julian estaba extrañamente fría al contacto, tanto que a Elena le dio un ligero escalofrío, pero su agarre fue suave y medido-. Veo que en este evento todos saben mi nombre menos yo el de ustedes. -Las buenas noticias vuelan, Elena -dijo Julian, manteniendo una sonrisa leve que no le llegaba a los ojos-. Y los proyectos ambiciosos como el suyo llaman la atención de la gente adecuada. O al menos, de la gente con suficiente cerebro para apreciarlos. -Vance, lárgate -interrumpió Alexander con una voz que sonó casi como un gruñido bajo-. Estamos hablando de negocios. -A mí no me parecía que estuvieran hablando de negocios, Alexander -replicó Julian, sin perder la compostura ni subir el tono de voz-. Parecía que estabas acorralando a la señorita Ross con tu tosquedad habitual. Por algo te mantienen en los campos de entrenamiento y no en las mesas de negociación. La tensión entre los dos hombres aumentó de golpe. Elena juraría que la temperatura a su alrededor había bajado un par de grados. Alexander apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de su cuello se marcaron, mientras que Julian simplemente lo miraba con una calma calculadora, disfrutando el haberlo provocado. Elena, harta de ser tratada como si fuera un florero en medio de una discusión de egos, dio un paso al frente para quedar a la vista de ambos. -Si ninguno de los dos piensa hablar seriamente de mi proyecto de seguridad tecnológica, les agradezco la copa de vino y me retiro -dijo con voz firme-. No tengo tiempo para medir quién tiene el ego más grande en este salón. Julian soltó una risita baja, un sonido elegante pero carente de verdadera calidez. Sus ojos, de un azul tan claro que parecía casi transparente, se clavaron en ella con un interés que rozaba lo incómodo. -Una mujer práctica. Me gusta -dijo Julian, sacando un pañuelo de seda del bolsillo de su saco para limpiarse sutilmente los dedos antes de guardarlo de nuevo-. De hecho, Elena, he estado leyendo los borradores de su propuesta de encriptación de datos. Tengo que decir que los métodos de protección que plantea para los servidores privados son... fascinantes. Elena frunció el ceño. -¿Los borradores? Esos documentos solo los envié esta mañana a dos agencias privadas de evaluación. Son confidenciales. -Para el gobierno nada es realmente confidencial -respondió Julian con total naturalidad, inclinando un poco la cabeza-. Y cuando algo despierta mi curiosidad, me gusta estar bien informado. Supo solucionar un fallo en el sistema que mis propios asesores de ciberseguridad no lograron descifrar en meses. Me parece una genialidad. No había emoción en su voz, pero las palabras sonaban calculadas, como si hubiera estudiado cada detalle de la vida de Elena antes de ir a hablarle. Elena sintió una incomodidad distinta a la que le provocaba Alexander. Alexander era ruidoso, territorial y directo; Julian, en cambio, se sentía como una araña tejida en la sombra, observando cada movimiento. -No fue genialidad, solo fue lógica -contestó Elena, tratando de no mostrarse intimidada por el hecho de que este tipo hubiera interceptado sus documentos-. Pero me alegra que le parezca útil. Supongo que eso significa que le interesa invertir. -Me interesa mucho más que solo invertir, Elena -dijo Julian, acortando la distancia entre ellos con una lentitud pausada-. Me interesa asegurarme de que este proyecto se desarrolle en el entorno correcto. Bajo la protección adecuada. Un proyecto tan valioso no debería caer en manos brutas que solo sepan usarlo para la guerra. Julian lanzó una mirada rápida a Alexander, quien no había dejado de seguirlos con la vista ni un segundo. Alexander dio un paso amenazante hacia Julian, pero Elena se interpuso en el camino de ambos antes de que se armara un espectáculo frente a todos los diplomáticos de la fiesta. -Aprecio el interés de ambos -dijo Elena, mirando a uno y luego al otro-, pero si van a competir, que sea con propuestas formales sobre mi mesa de trabajo mañana por la mañana. Ahora, si me disculpan, necesito un poco de aire. Sin esperar respuesta, Elena se giró y caminó hacia los ventanales de la terraza. Sentía las piernas un poco pesadas y la cabeza hirviendo. No llevaba ni una hora en la gala y ya se sentía acorralada por dos gigantes con intenciones que claramente iban más allá de un simple contrato financiero. Al salir a la terraza, el aire fresco de la noche le dio de lleno en la cara. Se apoyó contra el barandal de piedra, mirando las luces de la ciudad a lo lejos y dejando escapar un suspiro largo. -Menuda noche -murmuró para sí misma. -Aún no ha visto lo peor -dijo una voz a sus espaldas. Elena se sobresaltó y se giró rápidamente. Saliendo de la sombra de las plantas de la terraza, con una copa en la mano y la mirada perdida en el mar a lo lejos, había un tercer hombre.
Lista de capítulos
10 capítulos en total
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