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Capítulo 2 Deja de mirarme

Verena se quedó inmóvil al darse cuenta de que era Asher.

Sin más preámbulos, la joven preguntó: "¿Qué quieres?".

Asher contestó al instante: "Ayer en la cita salimos a tomar algo y la cuenta fue de veinte dólares. Como no hubo química, lo justo es que dividamos el gasto".

¿Dividir veinte dólares? Ella nunca había tratado con alguien tan tacaño.

El tipo no solo parecía poco serio, sino que resultó ser un tacaño de lo peor.

De inmediato, le pidió sus datos bancarios para poder transferirle el dinero, ya que no quería volver a saber nada de él.

Inesperadamente, Asher ignoró la pregunta y envió otro mensaje: "Quiero el dinero en efectivo. Mañana en la mañana, en el mismo lugar donde nos vimos hoy. Te espero ahí".

A Verena le pareció ridículo; pensó que el tipo de verdad estaba loco.

Llena de furia, escribió una larga respuesta, solo para borrarlo momentos después. Tras calmarse, envió un mensaje mucho más corto: "En la mañana voy a estar ocupada, pero en la tarde sí puedo".

Pasó bastante tiempo antes de que recibiera una única respuesta fría en su pantalla: "De acuerdo".

A la mañana siguiente, la casamentera llevó a Verena a una maratón de citas a ciegas.

Antes del mediodía, ya se había reunido con tres hombres diferentes: un profesor de matemáticas, un obstetra y ginecólogo, y un comerciante divorciado con un hijo.

Unos eran hombres de mediana edad, descuidados y pasados de peso; otros eran tipos del montón que desbordaban una confianza totalmente desubicada.

Y cada uno resultaba ser más decepcionante que el anterior.

Cuando Verena creyó que la tortura había terminado, la casamentera la arrastró al último lugar.

Su última cita a ciegas del día era un hombre de veinticinco años llamado Liam, quien no paraba de hablar y de chulearla.

Verena encontró una razón para rechazarlo con cortesía, pues su vida ya era un desastre y no tenía ni la energía ni el interés para empezar una relación.

Dieron por terminada la plática rápido. Liam asimiló el rechazo de maravilla y, con una sonrisa, le dijo: "Aunque no se nos dé nada, podemos quedar como amigos".

"Claro", asintió Verena, devolviéndole la sonrisa.

"Ah, por cierto. Un amigo y yo vamos al centro a hacer unos mandados. De todos modos, pasaremos por tu barrio. ¿Por qué no te llevamos?".

"Sería estupendo. Gracias", aceptó Verena encantada, pues el clima estaba muy frío.

Acompañó a Liam al exterior y vio una camioneta negra estacionada a la orilla de la calle.

Vestido todo de negro, un hombre alto estaba de pie junto al auto, con la cabeza gacha y un cigarrillo entre los dedos. Emanaba una presencia imponente.

El humo enrarecido le suavizaba las facciones y le restaba dureza, sino que también hacía que su ya llamativo rostro fuera aún más cautivador.

Al oír los pasos que se acercaban, el hombre levantó la vista lentamente y, a través del fino velo de humo, su intensa mirada se posó en Verena.

En cuanto hicieron contacto visual, la joven se quedó helada.

Era Asher, el hombre increíblemente tacaño...

"Asher, te presento a Verena Stewart, mi cita de hoy", dijo Liam, rodeando el hombro de su amigo con confianza. "Ya que vamos para el mismo rumbo, llevemos a esta preciosa dama a casa".

Asher guardó silencio, y recorrió perezosamente con la mirada a la joven de pies a cabeza.

Verena tampoco se había maquillado hoy, pero su piel lucía impecable y radiante.

Llevaba una gabardina beige, con la mitad del pelo recogido y algunos mechones sueltos enmarcando su frente, lo que la hacía ver elegante y refinada.

Pero sus hermosos ojos seguían siendo fríos y distantes, tal y como los había grabado en su memoria.

"Pero mira nada más...". Asher exhaló despacio un anillo de humo, levantando ligeramente una ceja. "Qué casualidad encontrarte aquí".

"Qué coincidencia", replicó ella con sequedad.

"Me dijiste que ibas a estar ocupada en la mañana". Asher hizo una pausa deliberada antes de añadir: "Así que esto es a lo que te referías. ¿Otra cita a ciegas?".

Verena ya lo detestaba, así que su tono se volvió aún más frío. "¿Y qué quieres que haga? Ya no estoy para perder el tiempo y mi familia no deja de presionar".

Asher mantenía el cigarrillo entre los labios mientras la observaba con una sonrisa burlona.

"Espera, ¿ustedes dos se conocen?". A Liam se le iluminaron los ojos al oler el chisme.

"Sí". Asher tiró la colilla al suelo, se metió las manos en las bolsas del pantalón y soltó sin pena: "Ayer fue mi cita a ciegas".

"¿Por qué no me lo dijiste antes?". En medio de la emoción, Liam dio una palmada con entusiasmo. "¿O sea que me acabo de ir a cita con tu novia?".

Definitivamente eran tal para cual; los dos igual de ridículos.

A la joven se le quitaron las ganas de aceptar el aventón. Mirando fijamente a Asher, sentenció: "No subiré a tu auto. Tengo cosas que hacer".

Enseguida metió la mano al bolsillo, sacó un billete arrugado de diez dólares y lo aventó sobre el capó de la camioneta. "Aquí tienes el dinero que querías".

Verena dio media vuelta para irse, pero se detuvo en seco. Se volvió, sacó otro billete de diez dólares y lo puso junto al primero. Con una sonrisa helada, le dijo al hombre: "La cuenta va por mi cuenta".

Asher miró los veinte dólares sobre el capó y luego la figura que se alejaba.

Esbozó una leve sonrisa, casi imperceptible.

"¡Aquí hay gato encerrado!", exclamó Liam, dándole un codazo, muerto de la risa. "Con tu personalidad, no hay forma de que vayas voluntariamente a una cita a ciegas. A ver, suelta la sopa, ¿quién es ella?".

"No lo entenderías", respondió Asher, recogiendo los billetes y examinándolos despacio, pero sus ojos oscuros no revelaron nada.

Por supuesto, Liam estaba completamente confundido. "En serio, Asher, normalmente eres generoso con el dinero. ¿Por qué molestas a una mujer por veinte dólares? ¿En qué estás pensando?".

Asher levantó la vista y volvió a mirar en la dirección en la que Verena había desaparecido antes de soltar: "La estoy conquistando".

...

Soportar una cita fallida significaba aguantarse los rabietas de Lisette. Al final, Verena decidió que lo mejor era mudarse.

"Vera, si te mudas...", comenzó Lisette, su expresión agria iluminándose de inmediato, "...¡más te vale buscarte algo en el centro! La gente de este barrio es muy chismosa; si te quedas cerca, nos van a traer en boca de todos a tu tío y a mí".

Verena estaba demasiado agotada para discutir, así que simplemente aceptó.

Al día siguiente, bien abrigada con una chamarra larga, la joven salió hacia el centro a buscar departamento. Sin embargo, por ser fin de semana, la terminal de autobuses estaba abarrotada.

El caos superaba incluso la hora punta en el metro de la ciudad.

La gente llevaba cestas llenas de productos frescos atadas a la espalda y enormes bolsas colgando de las manos. Parada a la mitad de todos ellos con las manos vacías, Verena se sentía fuera de lugar.

En cuanto llegó el autobús, la ordenada cola se volvió caótica. Apenas se abrieron las puertas, todo el mundo se abalanzó hacia delante, y ella siguió instintivamente a la multitud.

Justo cuando ponía un pie en el escalón del autobús, una mujer que estaba detrás de ella la agarró por la espalda del abrigo y la jaló con fuerza. Perdió el equilibrio y se desplomó hacia atrás.

Antes de que pudiera gritar, un brazo firme le rodeó la cintura, sosteniéndola a tiempo.

Su espalda chocó contra un pecho ancho y sólido, mientras un aliento tibio le rozó la oreja y una voz grave le susurraba: "Ten cuidado, señorita Stewart".

Sobresaltada, Verena recuperó enseguida el equilibrio y se dio la vuelta rápidamente, encontrándose con la profunda mirada de Asher.

Volvía a ir vestido de negro, con el mismo atuendo del día anterior.

Inmediatamente, se apartó un paso de él. "Gracias", dijo.

"No hay de qué", respondió él con calma.

Ignorándolo por completo, Verena volteó a ver cómo se alejaba el camión.

Asher, en cambio, desvió la mirada hacia la punta del dedo de ella, que sangraba.

Se apoyó despreocupadamente en su auto con la cabeza gacha y sacó un cigarrillo. Al encender el mechero, la llama iluminó brevemente su rostro. "¿Vas al centro?", preguntó.

"Sí", contestó ella sin voltear a verlo.

"Sube", dijo Asher, mirándola con pereza a través del humo a la deriva. "Me queda de paso".

"No, gracias. Esperaré al siguiente autobús".

El hombre ni se inmutó. Le tiró la ceniza al cigarro y lanzó: "Entonces supongo que tendré que ser un poco grosero".

Antes de que Verena entendiera a qué se refería, Asher se le acercó y la levantó en brazos como si no pesara nada.

Un ligero aroma a jabón fresco le inundó la nariz mientras el hombre la sujetaba firme contra su pecho.

"Bájame", forcejeó Verena, mirando su afilada mandíbula.

Sin hacerle el menor caso, Asher abrió la puerta del copiloto y la acomodó en el asiento.

El interior de la camioneta estaba impecable. Un simpático muñeco de dibujos animados descansaba sobre el salpicadero, creando un extraño contraste con el intimidante aspecto de Asher.

"Oye", espetó ella, con evidente irritación. "¿Qué intentas hacer exactamente?".

Tras cerrar las puertas, Asher se volvió hacia ella y la miró a los ojos. Con total desparpajo, soltó: "Ya que no se nos dio como pareja, ¿por qué no empezamos siendo amigos?".

"Abre la puerta. Me voy", insistió ella.

Asher actuó como si no hubiera oído nada.

"Te está sangrando el dedo", dijo, extendiendo la mano para agarrarla por la muñeca y tirar ligeramente de ella.

Hasta ese momento Verena notó la cortada en el índice derecho.

Seguramente se había raspado con algo mientras se abría paso entre la multitud.

"No te muevas, déjame curarte", le ordenó él, sujetándole la mano con firmeza cuando ella intentó zafarse.

Al final, Verena dejó de resistirse. Observó resignada cómo Asher sacaba un botiquín de la guantera, destapaba el antiséptico, un algodón y una curita.

Con mucho cuidado, comenzó a atenderle la herida. Aunque sus movimientos eran un poco torpes, cada uno fue muy suave.

Mientras le sujetaba la mano, el calor de sus palmas se mezcló poco a poco. En el espacio cerrado del auto, el ambiente se volvió extrañamente íntimo e incómodo al mismo tiempo.

Sin darse cuenta, Verena se sorprendió a sí misma mirando su notablemente apuesto rostro.

'Este tipo tiene una cara demasiado engañosa... Cuando se pone serio, la verdad es que no se ve nada mal', pensó.

"Deja de mirarme". Asher levantó la vista de repente, captando su mirada. Sus ojos se encontraron. "Soy rencoroso. Si me sigues viendo así, no te voy a quitar la mirada de encima".

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Lista de capítulos

132 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 El entrenador frívolo
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Deja de mirarme
  3. Capítulo 3Capítulo 3 No soy una pervertida

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