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Capítulo 3 Un disfraz y una invitación

Isabelle:

La cabeza me da vueltas. Intento despertar, pero me es imposible. Debemos presentarnos a un examen, así que en cualquier momento Susan aparecerá en mi habitación para sacarme de la cama. Creo que no iré; dudo que pueda rendir un examen en estas condiciones. Además, jamás me ha gustado levantarme temprano. La cama es mi mejor amiga, después de Susan, claro, ya que sirve para descansar y hacer otras cosas mucho más interesantes.

-¡Despierta, dormilona! -escucho como una explosión, lo que me hace poner la sábana sobre mi cabeza para no escucharla.

Me cuesta entender cómo logra estar despierta tan temprano después de haber estado igual de ebria que yo. Afligida, no quiero levantarme. Mi estado es deplorable y puedo asegurar que mi cerebro tiene apenas un cuarenta por ciento de actividad. Es imposible reaccionar. Y mi cuerpo... simplemente se niega a responder.

«Me pregunto cómo fui capaz de mover mis brazos para cubrir mi cabeza».

-¿Qué hora es? -logro articular, con la lengua todavía enredada. No entiendo cómo mi amiga pretende que salga a la calle así, y menos aún que rinda un examen con la cabeza a punto de estallar.

-Son las siete -responde como si nada-. ¡Vamos, arriba! El examen empieza a las ocho y media, todavía tenemos tiempo.

-¿Las siete?

Creo que mi amiga sigue ebria si piensa que una persona puede funcionar con solo cuatro horas de descanso.

-¡Estoy enferma! -exclamo, sin quitarme la sábana de la cabeza para evitar que la luz me golpee en los ojos.

Me acomodo para seguir durmiendo, aunque no me hago ilusiones.

-¡No, señorita! Usted prometió que, si nos íbamos de copas, igual nos presentaríamos al examen. Si no te levantas ahora, me veré obligada a llamar a tu madre.

«¿Tiene que sacar la palabra clave? ¿Qué clase de amiga tengo?»

-¿Serías capaz de llamarla?

Destapo mi cabeza de inmediato. Me siento ofendida y pienso que mi madre es el mejor despertador que pueda existir para una resaca.

-No lo sé. Si gustas, podemos averiguarlo.

Susan, sin una pizca de compasión, saca el celular del bolsillo del pantalón y me lo muestra. Mis ojos se abren de par en par, sin poder creer en esta traición tan desleal.

-¡No! ¡Me levantaré enseguida!

Suavizo el tono al verla guardar el celular en el mismo bolsillo de donde lo sacó.

-¿Qué tal si preparas el desayuno mientras me ducho? -propongo amablemente.

-De acuerdo, pero me quedaré parada en la puerta hasta que muevas ese lindo trasero de la cama -aclara, porque me conoce a la perfección.

De un brinco salgo de la cama para dirigirme al baño.

-¡Buena chica! -escucho mientras camino.

No alcanzo a sentir la puerta cerrarse cuando mis piernas empiezan a flaquear. Mi cerebro me traiciona y no dejo de pensar que mi cama me espera al otro lado.

Miro la ducha, que parece desafiarme, pero siento que mi cama es mucho más acogedora. Una lucha interna se desata en mi interior y me quedo pensando en quién ganará.

-¡Está listo el des...! -alcanza a decir Susan, un tanto eufórica, pero se desinfla en el camino.

Me cubro la cabeza, esta vez con la almohada, porque sé que mi mañana no será fácil.

-¿Qué haces acostada nuevamente? -pregunta, taladrando mi cabeza, sin dejarme siquiera dar una explicación. Luego llama a José, una pesadilla de la cual podría haberme librado-. ¡Amor, ven aquí!

Mi corazón empieza a bombear más rápido. Necesito urgentemente una nueva oportunidad, puesto que ya he pasado por esto.

-¡Prometo que me levantaré! -suplico, arrodillada sobre la cama y cruzando los dedos.

Pero ella niega con la cabeza, haciéndome mirar hacia la puerta de mi habitación. Sé que estoy perdida y, por más que intento escapar, me resulta imposible; soy demasiado lenta.

-¡Demasiado tarde, preciosa! -anuncia José con una sonrisa diabólica, abalanzándose sobre mí para sujetar mis manos mientras mi querida amiga me hace cosquillas.

-¡Piedad! -consigo decir entre risas, provocadas por este par de amigos que lo único que hacen es torturarme porque no cumplo mis tratos-. Me dará... un ataque... moriré.

-¡Tienes cinco minutos para arreglarte y eso incluye la ducha! -ordena Susan, apiadándose de mí o simplemente por el temor de tener que cargar con mi muerte.

No lo pienso dos veces y corro hacia el baño. Abro el grifo, me saco el pijama y me meto bajo el chorro de agua fría. Me quedo quieta tratando de soportarlo hasta que lo logro, ya que es la única forma de despertar por completo.

Después de esa tortura matutina, consigo estar lo suficientemente despierta para enfrentar el día. Me arreglo a toda velocidad y salimos rumbo a la facultad, rogando que mi cerebro decida funcionar antes del examen.

Una vez que cumplo con mi deber de estudiante, salgo del salón para dirigirme al baño. Camino deprisa por los pasillos de la facultad de Derecho; no sería agradable que alguien apareciera y notara mi lamentable estado.

Entro con cautela, asegurándome de estar sola, y doy un suspiro de alivio al no ver a nadie. Me saco los lentes oscuros que me han acompañado toda la mañana y me miro al espejo, descubriendo que mis ojeras llegan hasta el suelo.

Estoy pálida y demacrada, así que busco en mi bolso un pequeño set de maquillaje. Susan me dio diez minutos, no cinco, pero tampoco fueron suficientes para arreglar el desastre que tengo en el rostro.

Aplico corrector debajo de mis ojos y luego un poco de rubor, máscara de pestañas y brillo labial. Tomo mi cabello en una coleta, ya que no tuve tiempo ni de peinarme, y salgo del baño para esperar a mis amigos.

Para mí, el examen ha sido fácil. He escuchado hablar de leyes desde que tengo uso de razón; incluso he pensado que tal vez nací en una corte, pero ese comentario me lo reservo, porque mi madre diría que es de muy baja categoría decir algo así, aunque fuera de broma.

Me recuesto sobre el césped, donde soy libre y mi madre no puede decirme que eso está mal y que para eso existen los asientos.

Aprovecho de tomar sol, pero una sombra me quita el calor que tanto deseaba. Abro los ojos y veo una figura masculina frente a mí. Me incorporo levemente.

-¡Me tapas el sol! -reclamo, evidentemente disgustada, aunque me tranquilizo al reconocer a Dereck, un chico que estudia aquí. Siempre me topo con él; nos coqueteamos, pero nunca pasa de unas simples miradas.

-¿Qué haces ahí? -pregunta, sentándose a mi lado y regalándome una sonrisa de lado.

«Típico de chico coqueto».

-Nada especial, solo me bronceo. ¡Soy práctica! -bromeo.

-Me parece bien. En la vida hay que ser prácticos, Isabelle.

-¡Cathy! -corrijo.

-¿Qué?

Su expresión de desconcierto es comprensible. Obviamente, mi nombre es Isabelle y él no tiene por qué saber que me gusta que me llamen de otra manera.

-Que me digas Cathy, no Isabelle.

La naturalidad de mi respuesta lo hace reír.

-De acuerdo... Cathy -acepta-. ¿Así está bien?

-¡Perfecto!

-Bien, Cathy... suena raro -comenta, rascándose la cabeza-. Mañana por la noche, mi familia inaugurará uno de los tantos establecimientos que posee y me gustaría que fueras conmigo. ¿Qué dices?

-¿De qué tipo de establecimiento se trata?

-Qué loco, no te dije que es un pub.

Abro los ojos en alerta. Me encanta bailar y me encanta este chico. Creo que es una muy buena oportunidad para conocerlo mejor.

-Gracias, acepto la invitación.

-Entonces, ¿paso por ti?

-Hay un detalle. ¿Puedo invitar a mis amigos? Susan y José -digo, arrepintiéndome de inmediato, creyendo que he cometido una desfachatez. Sin embargo, ya no puedo retractarme.

-¡Claro! Pero debes prometerme que compartiremos durante la noche y que te tomarás una copa conmigo.

-¿Solo una? -pregunto, aprovechando de coquetear un poco mientras muerdo mi labio inferior.

-Más de una...

Después de varias miradas provocadoras, quedamos en encontrarnos directamente en el pub, ya que no quise que pasara por mí. Dereck se despide con un beso muy cerca de mis labios y la promesa de una noche inolvidable, lo que provoca un leve suspiro en mí.

Esto es todo lo disponible por ahora.

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Lista de capítulos

14 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 Libertad con reglas
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Una noche para olvidar
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Un disfraz y una invitación

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