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Capítulo 2 Su entereza

"No me disculparé", dijo Caroline, manteniendo la espalda recta y firme. Sin apartar la mirada de Isaac y Talia, agregó: "Yo no la empujé; se cayó sola. ¿Por qué tendría que disculparme?".

Talia, con los ojos enrojecidos por el llanto, se aferraba al brazo de Isaac y decía: "Isaac, por favor, no culpes a Caroline... Perdí el equilibrio. Mi pierna no está bien. Solo soy una carga que ni siquiera puede mantenerse en pie correctamente. No fue culpa de Caroline, de verdad. Por favor, no la obligues a disculparse. Si no, ustedes dos acabarán discutiendo de nuevo...".

Sus palabras sonaban como si intentara calmar las cosas, pero en realidad solo hicieron que Isaac se enfadara aún más. La lesión en su pierna, después de todo, había sido el sacrificio que ella había hecho para salvarle la vida.

Cuando los ojos de Isaac se posaron en Caroline, se llenaron de decepción y asco.

"Caroline, nunca has cambiado", dijo con voz profunda y cortante. "Sigues siendo la misma de hace tres años. Cometes errores, pero nunca los admites".

De repente, a Caroline le costó respirar y sintió una punzada de dolor extendiéndose por su pecho, tan abrumadora que apenas podía tomar aire.

Tres años de matrimonio, diez años amándolo en secreto, pero para Isaac, no era nada más que una mujer calculadora y obstinada.

Talia se apoyó en el pecho de Isaac y enterró la cara en él. Mientras lo hacía, una sonrisa de satisfacción apareció en sus labios, oculta a la vista del hombre.

Alguien con los orígenes de Caroline nunca podría competir con ella por Isaac.

De repente, un fuerte golpe resonó en el otro extremo del pasillo.

Arrastrando una maleta tras de sí, Deanna salió y vio de inmediato a Talia llorando en brazos de Isaac. Al instante se enfureció.

"¡Maldita Caroline, no eres más que un problema!", gritó Deanna, señalándola con el dedo. "Talia le salvó la vida a Isaac, ¿y tú te atreves a tocarla? ¿Cómo puedes ser tan cruel? ¡Con razón usaste métodos desvergonzados para meterte en la cama de Isaac y obligarlo a casarse contigo en aquel entonces!".

"Mamá, ya basta", soltó él, frunciendo el ceño.

Pero en cuanto Deanna mencionó el tema, Caroline llegó a su límite.

"¡Nunca me metí en su cama a propósito!", finalmente estalló. Tenía los ojos enrojecidos mientras alzaba la voz y miraba directamente a Isaac. "Es la última vez que lo explico. Hace tres años, esa noche, alguien me drogó. ¡No sabía que estabas en esa habitación y nunca tuve la intención de obligarte a casarte conmigo!".

"¡Ya basta!", la interrumpió él sin vacilar, con los ojos llenos de fastidio e impaciencia.

"Caroline, dejé de creer esa excusa hace tres años", dijo, mirándola con fría indiferencia, como si fuera ridícula. "Oírte repetirla ahora solo te hace quedar peor".

Ella se quedó callada. Un escalofrío helado se extendió por todo su cuerpo. El último vestigio de orgullo que le quedaba se desmoronaba por completo.

Isaac no le creía ni una palabra de lo que decía. Los diez años que llevaban conociéndose desde la infancia no significaban nada para él.

"¡¿Por qué sigues ahí parada?!", gritó Deanna. Al ver la ira de Isaac, aprovechó la oportunidad y arrojó la maleta directamente contra Caroline.

La maleta golpeó la pantorrilla de la joven con un fuerte golpe y la hizo perder el equilibrio. Varias prendas viejas cayeron al suelo, creando una escena patética.

"¡Ya firmaste los papeles del divorcio, así que recoge tus cosas y lárgate!", escupió Deanna mientras la miraba con total desdén.

Caroline ni siquiera miró la ropa esparcida por el suelo. Se enderezó poco a poco, y miró a Deanna antes de fijar la vista en el frío rostro del hombre.

"Isaac, recuerda lo que estoy a punto de decir", empezó Caroline, cuya voz se volvió extrañamente tranquila. "No confesaré algo que nunca hice. No me disculparé con ninguno de los dos. Ni ahora, ni nunca".

Tras decir esas palabras, dejó la ropa tirada y, sin mirar atrás, tomó su gastado bolso de lona y se dirigió escaleras abajo.

Él la vio alejarse y frunció el ceño. Sintió una extraña irritación crecer en su interior, aunque no podía explicar por qué.

...

Fuera de la Villa Montoya, una brisa fresca se colaba en el aire nocturno.

En cuanto Caroline salió, vio una larga fila de Rolls-Royce Phantom negros idénticos aparcados a lo largo de la ancha entrada. Ni siquiera en el apogeo del éxito de la familia Montoya habían mostrado una escena tan extravagante.

La puerta del auto del medio se abrió, y una persona familiar salió rápidamente.

"¡Carrie!", gritó Amanda mientras corría hacia ella.

La luz de la farola no tardó en revelar el rostro pálido y los ojos enrojecidos de Caroline. En cuanto Amanda vio el estado de su hija adoptiva, su expresión se ensombreció.

"¡¿Esos desgraciados de la familia Montoya volvieron a acosarte?!". La ira se apoderó al instante de ella. Apretó los dientes y se volvió hacia la Villa Montoya. "¡Tienen mucho valor para acosar a mi hija! ¡Voy a destrozar a Deanna!".

"¡Mamá, no!". Caroline la agarró rápidamente por la muñeca y negó con la cabeza. Las lágrimas amenazaban con volver a brotar de sus ojos.

"Ya firmé el acuerdo de divorcio con Isaac", dijo en voz baja. El cansancio pesaba en su voz. "A partir de este momento, ya no tengo nada que ver con los Montoya. Mamá, por favor, no malgastes tu ira en ellos. No lo valen".

No quería que Amanda siguiera sufriendo por su culpa. Y lo que era más importante, se negaba a darle a la familia Montoya otra razón para burlarse de ellas.

En cuanto Amanda oyó la palabra "divorcio", se detuvo un instante. Luego alzó la voz y dijo: "¡Bien! ¡Ese idiota nunca se mereció a mi hija!".

Caroline no dijo nada. En cambio, desvió su atención hacia la fila de carros de lujo aparcados detrás de Amanda. "Mamá, ¿qué pasa con todos estos autos?", preguntó. "Me dijiste por celular que mi hermano biológico vino a buscarme".

Ella era huérfana. Amanda la adoptó cuando aún era una niña.

Habían pasado más de veinte años desde entonces. ¿Cómo podía aparecer de repente un hermano biológico de la nada?

A juzgar solo por este despliegue, era obvio que su estatus distaba mucho de ser ordinario.

Dejando escapar un suspiro, Amanda tomó la mano de Caroline y la guio hacia el vehículo. "Este no es el lugar adecuado para esta conversación. Ven conmigo. Sube primero al auto. Es una larga historia y te lo explicaré todo cuando estemos adentro".

Caroline estaba llena de preguntas. Aun así, siguió en silencio a Amanda y subió al asiento trasero de un Rolls-Royce.

Cuando la puerta estaba a punto de cerrarse, se abrió la verja de la mansión. Tras asegurarse de que Talia estaba acomodada, Isaac salió con Deanna.

Esta última había salido para ordenar a los guardias de seguridad que no dejaran volver a entrar a Caroline, pues le preocupaba que pudiera cambiar de opinión sobre el divorcio. Sin embargo, en cuanto salió, vio a Amanda y Caroline subiendo a un Rolls-Royce.

La puerta del auto se cerró y, momentos después, todo el convoy se alejó con una imponente presencia.

Deanna abrió los ojos de inmediato, y una expresión maliciosa se dibujó en su rostro.

"¡Así que por eso aceptó el divorcio tan rápido!", se burló antes de volverse hacia su hijo. "Mira eso, Isaac. Amanda no ha cambiado nada después de todos estos años. Sigue utilizando a su hija para obtener beneficios. Debe de haberle entregado a Caroline a algún viejo rico para que se entretenga. De tal palo, tal astilla. ¡Las dos son repugnantes!".

Él siguió mirando el convoy que se alejaba, mientras emociones oscuras se agolparon en su rostro.

No eran Rolls-Royce corrientes. La influencia que representaba solo esa matrícula bastaba para que incluso la familia Montoya se lo pensara dos veces.

¿Con quién se había involucrado Caroline?

Deanna no paraba de lanzar insulto tras insulto, y cada palabra solo alimentaba la extraña ira que se acumulaba en el interior de Isaac.

"¡Cállate!", dijo él con brusquedad. Su voz era lo bastante fría como para inquietar a la gente.

Deanna lo miró sorprendida, y se veía ofendida e irritada. "¿Por qué me gritas? ¿Dije algo malo?".

Isaac no le prestó atención. Con evidente irritación, se aflojó la corbata y volvió a entrar en la mansión.

Deanna se quedó allí de pie, con la frustración llenándole la cara mientras daba un pisotón.

Al mismo tiempo, Talia estaba en el balcón del segundo piso, con los ojos fijos en la dirección donde había desaparecido el convoy.

Las luces del interior del auto se encendieron en cuanto Caroline entró en él. Durante ese breve momento, Talia vislumbró a un hombre sentado en el asiento trasero.

Su perfil era afilado y llamativo. Había en él una autoridad natural que lo hacía parecer alguien nacido para liderar. Por una fracción de segundo, le recordó a su hermano mayor, Caleb Salazar, que vivía en Ylerton.

El pensamiento apenas surgió antes de que lo descartara.

Eso no podía ser posible. La familia Salazar tenía su sede en Ylerton. Que ella supiera, Caleb nunca había visitado esta ciudad. Alguien como Caroline, que fue criada por una criada, ni siquiera estaba cualificada para estar al lado de la familia Salazar. ¿Cómo podría tener alguna relación con Caleb?

"Debo de haberlo imaginado...", murmuró para sí misma mientras sacudía ligeramente la cabeza. Poco a poco, volvió a sonreír victoriosamente.

No importaba en qué carro se hubiera ido Caroline. En lo que a Talia respectaba, ahora que esa mujer estaba fuera de escena, Isaac acabaría perteneciendo a ella y solo a ella.

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Lista de capítulos

175 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 El acuerdo de divorcio
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Su entereza
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Su verdadera familia

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