Saltar al contenido principal

Capítulo 3 El Espejo de la Otra

El sol de la tarde se filtraba entre los rascacielos de la Quinta Avenida, proyectando sombras alargadas dentro del amplio vestidor de la residencia privada que Gerard le había asignado en el Upper East Side. El espacio olía a pintura fresca, madera pulida y al cuero costoso de los zapatos de diseñador alineados en los estantes. Elena permanecía de pie frente al espejo de cuerpo entero, vestida únicamente con una bata de seda champán. Con dedos temblorosos, deslizó la tela hacia abajo, dejando al descubierto su hombro izquierdo y la base de su nuca. A través del cristal, observó fijamente las delgadas líneas pálidas que cruzaban su piel: las marcas del fuego, los rastros indelebles de las cirugías reconstructivas que la habían transformado en Vanessa Vance. Su rostro actual era simétrico, perfecto, con pómulos marcados y una mirada fría que jamás habría pertenecido a la ingenua Elena Valenti de hace cinco años. Pasó las yemas de los dedos sobre su mejilla reconstruida. La mujer que devolvía la mirada desde el reflejo era un espectro armado para la guerra, una creación concebida para la ruina de Julián. Sin embargo, por dentro, la vibración del sometimiento de la noche anterior todavía resonaba en sus huesos. La marca líquida de Gerard se había ido con la ducha de la mañana, pero la sensación de la caoba bajo sus muslos y el peso de su dominio permanecían fijos en su memoria. -Un fantasma no debería dudar tanto frente a su propia imagen -resonó una voz grave desde la penumbra del pasillo. Elena no dio un paso atrás, aunque el corazón le dio un vuelco seco. Gerard entró al vestidor con la elegancia contenida de un depredador en su propio territorio. Llevaba un esmoquin de corte impecable, sin la chaqueta, con las mangas de la camisa blanca enrolladas hasta los antebrazos. Sus pasos sobre la alfombra espesa no emitían el menor ruido. -Esta noche es la gala benéfica de la Fundación Drake -dijo él, deteniéndose a solo un paso detrás de ella y mirando su reflejo en el espejo-. Julián estará ahí. Caminará por el salón creyendo que el mundo le pertenece, exhibiendo la fortuna que te robó mientras tú estabas ardiendo en aquel barranco. El nombre de Julián actuó como un látigo sobre la columna de Elena. Su postura se tensó de inmediato y la duda en su mirada fue reemplazada por un destello de odio puro. -No voy a fallar, Gerard -respondió ella, sosteniéndole la mirada a través del cristal-. Sé exactamente cómo sonreírle y qué palabras usar para empezar a sembrar la duda en su firma. -Eso espero -murmuró él, bajando la vista hacia el hombro descubierto de Elena-. Pero veo miedo en tus ojos, Vanessa. Temes que al tenerlo cerca, la niña débil que casi muere incinerada regrese y arruine el plan. -No soy débil. -Demuéstramelo. Sin previo aviso, Gerard metió la mano por el cuello de la bata de seda y la rasgó hacia abajo con un movimiento seco, dejando caer la prenda hasta los puños de Elena y atrapando sus brazos a los costados. Elena intentó erguirse, pero Gerard pegó su pecho contra la espalda desnuda de ella, aprisionándola firmemente contra la superficie fría del espejo. El contraste entre el cristal helado en sus pechos y el calor abrazador de Gerard en su espalda le arrancó un jadeo ahogado. -Mírate -ordenó él con voz ronca, pegando los labios a su oreja mientras una de sus manos descendía sin contemplaciones por el vientre de Elena-. Mira lo que eres ahora. Eres mi criatura. No le perteneces al pasado, no le perteneces a Julián. Te compré con tu propia sed de venganza. Los dedos de Gerard se hundieron entre las piernas de Elena, apartando la fina tela de su lencería negra sin pedir permiso. La encontró húmeda, una reacción traicionera de su cuerpo que respondió de inmediato a la sola presencia y al tono autoritario del magnate. Gerard soltó una risa baja al sentir la calidez de su fluido sobre sus nudillos. -Apenas te toco y ya estás lista para mí -susurró él, presionando con el pulgar directamente sobre su clítoris con una exigencia firme y rítmica-. Guardas todo ese odio por Julián, pero es mi mano la que hace que te abras. Elena apretó los dientes, apoyando las palmas de las manos contra el espejo para no perder el equilibrio. El vapor de su respiración agitada empañó el cristal frente a su cara. Intentó girar el rostro, pero Gerard la tomó del mentón con la mano libre, obligándola a mantener los ojos fijos en el espejo, observando la escena de su propia dominación. -No apartes la mirada -exigió Gerard con frialdad-. Quiero que veas cómo la elegante Vanessa Vance se rinde antes de salir a la luz. Gerard se desabrochó el pantalón con una mano torpe por la urgencia reprimida, liberando su miembro rígido. Separó las piernas de Elena con la rodilla, acomodándose detrás de ella, y de una sola estocada seca y profunda la penetró hasta el fondo, haciendo que la superficie del espejo vibrara con el impacto. Un grito agudo se le escapó a Elena, rebotando en las paredes de madera del vestidor. La embestida la dejó sin aire, llenándola por completo con una firmeza que aplastó cualquier vestigio de duda emocional. Gerard no le dio tiempo a aclimatarse; sujetó sus caderas con fuerza, clavando los dedos en la piel blanda de su cintura, y comenzó un movimiento implacable, entrando y saliendo con ritmo acelerado y hambriento. -Eso es... -jadeó él contra su nuca, mofándose suavemente mientras sus embestidas hacían que los pechos de Elena se aplastaran rítmicamente contra el espejo-. Siente dónde estás. Recuerda quién te posee antes de que le estreches la mano a ese traidor. Cada impacto contra el cristal enfriaba la piel del torso de Elena, mientras su interior ardía por la fricción salvaje que Gerard imponía. La combinación de la vergüenza, la violencia contenida de la situación y la adicción física que el tacto de Gerard despertaba en ella la arrastró rápidamente hacia el límite. Elena arqueó la espalda, clándola más contra él, y comenzó a moverse en busca de más profundidad, entregándose al ritmo frenético sin poder evitarlo. -Mírame en el espejo, Elena... -ordenó Gerard, acelerando el paso, penetrándola con violencia antes de tirar de su cabello hacia atrás para alinear su rostro. Los ojos de Elena se encontraron con los de él en el reflejo. Vio la voracidad de Gerard, la posesión absoluta y la determinación helada que los unía. En ese segundo, el clímax la alcanzó con la fuerza de un rayo, contrayendo las paredes de su cuerpo en una serie de espasmos violentos que la hicieron gemir su nombre sin filtro ni censura. Gerard esperó a sentir la vibración del orgasmo de ella para dar cuatro estocadas finales, brutales y profundas, antes de emitir un gruñido sordo y derramarse calurosamente en su interior. Se quedó apoyado contra ella durante largos segundos, respirando con dificultad, sintiendo el temblor incontrolable de las piernas de Elena. Despacio, se retiró, dejando que el líquido cálido resbalara por la entrepierna de la mujer. Acomodó su ropa con la habitual compostura ejecutiva y recogió del estante un espectacular vestido de noche de seda carmesí, diseñado con un escote profundo en la espalda. Lo desplegó frente al espejo, cubriendo el cuerpo desnudo y agitado de Elena. -Límpiate y ponte este vestido -dijo Gerard, contemplando el reflejo de la mujer que ahora lo miraba con ojos encendidos-. El color ocultará cualquier rastro de la sangre que vas a derramar esta noche. El auto nos espera abajo en diez minutos.

Esto es todo lo disponible por ahora.

Sigue leyendo para continuar la historia.

Continuar leyendo

Lista de capítulos

69 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 El Precio de Resucitar
  2. Capítulo 2Capítulo 2 La Firma de Piel
  3. Capítulo 3Capítulo 3 El Espejo de la Otra

Novedades