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Capítulo 3 La Noche de las Verdades Crueles

La mansión Blackwood no era un hogar; era un monumento a la ausencia. El diseño minimalista, las paredes de concreto pulido y los ventanales que daban a un abismo de pinos oscuros hacían que Laura se sintiera como una exhibición en una galería de arte deshabitada. Eran las dos de la mañana. Laura estaba sentada en el borde de la inmensa cama de la suite principal, aún con el vestido de novia, aunque se había despojado de las joyas y del velo. El silencio era tan denso que podía oír el zumbido de la calefacción central, un latido mecánico que sustituía al calor humano en aquel lugar. De repente, el sonido de unos pasos pesados rompió la calma. La puerta se abrió sin llamar. Sebastián entró, arrastrando la chaqueta del esmoquin por el suelo. Su camisa blanca estaba desabrochada en el cuello y su cabello, siempre perfecto, lucía alborotado. No olía solo a sándalo; olía a whisky caro y a una fatiga que nacía del alma. Él se detuvo en seco al verla. Sus ojos grises, inyectados en sangre por el cansancio, la recorrieron con una mezcla de fastidio y una lascivia involuntaria que sofocó en un segundo. -¿Qué haces despierta, Laura? -preguntó él, su voz era un rasguño en la oscuridad-. Te dije que no me esperaras. -Es mi noche de bodas, Sebastián. Tradicionalmente, la novia suele estar presente. -Tradicionalmente, las novias se casan por amor, no para salvar el balance general de una empresa hotelera en quiebra. No confundas la escenografía con la realidad. Sebastián caminó hacia el minibar de la habitación, se sirvió otro trago y lo bebió de un golpe. Laura se puso de pie. El roce de la seda contra el suelo de madera era el único sonido entre ellos. -Incluso en los negocios se cierran los tratos con un apretón de manos -dijo ella, acercándose-. O en este caso, con algo más. ¿Tan poco te gusto que prefieres quedarte en la oficina hasta la madrugada? Sebastián dejó el vaso con una violencia que hizo vibrar el cristal. Se giró, acortando la distancia entre ellos en dos zancadas. La tomó del brazo, no con crueldad física, sino con una urgencia que delataba sus nervios destrozados. -¿Quieres la verdad, Laura? ¿La verdad cruel que no saldrá en las revistas? -Él se inclinó hasta que su aliento cálido rozó la oreja de ella-. Estás preciosa. Eres joven, inteligente y tienes una boca que invita a cualquier hombre a cometer pecados. Pero cuando te miro, no te veo a ti. Veo un contrato. Veo una obligación. Y sobre todo, veo lo que perdí. -¿Hablas de ella? -desafió Laura, sintiendo cómo el corazón le golpeaba las costillas-. ¿Hablas de la mujer que convertiste en santa porque no tienes el valor de vivir con alguien real? Sebastián la soltó como si su piel quemara. Su rostro se volvió una máscara de piedra bajo la luz plateada de la luna que entraba por el ventanal. -Escúchame bien, porque no lo repetiré -dijo él, su voz bajando a un susurro letal-. Tendrás mi apellido. Tendrás acceso a cada centavo de mi fortuna. Tendrás la protección de mi nombre y nadie en este país se atreverá a tocarte. Pero nunca, bajo ninguna circunstancia, busques mi amor. Ese lugar ya tiene dueña, y ella no está en este mundo para defenderlo. -Es una pelea injusta, Sebastián. Yo tengo pulso y ella es solo un recuerdo que tú mismo has editado para que sea perfecto. -Es un recuerdo que me mantiene cuerdo -rugió él-. Y aquí va la segunda regla de esta casa: Nunca cruces la puerta del ala oeste. Si te encuentro allí, el contrato se acaba. Me importa un bledo si tu familia termina en la calle. ¿Ha quedado claro? Laura sintió el impacto de sus palabras como una bofetada física. El rechazo era absoluto, una muralla de hielo que él había construido durante ocho años. Pero en lugar de encogerse, Laura sintió que algo en su interior se rompía: el último resto de miedo. -Perfectamente claro -respondió ella, enderezando la espalda-. Pero déjame decirte algo, "Rey de Acero". Has cometido un error de cálculo básico. Sebastián soltó una risa amarga mientras se quitaba la corbata. -¿Ah, sí? ¿Cuál? -Has traído a una artista a vivir en un mausoleo. Y los artistas no soportamos el vacío. Tú crees que el ala oeste es tu santuario, pero para mí es solo una habitación cerrada que pide a gritos una llave. -Pruébame, Laura -la retó él, acercándose de nuevo, esta vez con una mirada desafiante-. Intenta cruzar esa línea y verás lo rápido que puedo destruirte. -Ya estoy destruida, Sebastián. Mi libertad fue el precio de tu dinero. No me queda nada que perder, y eso me hace mucho más peligrosa que tú. Tú tienes miedo de olvidar; yo no tengo miedo de recordar quién soy. Sebastián se quedó en silencio, estudiándola. Por un momento, la tensión entre ellos cambió. No era solo odio, era una corriente eléctrica, una atracción oscura nacida de dos almas heridas que se reconocían en la penumbra. Él estiró la mano, rozando con el pulgar la línea de la mandíbula de Laura. Fue un contacto breve, casi tierno, antes de que sus ojos volvieran a endurecerse. -Vete a dormir, Laura. Mañana Marcus te dará tu agenda. Tienes eventos que cubrir, fundaciones que visitar. Haz tu trabajo y yo haré el mío. -¿Y cuál es tu trabajo, Sebastián? ¿Vigilar a una muerta? -Mi trabajo es asegurar que nada cambie. Él se dio la vuelta y se dirigió hacia el vestidor, dándole la espalda. Laura se quedó sola en medio de la habitación, bajo la luz fría de la luna. Se miró las manos; todavía temblaban, pero no de tristeza, sino de adrenalina. -¿Nada cambiará? -susurró para sí misma, mirando hacia la dirección del ala oeste-. No tienes ni idea de lo que se te viene encima. Caminó hacia el espejo y se soltó el cabello, dejando que las ondas castañas cayeran sobre sus hombros. Ya no era la novia sumisa del altar. El rechazo de Sebastián había sido la chispa final. De repente, un ruido sordo llegó desde el pasillo. Laura salió de la habitación con cautela. A lo lejos, vio a Marcus Thorne subiendo las escaleras. Él se detuvo al verla y le hizo una seña para que se acercara. -¿Ha sido tan malo como esperaba? -preguntó Marcus en voz baja. -Peor -respondió Laura-. Me ha prohibido el ala oeste. Me ha dicho que su corazón tiene dueña. -Él cree que si mantiene la puerta cerrada, el dolor no saldrá -Marcus suspiró-. Pero el dolor es como el gas, Laura. Se filtra por las grietas. -Necesito saber qué hay allí, Marcus. No por curiosidad, sino porque no puedo luchar contra un enemigo que no conozco. Marcus miró hacia el pasillo de la suite principal, asegurándose de que Sebastián no saliera. Luego, sacó un pequeño sobre de su chaqueta y se lo entregó a Laura. -No digas que te lo di yo -susurró-. Es una copia de la llave del ala oeste. Pero te advierto una cosa: lo que hay allí dentro no es un secreto, es una herida abierta. Y si la tocas, Sebastián no solo se enfadará. Se romperá. Laura apretó la llave fría contra la palma de su mano. -A veces hay que romper algo para poder arreglarlo, Marcus. -O para que termine de hacerse añicos. Ten cuidado, Sra. Blackwood. En esta casa, la verdad no siempre te hace libre. A veces, solo te hace prisionero del mismo fantasma. Marcus se retiró en silencio, dejándola con el peso de la llave y el corazón latiendo a mil por hora. Laura regresó a su habitación. Vio a través de la puerta entreabierta del vestidor que Sebastián estaba sentado en un sillón, con la cabeza entre las manos, sumido en una oscuridad que ninguna lámpara podía iluminar. Ella cerró la puerta de la suite y se acostó en la inmensa cama, pero no se quitó la ropa de seda. Se quedó allí, mirando al techo, con la llave de Marcus escondida bajo la almohada. La noche de las verdades crueles le había dado el arma que necesitaba. Sebastián le había pedido que no buscara su amor, y ella estaba dispuesta a obedecer... de momento. Porque antes de reclamar su amor, iba a reclamar su cordura. -Que descanses, Sebastián -susurró al aire gélido-. Porque mañana, el invierno que tanto te gusta va a empezar a sentir el calor de mi incendio. En algún lugar de la mansión, un reloj de péndulo marcó las tres de la mañana. En el ala oeste, una cortina se movió sin que hubiera viento. El juego ya no era un contrato; era una cacería de fantasmas, y Laura Valladares acababa de encontrar la primera pista.

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Lista de capítulos

15 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 El Precio de un Imperio
  2. Capítulo 2Capítulo 2 El Altar de Cenizas
  3. Capítulo 3Capítulo 3 La Noche de las Verdades Crueles

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