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Capítulo 2 Traición el día de la boda
Punto de vista de Aria A la mañana siguiente del tiroteo, desperté con el teléfono vibrando sin parar. La cabeza me latía de dolor. Alargué la mano para cogerlo y me quedé paralizada ante lo que vi. La noticia se había vuelto viral. Las redes sociales estaban repletas de comentarios que condenaban a Liam por haber protegido a Sophia antes que a mí durante el ataque. «Imagínate casarte con un hombre dispuesto a interponerse entre una bala y otra persona... siempre y cuando esa persona no seas tú». «¿Qué clase de hombre abandona a su prometida en una situación de vida o muerte?». «Pobre señorita Jones... Se merece a alguien que al menos recuerde con quién está comprometido». Cada comentario me revolvía más el estómago. El teléfono sonó. El nombre de mi padre apareció en la pantalla. -Aria -dijo con severidad, conteniendo apenas la ira-. He visto las noticias. Ese compromiso se acabó. Que me condenen si voy a quedarme de brazos cruzados mientras mi hija se casa con un hombre que la deja sangrando para abrazar a otra mujer. -Papá, por favor -le supliqué con la voz quebrada-. No fue así. Liam solo... no pensaba con claridad. Tuvo que decidir en una fracción de segundo, en medio del caos. Mientras lo defendía, una vocecita susurró en mi cabeza: «¿Pero protegerte no debería haber sido su primer instinto?». -¡Una decisión de una fracción de segundo que podría haberte costado la vida, Aria! ¿Lo entiendes? Si esa bala te hubiera alcanzado en vez de rozarte el brazo... -Pero no me alcanzó -lo interrumpí, incapaz de soportar siquiera la idea-. Papá, lo amo. Llevamos doce años juntos. Un error no puede borrar todo lo que hemos vivido. Mi padre guardó silencio durante unos instantes y acabó soltando un profundo suspiro. -Siempre has sido demasiado indulgente por tu propio bien. Igual que tu madre. Está bien. Pero si alguna vez vuelve a ponerte en peligro... -No lo hará -le aseguré, aunque la incertidumbre seguía instalada en mi corazón. Más tarde, Liam llegó acompañado de sus padres, William y Elizabeth White. Elizabeth llevaba puesta una máscara de cortés preocupación; William, en cambio, parecía arrepentido de verdad. -Aria, querida. -Elizabeth fue la primera en acercarse, con los tacones de diseñador repiqueteando contra el suelo-. Sentimos muchísimo lo ocurrido. Debió de ser aterrador para ti. Liam dio un paso al frente. Había un arrepentimiento sincero en sus ojos. -Aria, no puedo expresar cuánto lo siento. No pensaba con claridad. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, me quedé horrorizado. Por favor, perdóname. Lo miré a los ojos. Aquellos mismos ojos azules de los que me había enamorado en la adolescencia. Asentí. -Lo entiendo, Liam. Fue una situación caótica. Para tranquilizar a nuestras familias y calmar a la opinión pública, difundimos un comunicado conjunto en el que describíamos el incidente como un desafortunado malentendido ocurrido en un momento de pánico. Poco a poco, el frenesí mediático disminuyó y la vida pareció volver a la normalidad. Durante los días siguientes, Liam se mostró atento y cariñoso. Me acompañó a cada uno de los preparativos de la boda, desde las degustaciones de pasteles hasta las inspecciones del lugar. Su dedicación me hizo creer que lo ocurrido quizá había sido eso: un simple error de juicio en un momento de confusión. Con cada día que pasaba, mis dudas perdían fuerza. En su lugar crecía la ilusión por nuestra inminente boda. Por fin llegó el gran día. La boda de los Jones y los White era el acontecimiento más comentado de la ciudad. Más de mil invitados llenaban el enorme salón de baile, transformado para la ocasión en un escenario de cuento de hadas. Los candelabros de cristal bañaban con una luz tenue las rosas blancas y los lirios que adornaban cada rincón, mientras un cuarteto de cuerda tocaba suavemente de fondo. Esperaba entre bastidores junto a mi padre, con el corazón desbocado por la emoción. Mi vestido color marfil, confeccionado a medida y cubierto de delicados encajes y adornos de perlas, me hacía sentir como una princesa. -¿Estás nerviosa, cariño? -preguntó mi padre mientras apoyaba una mano tranquilizadora en mi brazo. Iba a responderle cuando oí la voz del maestro de ceremonias: -Y ahora, damas y caballeros, ¡demos la bienvenida a nuestro apuesto novio, el señor Liam White! El salón estalló en aplausos. Sin embargo, pasaron los segundos y Liam no apareció. Los aplausos se fueron apagando hasta quedar sustituidos por murmullos de desconcierto. El maestro de ceremonias trató de mantener la compostura y restó importancia al «pequeño retraso», pero, conforme transcurrían los minutos, hasta él empezó a mostrarse preocupado. De pronto, se desató un alboroto entre bastidores. El sonido de una bofetada cortó el aire. Inmediatamente después, se oyó la voz estridente de Elizabeth White: -¡Liam White, vuelve aquí ahora mismo! Antes de que pudiera entender qué estaba sucediendo, Liam pasó corriendo a mi lado. Tenía el rostro pálido, pero su expresión era decidida. Se había arrancado el boutonnière de «novio». Nuestras miradas se cruzaron apenas un instante. -Aria, lo siento -soltó, con el pánico grabado en el rostro-. Sophia se cayó y está herida. No puedo abandonarla así. Vamos... vamos a posponer la boda, ¿de acuerdo? Solo serán unos días. En ese momento, mi mundo se hizo añicos. La alegría. La emoción. Todos nuestros sueños de futuro. Todo desapareció en un instante. Las señales siempre habían estado ahí, desde el momento en que eligió proteger a Sophia durante el tiroteo. En el fondo, yo lo sabía. Solo había preferido ignorarlo. El rostro de mi padre se ensombreció de rabia. -Liam, no puedes simplemente... Pero Liam ya corría hacia la salida. Me dejó allí, plantada con mi vestido de novia, rodeada de invitados desconcertados y con todos mis sueños destrozados. Algo se quebró dentro de mí. Después de todo lo que habíamos vivido. Después de todos los preparativos. Después de haberlo defendido ante todo el mundo... Seguía eligiendo a Sophia. No podía permitir que se marchara. No sin enfrentarse a mí. -¡Liam! -grité. Me recogí la voluminosa falda del vestido con ambas manos y corrí tras él. Los tacones se me clavaban en la piel. Cada paso era un doloroso recordatorio de hasta dónde estaba dispuesta a llegar por alguien que jamás haría lo mismo por mí. Cuando llegué al vestíbulo del hotel, lo vi afuera. Estaba a punto de cruzar la calle para subir a un coche que lo esperaba. Abrí las puertas de golpe, cada vez más desesperada. -¡Liam, por favor! -grité al pisar la calzada. El chirrido de unos neumáticos rasgó el aire. Me volví y vi un coche negro que daba un volantazo para esquivarme. Al intentar apartarme, perdí el equilibrio y caí con fuerza sobre el pavimento. El blanco inmaculado de mi vestido quedó manchado de suciedad y de la sangre que brotaba de mis palmas raspadas. A través de las lágrimas, vi que Liam se detenía. Solo durante un segundo. Se volvió hacia mí. Nuestras miradas se encontraron en la distancia. Parecía debatirse consigo mismo. Culpable... Pero aun así subió al coche. La había elegido a ella. Otra vez. Y, en aquel instante, algo dentro de mí murió en silencio.
Lista de capítulos
207 capítulos en total
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