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Capítulo 3 Cásate conmigo
Punto de vista de Aria Estaba tendida en la cama del hospital, con la mirada fija en el techo blanco y estéril, mientras los analgésicos aliviaban poco a poco el dolor que me palpitaba por todo el cuerpo. Aun así, el sufrimiento físico no era nada comparado con el vacío que se había instalado en mi pecho. La Sra. White había llamado de inmediato a una ambulancia al verme caer. Cuando llegó mi padre, yo gritaba de dolor, con el vestido de novia rasgado y cubierto de manchas. Encontrarme así, a mí, su única hija, tirada en el suelo con el vestido destrozado, casi acabó con él. -Mi niña -susurró al tomarme con cuidado entre sus brazos, pese a las protestas de los paramédicos. La voz se le quebró-. Ya estoy aquí. Todo va a salir bien. Pero nada estaba bien. Nada volvería a estarlo. El médico nos aseguró que mis lesiones no eran graves: apenas unos raspones, moretones y esguinces leves que sanarían con el tiempo. La herida que llevaba por dentro, en cambio, parecía mortal. Cuando la familia White intentó visitarme, mi padre descargó de golpe doce años de frustración contenida. -Su hijo humilló a mi hija delante de mil personas y la dejó tirada en el suelo, sangrando. ¿Y ahora tienen el descaro de venir aquí? -Su rugido hizo temblar las paredes-. Lárguense antes de que los saque yo mismo. Nunca lo había visto tan furioso. William White intentó hablar, pero mi padre se negó a escucharlo. Los echó a empujones y cerró la puerta con tanta fuerza que las paredes volvieron a estremecerse. Mi mejor amiga, Lillian, permanecía sentada junto a la cama, aferrada a mi mano. La ira ensombrecía su rostro, normalmente alegre. -Ese bastardo -murmuró mientras deslizaba el dedo por la pantalla del teléfono-. ¿Cómo pudo hacerte algo así? Doce años, Aria. ¡Doce malditos años! No pude responder. Aún intentaba asimilar lo ocurrido. Liam me había abandonado. En nuestra boda. Delante de todas las personas que conocíamos. Entonces mi teléfono vibró con una notificación. Lillian lo tomó antes de que yo pudiera hacerlo, pero su brusca inspiración me bastó para saber que no eran buenas noticias. -Lill, ¿qué pasa? -pregunté en un hilo de voz. Ella vaciló. -Nada importante. Descansa. -Lillian Moore -dije con firmeza, extendiendo la mano-. Muéstramelo. A regañadientes, me entregó el teléfono. En la pantalla aparecía una alerta informativa: «Última hora: Liam White fue visto entrando en el apartamento de Sophia Clarke apenas unas horas después de abandonar la boda». Debajo había varias fotografías tomadas por los paparazzi desde el otro lado de la calle. Cada una me atravesó como una bala. Liam estaba frente a la casa de piedra rojiza de Sophia, con una mano apoyada descaradamente en su cintura. Ella descansaba la cabeza sobre su hombro como si aquel fuera su lugar. En otra imagen, captada a través de una ventana, aparecían abrazados y riendo. Riendo mientras yo permanecía en una cama de hospital y mi padre se derrumbaba de dolor. Perdí la sensibilidad en los dedos y el teléfono se me escurrió de la mano. Ya era demasiado tarde. Aquellas imágenes se habían grabado a fuego en mi mente. -Nunca me quiso -susurré, más para mí misma que para Lillian-. Durante todos estos años, yo solo fui... una opción conveniente. Un reemplazo hasta que pudiera estar con ella. -No digas eso -replicó Lillian con vehemencia-. ¡Tú vales diez veces más que ella! ¡Cien veces más! Pero las pruebas eran irrefutables. Desde la sesión de fotos hasta la boda, cada una de sus acciones demostraba que, llegado el momento, Sophia siempre sería la primera opción de Liam. Yo había vivido aferrada a una fantasía, convencida de que nuestra historia y todos los recuerdos compartidos serían suficientes. Entre nosotras se instaló un silencio denso, asfixiante, hasta que un sonido en el pasillo lo rompió. Una voz. Débil. Tensa. La voz de mi padre. Y entonces, un golpe seco. -¿Papá? -grité, con el pánico cerrándome la garganta. Lillian corrió hacia la puerta y la abrió de golpe. -¡Dios mío! ¡Sr. Jones! Me incorporé a la fuerza y salí de la cama, ignorando el dolor que me atravesó el cuerpo. Mi padre yacía inconsciente en el suelo. Tenía el rostro alarmantemente pálido. -¡Que alguien nos ayude! -grité al caer de rodillas junto a él-. ¡Por favor, ayuden a mi padre! Los minutos siguientes fueron un torbellino. El personal médico acudió a toda prisa y varias voces se superpusieron dando instrucciones. Colocaron enseguida a mi padre en una camilla y se lo llevaron, dejándome temblando de miedo en medio del pasillo. -Va a estar bien -intentó tranquilizarme Lillian, aunque ni ella misma parecía creerlo-. Seguramente sea por el estrés de todo lo que ha pasado hoy. Mientras esperábamos noticias, se abrieron las puertas del ascensor y aparecieron dos hombres. Uno era alto e imponente, de facciones marcadas y con una presencia dominante que atraía todas las miradas. El otro, un poco más bajo pero igual de bien vestido, lo seguía un paso por detrás. Aiden Carter. Reconocí el nombre al instante. El heredero del Grupo Carter y el mayor rival empresarial de Liam. Nunca lo había visto en persona, pero su reputación hablaba por él. Con apenas treinta y dos años, había asumido el cargo de director ejecutivo del Grupo Carter cinco años atrás y lo había convertido en uno de los conglomerados más importantes del mundo. Frío. Calculador. Despiadado en los negocios. Esas eran las palabras que todos asociaban con él. ¿Qué hacía allí? Ambos se acercaron y, de pronto, comprendí que Aiden venía directamente hacia mí. -¿Srta. Jones? -preguntó con voz grave y autoritaria. Asentí débilmente. Estaba demasiado agotada para preguntarme cómo sabía quién era. -Soy Aiden Carter -confirmó-. Y él es mi asociado, el Sr. Grant. -Sé quién eres -respondí con cautela-. ¿Qué quieres? Señaló mi habitación. -¿Podemos hablar en privado? En circunstancias normales, me habría negado. Sin embargo, aquel día no había tenido nada de normal, y la angustia, el dolor y la preocupación por mi padre habían mermado seriamente mi capacidad para pensar con claridad. En cuanto entramos en la habitación, Aiden Carter fue directo al asunto. -Yo conducía el coche que estuvo a punto de atropellarte -declaró con total naturalidad-. Di un volantazo para esquivarte y eso hizo que cayeras. Me quedé mirándolo, tratando de procesar sus palabras. -Tú... ¿tú eras el conductor? Asintió una sola vez, sin revelar emoción alguna. -Quiero ofrecerte una compensación por tus lesiones. Ponle precio. Después del día que había tenido, su franqueza resultaba casi refrescante. Nada de falsa compasión ni frases vacías. Solo negocios. -Fue un accidente -respondí, negando con la cabeza-. Me lancé a la carretera sin mirar. En todo caso, debería disculparme yo por haber dañado tu coche. La sorpresa cruzó su rostro durante un instante tan breve que casi no la percibí. Antes de que pudiera responder, mi teléfono volvió a vibrar. Esta vez era un mensaje de un número desconocido. «Hola, Aria. Soy Sophia. Solo quería decirte cuánto siento lo de hoy. Liam nunca quiso hacerte daño, pero sabes que lleva años enamorado de mí. Solo siguió contigo porque se sentía... obligado. Espero que algún día puedas entenderlo y que incluso llegues a alegrarte por nosotros. :)» Su descaro desató una oleada de ira en mi interior. No le bastaba con haberme robado al hombre que amaba. Ahora pretendía que la absolviera. ¿Acaso creía que bastaba con recibir mi bendición para limpiar su conciencia? En aquel instante, algo dentro de mí se rompió. Había pasado doce años viviendo a la sombra de Liam. Siempre era la novia comprensiva. Siempre anteponía sus necesidades a las mías. ¿Y adónde me había llevado todo aquello? Estaba sola en una habitación de hospital, con el vestido de novia destrozado. Mi padre se había desplomado por el estrés y los medios me presentaban como una exnovia desesperada e incapaz de soltarlo. Alcé la mirada hacia Aiden Carter y observé su imponente figura. El mundo empresarial lo temía. Liam lo despreciaba. Había una extraña simetría en todo aquello. Precisamente el día en que Liam me había roto el corazón, el hombre al que más odiaba se había cruzado por casualidad en mi camino. Contemplé el rostro severo de Aiden Carter y una idea descabellada empezó a tomar forma en mi cabeza. Tal vez pudiera vengarme de Liam de otra manera. -En realidad -dije con una firmeza que hasta a mí me sorprendió-, hay algo que podrías hacer por mí. Aiden arqueó una ceja y esperó. -Cásate conmigo. Démosle a Liam una traición de la que jamás pueda recuperarse.
Lista de capítulos
207 capítulos en total
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