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Capítulo 2 La rutina que compartían
Priscila rompió en llanto, completamente abatida y sorprendida; no esperaba que sus hijos la rechazaran. -Todo es mi culpa, todo... -murmuró con voz quebrada entre sollozos, con el cuerpo tembloroso, como si en cualquier momento fuera a perder el equilibrio-. Es mi error... crecieron sin conocerme.
-Basta, no digas eso. No hiciste nada malo, si alguien falló aquí, no fuiste tú -dijo Julián con voz firme y, como si nada más importara, la rodeó con un brazo, atrayéndola hacia él-. Mejor subamos para que te refresques -añadió, guiándola suavemente.
Su apariencia descuidada, la ropa sencilla y ese aire de debilidad hicieron que Julián decidiera acompañarla personalmente hasta la habitación de invitados, sin siquiera detenerse a pensar en su esposa; pasó frente a ella como si no existiera.
Isabella sintió cómo algo se apretaba dentro de su pecho, pero tragó ese dolor en silencio, obligándose a mantenerse firme mientras se repetía que Priscila solo extrañaba a sus hijos y que Julián simplemente intentaba manejar la situación como padre.
-Mamá, ¿vienes con nosotros a bañarnos? -preguntó Laura, sacándola de sus pensamientos.
-Y después nos cuentas un cuento, como siempre -añadió Santiago.
-Claro que sí, mis amores -respondió con una sonrisa suave-. Vamos juntos.
Los gemelos la siguieron con alegría, ese pequeño gesto fue lo único que logró reconfortarla.
En la habitación de invitados, Priscila se aseó con rapidez y se cambió de ropa, pero la inquietud seguía reflejándose en su rostro.
-Julián -lo llamó incapaz de ocultar la ansiedad que la dominaba. Él la miró a sus ojos aún hinchados por el llanto-. ¿Podría ir con ellos? Aunque sea un momento, me gustaría acercarme. Los he extrañado tanto, siento que me he perdido demasiado -suplicó.
En su mirada había una necesidad tan profunda que resultaba difícil de ignorar, y Julián, al verla así, sintió que negarse sería casi inhumano; al final, ella era quien los había traído al mundo.
Tras un breve silencio, terminó accediendo.
-Está bien.
Isabella estaba enjabonando el cabello de Laura cuando llamaron a la puerta.
-¿Laura? ¿Santiago? -al escuchar la voz de su esposo, salió de inmediato, pensando que había venido a ayudarla a acostar a los niños, después de todo esta era la rutina que compartían todas las noches.
Abrió, con las manos aún húmedas, y al ver a Priscila de pie junto a su esposo, sus labios se tensaron ligeramente.
-¿Ocurre algo?
-Priscila quiere ver a los niños, acercarse un poco a ellos. -Julián habló con naturalidad. Isabella sostuvo su mirada. -Los estoy bañando. -respondió con calma-, apenas terminé....
-¿Podría ayudar? -la interrumpió Priscila dando un paso al frente-. Al menos con Laura. Me gustaría bañarla yo, aunque sea esta vez.
-Claro. - Isabella no tuvo otra opción que hacerse a un lado-. Está en el baño de la derecha. -Sus manos, aún húmedas, se entrelazaron con discreción frente a ella.
A sus seis años, los niños ya podían bañarse solos, pero Priscila se dirigió de inmediato al baño, como si temiera perder la oportunidad.
-¿Laura?... soy mamá...
Al verla, la niña se cubrió rápidamente con la toalla.
-¡Fuera! No te quiero aquí -dijo con frialdad.
Priscila se quedó quieta un segundo, como si esas palabras la hubieran golpeado de lleno. Sus ojos se humedecieron de inmediato.
-Laura... yo solo quería...
Desde afuera, la voz de Julián intervino: -Laura, compórtate. Es tu madre, debes respetarla.
La niña apretó los labios, sin responder.
Priscila negó con la cabeza, limpiándose las lágrimas con torpeza. -No, no la regañes -dijo con rapidez-. Es normal que actúe así, todavía no me conoce.
Julián no estaba de acuerdo con ello desvió la mirada y la fijó en Isabella. -Deberías enseñarles a respetar -dijo con firmeza cuestionando directamente su forma de educar a los niños-. No importa la situación, siguen siendo sus hijos.
Isabella se quedó inmóvil, tomada por sorpresa. -¿Qué quieres decir con eso? -La acusación la tomó por sorpresa-. ¿Qué he hecho mal? -preguntó, intentando mantener la calma.
Julián la miró con dureza. -Priscila es su madre y aunque no lo fuera deberían de respetarla.
Isabella frunció ligeramente el ceño. -Pero no la conocen, Julián... no puedes esperar que-
-Sí puedo -la interrumpió él con impaciencia-. Lo que necesitan es aprender a comportarse y tú deberías haberles enseñado eso desde el principio.
Isabella se quedó inmóvil un segundo. -No es falta de respeto... es confusión. Son niños-
-Basta -interrumpió él, visiblemente molesto-. No quiero discutir esto ahora. Ve y ayuda a Priscila. -No le dio oportunidad de responder. Se giró y se dirigió directamente hacia el baño de su hijo Santiago.
Isabella lo observó marcharse y luego, en silencio, caminó hacia el baño de Laura.
Dentro, Priscila ya había tomado el gel de baño, insistiendo en ayudar, Laura, aunque quería negarse, recordó el regaño de su padre hacia su madre y optó por quedarse callada.
Isabella permaneció a un lado, inmóvil, viendo cómo Laura soportaba la situación por ella, lo que le rompía el corazón, aunque no podía intervenir.
Priscila tomó un frasco de vidrio y se acercó con una sonrisa. -Ven, puedo ponerte la crema -dijo con suavidad.
Laura ni siquiera la miró. -Prefiero que lo haga mi mamá.
Isabella se acercó. -Dámelo.
Al ver a su hija rechazarla a Priscila se le encogió el corazón.
En el momento que Isabella iba a tomar el frasco, Priscila lo dejó caer, el sonido del vidrio al romperse fue abrupto que Laura se asustó, perdió el equilibrio y terminó pisando un fragmento, cortándose el pie.
-¡Mamá! ¡Estoy sangrando! -El llanto de la niña llenó la habitación. Isabella se asustó, de inmediato la tomó en brazos mientras intentaba calmarla, saliendo rápidamente del baño.
Priscila las siguió, mientras Julián llegaba al escuchar el alboroto. Al ver la sangre, su expresión se tensó.
Isabella ya había tomado el botiquín y atendía la herida con rapidez y precisión, enfocada completamente en su hija.
-¿Qué pasó? -preguntó Julián.
-Isabella, sé que no te gusta que esté aquí, pero no puedes usar a mi hija para desahogarte. Esa crema era de vidrio, era obvio que se iba a romper si me la quitabas así -dijo Priscila.
La acusación alteró tanto a Isabella que casi lastimó a su hija con el hisopo, no tenía tiempo para aclarar estas cosas; la herida de la niña era lo prioritario.
Afortunadamente solo era un corte superficial, sin fragmentos de vidrio.
Al escuchar esto, Julián se molestó con Isabella: -Si tienes algún resentimiento, dímelo a mí. ¿Cómo puedes desquitarte con la niña?
Isabella no pudo evitar levantar la cabeza. -Yo no estaba tratando de quitárselo, tampoco estoy desquitándome con nadie.
-Déjalo, Julián. Fue mi error, no debí insistir en bañarla. Si yo no hubiera venido, mi hija no se habría lastimado. Es mi culpa. -Priscila se culpó. -¿Cómo va a ser tu culpa? Eres su madre biológica. Todo el mundo podría hacerle daño, menos tú. -Julián replicó.
A Isabella el hisopo se le partió entre los dedos; apretaba los dientes, con los ojos enrojecidos. No podía creer que Julián pensara que ella había causado todo esto a propósito, lo que la llenó de una profunda sensación de injusticia.
-Mamá, no te pongas triste -Laura la abrazó de repente-. No me duele nada.
El gesto de su hija la conmovió tanto que tuvo que aguantarse las lágrimas: -Tranquila estoy bien.
Julián miró a su hija. -¿No ves que tu verdadera madre está llorando? ¿No le vas a decir nada?
Priscila tiró ligeramente de la manga de la camisa de Julián y negó con la cabeza.
-No es culpa de ella... aún es pequeña.
Para Julián, esto confirmaba que Isabella había fallado en la crianza de los niños.
-Desde mañana, Priscila se va a encargar de Laura y Santiago. -Julián dijo, sin poder contener su furia. Isabella terminó de vendar la herida de su hija y se levantó sin poder creer lo que acababa de escuchar. Antes de que pudiera hablar, Laura interrumpió:
-¡Papá, mamá no le estaba quitando el frasco! ¡Ella lo soltó cuando mamá iba a tomarlo! ¡Papá... lo hizo a propósito!
Lista de capítulos
355 capítulos en total
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