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Capítulo 3 Dejado de existir

-Laura, ¿cómo puedes decir ese tipo de mentiras? -dijo con lágrimas en los ojos, incrédula-. Soy tu madre, jamás podría hacerte daño.

-¡Tú eres la mentirosa! -replicó la niña, sin retroceder.

-¡Laura! -advirtió Julián, molesto-. Has cruzado un límite. ¿Cómo puedes mentir así? -inquirio con un deje de decepción.

Laura apretó los labios, sin ceder. -Pero yo estoy diciendo la verdad-replicó, alzando la voz, aferrándose más a Isabella-. ¡Ella soltó el frasco cuando mamá iba a tomarlo!

-Es suficiente -la interrumpió él, con el tono endurecido convencido de que su hija solo intentaba proteger a Isabella echándole la culpa a quien no la merecía, porque para él una madre jamás les haría daño a sus propios hijos.

Priscila esbozó una sonrisa tenue, aún con los ojos brillosos, y apoyó suavemente la mano sobre el brazo de Julián, como si intentara contenerlo.

-No la regañes -murmuró con dulzura-, es una niña es normal que se confunda. Al final, solo están defendiendo a quien consideran su mamá.

Julián al notar la tristeza contenida en el rostro de Priscila, su culpa no hizo más que aumentar por no haberle hablado a los niños quien realmente era su madre. Además, las palabras de Priscila no hicieron más que sembrar en Julián la certeza de que Isabella había influido en Laura, porque le resultaba imposible aceptar que ella hubiera dicho algo así por su cuenta.

Julián apretó la mandíbula, su expresión endureciéndose poco a poco.

Desvió la mirada hacia Isabella, llena de reproche: -¿Dónde está la niñera?

La mujer apareció casi de inmediato.

-Llévate a Laura y Santiago -ordenó Julián, sin apartar los ojos de Isabella.

Quería separarlos de ella.

La niñera dudó apenas un segundo antes de acercarse a los niños, pero Laura se aferró con más fuerza a Isabella.

-Mamá... -susurró, como si temiera que la apartaran.

Isabella no se movió. Solo la abrazó un instante más, con una calma que le costaba sostener.

-Vayan con ella, mi amor... estaré bien -murmuró con suavidad.

Cuando la niñera se llevó a los niños, Julián se marchó junto a Priscila sin mirar atrás. Isabella se quedó allí con un nudo en la garganta y ese sordo dolor en el pecho, completamente sola, como si de un momento a otro todo lo que había construido hubiera dejado de existir.

Seis años de su vida.

El pensamiento la golpeó con fuerza.

Seis años dedicándose por completo a esa casa, a esos niños, a él.

Seis años dejando de lado todo lo que alguna vez fue suyo... sus propios sueños, su tiempo, incluso a las personas que había tenido cerca. Recordó las noches sin dormir, cuando los niños enfermaban y ella se quedaba a su lado hasta el amanecer. Los días en los que comía a deshoras, siempre pendiente de ellos, de que nada les faltara.

Las veces que Julián llegaba tarde y ella lo esperaba, con la mesa servida, convencida de que eso también era amor.

Nunca se quejó, nunca pidió nada, porque creyó, de verdad creyó, que significaba algo especial para él; además, durante todos estos años Julián le había sido fiel y había sido un buen esposo.

Pero ahora, todo parecía desmoronarse con una facilidad cruel.

Una sola noche, eso había bastado para borrar seis años, para que Julián la mirara como si fuera la culpable y defendiera a otra mujer sin dudarlo más que a ella en seis años de matrimonio, haciendo que cualquier muestra de amor que el le había dado a Isa pareciera patético.

Agotada por los acontecimientos, Isabella se permitió un momento a solas. Se hundió en la tina de agua de rosas, dejando que el calor le aflojara el cuerpo poco a poco. Cerró los ojos, en ese istante, todo pareció en calma.

Media hora después la puerta se abrió sin previo aviso. Isabella que se había quedado dormida abrió los ojos de inmediato.

La figura de Julián ya se cernía sobre ella.

-Necesitamos hablar. -Su voz fue suficiente para romper cualquier rastro de calma.

Isabella no se movió, el agua aun cubriéndola, pero la tensión regresó sintió cómo el poco alivio que había encontrado se desvanecía por completo.

-Ahora no, Julián -dijo, sin mirarlo, pero él no se fue.

-Priscila solo quiere pasar tiempo con los niños, no los pongas en su contra. Ella es su verdadera madre.

Isabella lo miró por fin, sus ojos solo reflejaban decepción y otras emociones que Julian no logro descifra. -¿La verdadera madre? -repitió en voz baja, como si probara el peso de esas palabras-. Entonces dime, Julián, ¿qué he sido yo todos estos años?

Él no respondió de inmediato, desvió la mirada, incómodo, pero no dio un paso atrás. -No es lo mismo -dijo finalmente-. Tú has estado ahí, sí, pero eso no cambia la realidad.

Isabella soltó una risa breve, sin humor. -¿La realidad? -Apoyó las manos en el borde de la tina, incorporándose un poco, sin importarle ya la vulnerabilidad del momento-. La realidad es que yo estuve cuando ellos no tenían a nadie. La realidad es que fui yo quien se quedó cuando tú no podías, o no querías.

Julián frunció el ceño. -No exageres. -respondió el con frialdad para luego salir del baño.

Esas palabras la destrozaron por completo, porque después de seis años entregándolo todo, una sola noche de llanto de su ex esposa tenía más peso que todo lo que ella había hecho, dejándola sin saber qué había sido realmente para él durante todo ese tiempo.

Esto es todo lo disponible por ahora.

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Lista de capítulos

355 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 Su regreso
  2. Capítulo 2Capítulo 2 La rutina que compartían
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Dejado de existir

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