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Capítulo 2 Averigua a dónde fue Melanie

Shawn no regresó a casa la noche anterior.

A las nueve de la mañana siguiente, Melanie recibió los documentos del divorcio que había mandado preparar la noche anterior.

Abrió el archivo en su computadora y revisó minuciosamente cada línea de principio a fin.

La impresora zumbó mientras expulsaba una hoja tras otra. Melanie las apiló, engrapó y firmó con determinación.

Cuando dejó el bolígrafo, sintió como si una parte de su alma hubiera quedado sellada para siempre.

Sacó el celular y solicitó un servicio de mensajería. Al mediodía, el sobre llegaría a la residencia presidencial y sería entregado personalmente a Shawn.

Después, se bañó, se puso ropa limpia y preparó su equipaje.

Casi no tenía nada. Tres años de su vida cabían en una sola maleta. Había llegado con esa misma maleta y ahora se marcharía con ella.

La ironía de la situación le quemaba por dentro. Su reflejo parecía agotado, con ojeras, pero la tensión en su rostro había desaparecido. Aunque no había dormido, se sentía extrañamente más relajada. La libertad empezaba a sustituir a la desesperación. Por fin había decidido dejar de aferrarse a algo que ya no tenía remedio.

A las diez y media, Melanie salió de la casa arrastrando su maleta.

Donna Collins, la ama de llaves, estaba regando las flores del jardín. Al verla, la saludó con sorpresa: "¿Se va de la ciudad, señora Becker?".

Melanie solo inclinó la cabeza con una leve sonrisa forzada.

Donna siguió mirándola confundida. La señora Becker solía quedarse a charlar un rato y darle indicaciones sobre pequeños arreglos, como mover adornos o cambiar los ambientadores. Pero ese día se había ido sin decir nada.

Tras entregar el sobre al mensajero, Melanie se marchó sin mirar atrás.

Mientras tanto, en la residencia presidencial, Shawn acababa de finalizar una agotadora conferencia internacional.

Cerró los ojos y se reclinó en su asiento para aprovechar un breve momento de descanso.

Varias crisis internacionales lo habían obligado a regresar inesperadamente para gestionar la situación. El cansancio le oprimía las sienes como un torniquete y le dejaba la mente en blanco.

Llevaba diez horas sin comer y sentía un dolor persistente en el estómago.

Gracias a los cuidados de Melanie durante esos años, su estómago se había acostumbrado a una rutina.

Shawn había pasado la mayor parte de su vida descuidando su salud por el trabajo constante, los horarios irregulares y los viajes continuos, y hacía tiempo que sufría las consecuencias.

Consciente de su estado, Melanie se había dedicado durante tres años a prepararle comidas ligeras, como sopas, caldos y platos blandos. Básicamente, cualquier cosa que no le irritara el estómago.

Incluso cuando el trabajo lo mantenía despierto hasta el amanecer, ella siempre le dejaba sopa caliente en un termo.

Sin embargo, últimamente, la presión interminable de los asuntos internacionales y sus obligaciones lo habían llevado a descuidar por completo sus comidas.

Alguien llamó a la puerta del despacho antes de que su secretario, Allen White, entrara con un sobre de color canela.

"Señor, es de la señora Becker", dijo Allen con cautela.

Sin abrir los ojos, Shawn se apretó las sienes con los dedos y respondió secamente: "Déjalo".

Allen dejó el sobre en el escritorio y se dio la vuelta para irse, pero Shawn lo detuvo.

"Espera", dijo el presidente.

Shawn levantó la vista lentamente y, con la voz cargada de cansancio, ordenó: "Llama a Melanie y pídele que envíe algo ligero".

Tras una breve pausa, agregó: "Y ponte en contacto con el hospital. Diles que preparen la operación de su madre de inmediato".

En cuanto lo dijo, recordó las cortantes palabras de Melanie de la noche anterior: "No es necesario".

Frunció el ceño. Sabía que apenas le había prestado atención últimamente.

Tras pensarlo mejor, agregó: "Compra también un regalo decente. Se lo llevaré más tarde".

Su carga de trabajo ya era insoportable. Seguro que ella entendería el gesto y dejaría de armar un drama.

Allen parpadeó con incredulidad. ¿Operación? La madre de Melanie ya había muerto.

Dijo con cautela: "Señor Presidente... la madre de la señora Becker ya...".

Antes de que pudiera terminar, sonó un teléfono del escritorio: era una llamada del extranjero.

La expresión de Shawn se endureció de inmediato. Le hizo un gesto a Allen para que se fuera, atendió la llamada y se dirigió hacia las ventanas mientras hablaba.

El secretario salió en silencio y cerró la puerta tras de sí, todavía aturdido. Su jefe debía de estar bajo demasiada presión. ¿Cómo pudo olvidar algo así?

Al recordar la instrucción anterior, Allen intentó llamar a Melanie, pero la llamada se cortó tras varios tonos. Entonces llamó a la mansión, donde Donna le informó de que Melanie se había ido de viaje por negocios.

Allen frunció el ceño, confundido. ¿Negocios? Melanie nunca había trabajado fuera de casa. ¿Desde cuándo tenía un trabajo?

Preocupado por el mal humor y el estómago vacío de Shawn, Allen pidió que le llevaran de inmediato una sopa ligera de mariscos junto con unos platos sencillos.

Cuando Shawn regresó esa noche, el reloj ya marcaba las diez. La casa estaba sumida en la oscuridad.

Entró mientras se aflojaba la corbata, dejando caer su saco sin cuidado sobre un mueble del pasillo.

El silencio en el interior era opresivo; solo lo interrumpía el sonido de sus propios pasos.

Irritado, encendió las luces. El resplandor repentino dejó al descubierto una casa vacía y sin vida, lo que lo inquietó de inmediato. Incluso durante sus viajes más largos al extranjero, Melanie siempre dejaba una lámpara encendida porque sabía que a él no le gustaba la oscuridad.

Su mirada recorrió la cocina. No había fruta en la encimera. La nevera también estaba vacía.

Desbloqueó el celular y abrió su conversación con Melanie. Su perfil seguía igual: un nombre de usuario sencillo, una foto familiar y el pequeño símbolo de No molestar a un lado.

Su última interacción había sido hacía tres días.

La pantalla estaba llena de mensajes suyos sin respuesta. Llamadas perdidas. Preguntas sobre por qué se negaba a responder. Súplicas para que volviera a casa. Y una última pregunta desgarradora sobre por qué le había dado a otra persona el corazón que su madre necesitaba desesperadamente.

En ese momento, Rylee se encontraba en estado crítico y él había pensado que Melanie solo estaba armando un drama.

Después de todo, había confirmado que la madre de su esposa se encontraba estable. No parecía haber ninguna crisis.

Al desplazarse hacia arriba, se dio cuenta de que casi todos los mensajes eran de Melanie.

Ella le había enviado fotos de las flores del jardín, le había contado sus pequeños logros del día, le había recordado que se abrigara durante sus viajes y le había preguntado qué fruta quería que tuviera en casa.

Casi siempre, él se había limitado a responder con una palabra indiferente. A veces la ignoraba por completo.

Siempre había supuesto que no era necesario comunicarse tanto, ya que de todas formas se veían con bastante frecuencia.

Dejó a un lado el regalo sin abrir, se sirvió un vaso de agua y escribió:

"¿Cómo va el viaje? ¿Cuándo vuelves? Te llevaré a tu restaurante favorito".

Tras leerlo, lo borró todo.

"¿Cuánto tiempo te quedarás fuera? ¿Cuándo volverás?".

Lo borró de nuevo.

Al final, la irritación se apoderó de él. "¿Por qué no estás en casa?", escribió.

Tocó Enviar.

Los minutos pasaron en silencio.

Una extraña incomodidad se instaló en su pecho. Marcó su número, pero la llamada se cortó tras el tercer tono. Volvió a marcar con el mismo resultado.

Subió las escaleras hacia el vestidor. Su ropa, bolsos y joyas estaban en su lugar. El maquillaje y los productos para el cuidado de la piel seguían sobre el tocador. Solo faltaban algunos objetos de uso diario.

Al ver eso, se relajó un poco.

"Averigua adónde fue Melanie", ordenó por teléfono.

Su expresión se ensombreció. Ella ignoraba todas sus llamadas y mensajes. ¿Qué demonios estaba pasando?

Allen vaciló al otro lado antes de responder: "Solo oí que se fue de viaje".

"¿Dónde exactamente?", espetó el presidente.

"Aún no lo sé. Revisé los registros de transporte y no encontré reservas recientes a su nombre", respondió Allen con rapidez.

Tras una cautelosa pausa, continuó: "Quizá lo de su madre la afectó más de lo esperado. Podría estar quedándose con una amiga hasta que se calme".

En el fondo, Allen sabía que Melanie no solía enfadarse por mucho tiempo. Pero lo que Shawn había hecho había cruzado todos los límites. Tratarla así durante una tragedia familiar era tan cruel que podía acabar con cualquier matrimonio.

Aun así, decirle esa verdad al presidente equivaldría a un suicidio laboral.

Tras un largo silencio, Allen sugirió con cautela: "Quizá debería esperar unos días... y después pedirle perdón".

"Te enviaré al extranjero durante un mes", replicó Shawn con una risa fría.

Allen no supo qué responder. La línea se cortó.

Shawn apretó la mandíbula, furioso.

'¿Disculparme?', pensó.

La constante rebeldía de Melanie había ido demasiado lejos.

La había consentido demasiado y ahora ella ya no recordaba cuál era su lugar.

El mensaje que seguía sin respuesta en su pantalla solo intensificó su mal humor.

Así que quería ignorarlo...

Bien.

De pie junto a la cama y con el rostro tenso, apretó con fuerza el celular en una mano y escribió un último mensaje lleno de ira.

"No vuelvas hasta que te des cuenta de tu error", escribió.

En cuanto lo envió, arrojó el celular sobre el colchón y entró en el baño.

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298 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 Quiero el divorcio
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Averigua a dónde fue Melanie
  3. Capítulo 3Capítulo 3 ¿Qué clase de familia somos

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