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Capítulo 2 Culpa
Aunque confundida, Debora los siguió obedientemente hasta la oficina del director del hospital.
Sentado erguido en el sofá, estaba Isaac de piernas cruzadas; si no se le prestaba demasiada atención, la palidez de sus finos labios podría pasar desapercibida.
Además, el olor fuerte del desinfectante en el hospital también cubría el de la sangre en él.
Vestido de negro puro, sus rasgos afilados y su fuerte aura parecían transmitir que había superado innumerables dificultades.
Acercándosele, Willie le susurró algo al oído. "Todos los videos de vigilancia de anoche fueron manipulados a propósito, probablemente por sus agresores. Ellos limpiaron sus huellas y se deshicieron de cualquier posible evidencia. Ella es la doctora Debora Griffith, quien estaba de turno anoche".
Fue solo en ese momento que Isaac la miró.
Debora se sorprendió al comprobar que el hombre del sofá no era otro que el CEO de la Corporación Paramount.
"¿Fuiste tú quien me ayudó anoche?", preguntó Isaac, examinando su rostro cuidadosamente.
Sin atreverse a mirarlo a los ojos, ella de inmediato retiró la mirada.
"S-sí, f... fui yo". Si bien ella no sabía qué había pasado exactamente la noche anterior, creía que podría beneficiarse mucho si pudiera estar de buenas con Isaac.
Daba la casualidad de que el Hospital Central Militar estaba a punto de seleccionar candidatos para sus pasantías, y aunque se tratase solo de unas prácticas, quien fuera seleccionado se quedaría como médico oficial de la institución.
Los recursos allí eran mucho mejores que los del hospital en el que estaba ahora, y si Debora pudiera obtener la ayuda de alguien tan poderoso como él, definitivamente sería seleccionada.
"Te daré lo que quieras, incluso el matrimonio", declaró él con expresión indiferente, aunque cuando pensó en lo sucedido anoche, su rostro frío se suavizó un poco.
"¿Q-qué? ¿Matrimonio? Ehm... Yo...". Isaac le había arrojado una bomba tan repentinamente que Debora no podía pensar con claridad.
"Cuando te hayas decidido, puedes acudir a mí". Habiendo dicho eso, él se puso de pie y le pidió a su asistente que le diera a la chica su número de teléfono.
El director del hospital hizo una leve reverencia y ofreció: "Señor Johnston, permítame acompañarlo hasta la salida".
Volviendo a su comportamiento frío, Isaac lo rechazó. "No es necesario". Luego pareció pensar en algo y agregó: "Por favor, cuídala bien".
"Por supuesto, señor Johnston", pronunció el hombre con una sonrisa servil.
Después de asegurarse de que no podían oírlo, el asistente le recordó a Isaac en voz baja: "Señor, usted ya está casado. No creo que pueda casarse con la señorita Griffith si ella termina queriendo el matrimonio".
Al pensar en la mujer con la que se vio obligado a casarse, la expresión de Isaac se oscureció. "¿Tantas ganas tienes de morir?".
El asistente inmediatamente se quedó en silencio, y un escalofrío lo recorrió. Él no sabía si su jefe estaba enojado por la mujer con la que se casó, o por la persona que había enviado a los sicarios tras él.
Después del trabajo, Camila regresó a la villa de su esposo.
Tan pronto como entró, el ama de llaves de mediana edad, Glenda Rivera, se le acercó y le preguntó: "¿Puedo preguntarle dónde estuvo anoche?".
"Tuve que cubrir el turno de alguien", respondió Camila en voz baja; sus ojeras delataban un claro cansancio.
Glenda no la presionó para obtener más información cuando notó eso; en cambio, hizo una reverencia y le permitió retirarse a su habitación.
Camila se fue directo al baño y preparó un baño caliente. Sumergiéndose en la bañera, de repente recordó los eventos de la noche anterior, y su rostro de repente se puso tan caliente como el agua en el que estaba.
Como si con eso pudiera despejar su mente desordenada, se frotó las sienes.
Ella había dejado que un extraño le quitara la virginidad, y para colmo, estaba casada, de modo que no pudo evitar sentirse culpable.
Tras terminar de bañarse, se vistió y salió.
Al ver que Camila estaba a punto de irse, Glenda se le acercó y cuestionó: "¿Ya se va de nuevo tan pronto? Al menos debería desayunar primero".
Echándole una mirada a su reloj, la joven suspiró. "No, gracias. Voy a llegar tarde al trabajo".
Glenda sabía que la mujer era doctora, y era consciente de lo difícil que era ese trabajo. Pensando en ello, la miró con renovado respeto y le llevó un vaso de leche tibia. "Al menos bébase esto antes de ir a trabajar".
Al ver la preocupación en el rostro de la empleada, Camila se sintió conmovida, y agarrando el vaso, le dijo en voz baja: "Gracias".
"De nada", le respondió esta sonriente; lo cierto era que su rostro regordete parecía muy amable y amistoso.
Después de terminarse la bebida, Camila le devolvió el vaso a la mujer y salió.
Sin embargo, ella no fue directamente al trabajo. De hecho, se había ido temprano para poder ir primero al departamento de pacientes internos, pues su madre estaba en la unidad de cuidados intensivos.
Una vez en la habitación, verificó el estado de la señora, y al ver que todavía estaba en mal estado, se le arrugó el corazón.
Su madre había sufrido una insuficiencia cardíaca, y ahora se encontraba en un estado crítico. La única solución era un trasplante de corazón, lo cual costaría mucho dinero.
En realidad, Camila accedió a la demanda de su padre y se casó con un Johnston, porque el señor la amenazó y le dijo que no pagaría la cirugía de su madre si ella no estaba de acuerdo.
Si pudieran encontrar un donante compatible, su madre se salvaría.
Mirando a la mujer que yacía tranquilamente en la cama, ella le prometió en voz baja y amarga: "Mamá, te juro que te voy a salvar".
Una solitaria lágrima rodó por su mejilla justo después. Su madre era la persona más cercana a ella.
En su bolsillo, su celular comenzó a sonar de pronto.
"¡Hola, Mila! ¿Me puedes hacer un favor?", preguntó una voz alegre desde el otro extremo de la línea.
Era su compañero de la universidad, Forrest Walters, quien la llamaba. Ellos se habían graduado en la misma facultad de medicina, pero él estaba dos grados por encima de ella. Posteriormente, se fue al extranjero para continuar sus estudios.
Ahora era un médico muy famoso, pero lo más importante era que siempre la había cuidado bien, y eran bastante cercanos.
"¿Qué favor?", preguntó Camila.
"Tengo un paciente que necesita tratamiento, pero estoy en medio de algo urgente, y no llego a tiempo. ¿Puedes atenderlo por mí, por favor?".
Al revisar su agenda, vio que aparte de dos cirugías por la tarde, estaba relativamente libre esa mañana, así que estuvo de acuerdo.
"Ya te envié la dirección; solo diles que estás ahí por el señor Calderon, y el portero sabrá qué hacer".
Lista de capítulos
542 capítulos en total
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