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Capítulo 1

Perspectiva de Sarah Me quedé mirando el montón de regalos cuidadosamente envueltos en el asiento trasero de mi auto, incapaz de contener la sonrisa que se extendía por mi rostro.

Hoy se cumplía mi tercer aniversario de bodas con mi esposo, Henry.

Durante la última semana había estado fuera en un viaje de negocios. Henry pensaba que no volvería hasta mañana porque había mantenido mi regreso en secreto a propósito. Quería darle una sorpresa. Después de todo lo que habíamos pasado, quería que hoy fuera un día especial.

Mi mirada se desvió una vez más hacia los costosos obsequios.

El último modelo de Rolls-Royce del que llevaba meses hablando. La ropa de diseñador de edición limitada de la que no dejaba de mandarme fotos. Zapatos de lujo. Bolsos de marca. Todo lo que alguna vez me había pedido. Compré cada una de esas cosas sin dudarlo.

Ya podía imaginar la emoción en su rostro al verlos. Tal vez esta sorpresa finalmente lo haría feliz. Tal vez este aniversario sería diferente a los anteriores.

Un ligero rubor asomó a mis mejillas.

Tal vez... después de esta noche, finalmente me trate como a su esposa.

Tal vez, tras tres largos años de matrimonio, por fin me tocaría como un esposo debe hacerlo. Tal vez finalmente tendríamos nuestra primera noche juntos.

El solo pensamiento hacía que mi corazón se acelerara.

Henry siempre me decía que quería esperar hasta que fuera el momento adecuado. Siempre tenía una excusa y, aunque a veces me dolía, nunca lo cuestioné. Lo amaba demasiado como para forzar algo para lo que él no estuviera listo.

El claxon de un auto detrás de mí me sacó de mis pensamientos. El semáforo de adelante se había puesto en rojo.

Presioné el freno y esperé pacientemente, tamborileando ligeramente los dedos contra el volante.

Fue en ese momento cuando mis ojos se posaron en el enorme espectacular al otro lado de la carretera.

Nicholas Santos.

Su atractivo rostro miraba hacia la concurrida calle con la misma expresión fría que lo había hecho famoso.

Su foto parecía estar en todas partes últimamente. Espectaculares, revistas, comerciales de televisión. No había forma de escapar del nombre Nicholas Santos. Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios.

-Realmente se ha vuelto muy popular -susurré para mis adentros. Habían pasado años desde la última vez que lo vi.

Antes de que pudiera seguir pensando en ello, el semáforo cambió a verde.

Pisé suavemente el acelerador y continué manejando hacia casa, sintiendo que mi emoción crecía con cada minuto que pasaba.

Ya casi llegaba. Ya podía visualizar la cara de sorpresa de Henry. Me estacioné en la entrada de la casa y bajé rápidamente del auto.

Uno de los guardias de seguridad me saludó con un respetuoso asentimiento antes de ayudarme a bajar los regalos.

-Por favor, déjalos aquí -dije con una sonrisa-. Yo misma los meteré.

-Sí, señora.

Inhalando profundamente, caminé hacia la puerta principal. Le di la vuelta a la llave con cuidado, procurando no hacer demasiado ruido.

-¿Henry? -llamé en voz baja. No hubo respuesta. Una sonrisa juguetona permanecía en mis labios. Tal vez estaba arriba.

Entré a la sala, pero mi sonrisa se desvaneció lentamente. Un vestido rojo yacía tirado descuidadamente en el suelo.

Fruncí el ceño. Eso no era mío. Mis ojos recorrieron la habitación. Un par de tacones altos. Otro vestido. Luego, una camisa de hombre.

Una sensación extraña y pesada se instaló en mi pecho.

-No... -susurré entre dientes. Tenía que haber una explicación. Quizá algún familiar de Henry había venido de visita.

Quizá... Me obligué a seguir caminando. Con cada paso hacia la escalera, aparecía más ropa.

Un sostén. Una tanga de encaje. Otra camisa. Mi respiración se volvió irregular. Los latidos de mi corazón retumbaban tan fuerte que resonaban dentro de mis oídos.

Por favor... Por favor, que no sea lo que estoy pensando.

Mientras más me acercaba a nuestra habitación, más claros se volvían los sonidos.

Risas suaves. Voces jadeantes. Seguidas de gemidos inconfundibles. De pronto, sentí los pies como si me pesaran toneladas de hierro.

Cada instinto me gritaba que diera la vuelta. Que corriera. Pero no pude. Con dedos temblorosos, alcancé lentamente la perilla de la puerta de la habitación.

En el momento en que la empujé, mi mundo entero se hizo pedazos. Henry estaba en nuestra cama. Tenía a una mujer en sus brazos, y esa mujer era Melanie.

La misma Melanie a la que me había presentado como su hermana menor. Estaba enredada a él como si ese fuera su lugar, mientras las manos de él descansaban posesivas en su cintura.

Ninguno de los dos notó mi presencia. Estaban demasiado perdidos el uno en el otro. Sentí que la sangre se me drenaba del rostro.

La habitación comenzó a dar vueltas. Esto no podía ser real. Tenía que ser una pesadilla.

Entonces Melanie soltó una risita.

-¿No te da miedo que tu esposa nos atrape? -preguntó. Henry soltó una carcajada despreocupada.

-¿A quién le importa? -respondió sin el más mínimo rastro de culpa-. Ya estoy harto de esconderme, de todos modos. Ya es hora de que sepa la verdad. -Hizo una pausa antes de añadir las palabras que me atravesaron directo al corazón-: Ella nunca ha sido más que una máquina de hacer dinero para mí. Tú eres la única mujer a la que he amado.

-Nunca he visto a una tonta como ella, está tan loca por ti que no usa el cerebro, es de lo más estúpida -se burló Melanie.

-Por eso jamás podría tener nada que ver con ella, ni siquiera podía tocarla porque me da demasiada repugnancia -dijo él, y ambos se rieron a carcajadas mientras continuaban cogiéndose.

Mi bolso se resbaló de mis dedos. Cayó al suelo con un golpe seco. El sonido resonó por toda la habitación.

Henry y Melanie se congelaron. Ambos se giraron hacia la puerta. El color desapareció instantáneamente de sus rostros.

Yo ya no podía escuchar nada. Ni mis latidos. Ni mi respiración. Solo el sonido de mi propio corazón rompiéndose.

Las lágrimas nublaron mi vista mientras rodaban libremente por mis mejillas.

Miré a Henry, luego a Melanie y de vuelta a él, rogando internamente que alguien me dijera que esto no estaba pasando. Que esto no era real. Que estaba soñando. Mis labios temblaron mientras luchaba por encontrar mi voz. Finalmente, las palabras escaparon en un hilo de voz quebrado.

-Dime... que no es verdad -alcancé a balbucear.

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  1. Capítulo 1Capítulo 1
  2. Capítulo 2Capítulo 2
  3. Capítulo 3Capítulo 3

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