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Capítulo 2 El tirano de la oficina
Apenas durmió tres horas. Entre los nervios, el viaje de regreso en taxi a su pequeño departamento y el miedo constante a que Julian Thorne hubiera descubierto quién era detrás de esa mascarilla gris, Chloe sintió que la noche pasó volando. Pero el dolor de cabeza no le dio tregua: el deber la llamaba. Hoy era su primer día formal en Thorne Group, y no podía darse el lujo de llegar ni un minuto tarde. Se paró frente al espejo del baño a las seis de la mañana. Tenía unas ojeras terribles. Sabía muy bien que en un ambiente corporativo como ese, las miradas y los chismes volaban rápido. Si quería sobrevivir a su doble vida, tenía que pasar completamente desapercibida. Nadie en esa empresa debía recordar su rostro, y mucho menos relacionarla con la misteriosa niñera que anoche estuvo parada en el penthouse del jefe. Abrió el armario y sacó la ropa que había preparado estratégicamente. Nada de faldas ajustadas ni vestidos elegantes. Se puso un pantalón de vestir negro, dos tallas más grande de lo que necesitaba, y una blusa de manga larga color crema, holgada y abotonada hasta el cuello. Para rematar, recogió su cabello castaño en un moño apretado y bajo, y se colocó unos lentes de marco negro bastante gruesos que casi le cubrían la mitad del rostro. Miró su reflejo y sonrió con amargura: parecía diez años mayor y absolutamente invisible. Justo lo que necesitaba. A las siete y cuarenta y cinco de la mañana, Chloe cruzó las puertas giratorias del imponente edificio de Thorne Group. El vestíbulo era un hervidero de empleados caminando a toda prisa, vestidos con trajes impecables y sosteniendo vasos de café caro. El lujo del lugar imponía respeto, pero el ambiente se sentía pesado, como si todos vivieran al borde de un ataque de nervios. Subió en el ascensor hasta el piso treinta y cinco, donde se encontraba la presidencia. Al salir, una mujer de unos treinta y cinco años, vestida con un traje sastre impecable y una postura rígida, la estaba esperando con una carpeta en la mano. -¿Chloe Silva? -preguntó la mujer, mirándola de arriba abajo con una ceja levantada, deteniéndose un segundo en sus lentes gigantes y su ropa holgada. -Sí, buenos días. -Soy Marta, la secretaria ejecutiva principal del señor Thorne -dijo sin perder el tiempo en saludos amables-. Camina conmigo. Te voy a explicar cómo funcionan las cosas aquí antes de que llegue el jefe, porque cuando él cruza esa puerta, nadie tiene tiempo para preguntas tontas. Chloe apretó su bolso contra el costado y siguió a Marta por el pasillo de piso alfombrado. -Tu puesto es de asistente junior -comenzó a explicar Marta a paso rápido-. Te encargas de filtrar llamadas, revisar la correspondencia inicial, coordinar los archivos de la junta directiva y asegurarte de que el café del señor Thorne esté en su escritorio a las ocho y diez en punto. Ni a las ocho y nueve, ni a las ocho y once. A las ocho y diez. -Entendido -asintió Chloe, tomando nota mental de cada detalle. Marta se detuvo frente a un escritorio de madera oscura ubicado justo al lado de una imponente puerta de cristal ahumado. -Escúchame bien, Chloe. Este no es un trabajo común -dijo Marta bajando la voz, adoptando un tono casi confidencial-. El señor Julian Thorne no es un hombre paciente. Aquí no hay espacio para equivocaciones. Un error en una cifra, una llamada mal transferida o un papel traspapelado y estás en la calle antes de que termine el día. La semana pasada despidió al asistente anterior porque se le olvidó incluir un anexo en un informe de inversión. No le importa quién seas ni de dónde vengas; para él solo importan los resultados. -He escuchado que es muy exigente -comentó Chloe intentando sonar neutral. -"Exigente" es decir poco. Es un tirano -soltó Marta sin rodeos-. No habla de su vida privada, no tolera la impuntualidad y aborrece la familiaridad. Así que te recomiendo algo: mantén la cabeza baja, responde solo lo que te pregunten y haz tu trabajo sin hacer ruido. Cuanto menos te note el señor Thorne, más tiempo vas a durar aquí. Esas palabras le cayeron a Chloe como un bálsamo. Saber que Julian odiaba la familiaridad y que prefería ignorar al personal secundario era la mejor noticia del día. Si se mantenía callada, eficiente e invisible, la probabilidad de que él conectara la mirada de su nueva secretaria con los ojos de la niñera nocturna era casi nula. De pronto, un murmullo tenso recorrió el pasillo largo. Los empleados que estaban cerca de los cubículos se pusieron de pie de inmediato o se pegaron a sus computadoras, evitando mirar hacia la entrada del piso. Marta se puso recta como una vela y le dio un leve toque en el brazo a Chloe. -Llegó -murmuró Marta. Chloe se giró despacio. Al fondo del pasillo, las puertas del ascensor ejecutivo se abrieron. Julian Thorne caminaba con el mismo paso firme, elegante e intimidante de la noche anterior. Vestía un traje de tres piezas gris oscuro que le quedaba a la medida, una camisa blanca impecable y la corbata perfectamente ajustada al cuello. Llevaba un maletín de cuero negro en una mano y la mirada clavada al frente, con un rostro frío que no transmitía el menor gesto de calidez. A Chloe se le aceleró el corazón. Verlo ahí, a plena luz del día y rodeado de la elegancia del mundo corporativo, producía un impacto brutal. Era exactamente el mismo hombre al que anoche ella había mirado desde la penumbra del penthouse, cubierta con una mascarilla quirúrgica. Julian pasó frente al escritorio de Chloe sin siquiera voltear a mirarla. Marta dio un paso al frente y se inclinó levemente. -Buenos días, señor Thorne. Los informes de la junta ya están sobre su mesa y la señorita Silva, la nueva asistente junior, ya se ha incorporado hoy. Julian se detuvo un segundo justo antes de abrir la puerta de su despacho. No se giró del todo. Solo giró un poco la cabeza, dejando ver su perfil afilado. Sus ojos grises barrieron el escritorio de entrada y se posaron un instante sobre Chloe. Chloe agachó la mirada de inmediato, ajustándose los lentes gigantes sobre la nariz y fingiendo revisar unos papeles con absoluta concentración. Mantuvo los hombros encorvados dentro de la blusa ancha, luciendo lo más insignificante posible. -Marta, quiero el reporte de pérdidas de la filial en el norte en diez minutos -dijo Julian con esa voz grave y cortante que hacía temblar a cualquiera-. Y que la nueva secretaria no me pase ninguna llamada externa a menos que sea de la junta directiva. -Entendido, señor Thorne. Sin decir una palabra más, Julian entró a su oficina y la puerta de cristal ahumado se cerró con un clic seco. Marta soltó un largo suspiro de alivio, como si hubiera estado aguantando la respiración todo ese tiempo. Miró a Chloe y le dio una palmadita en el hombro. -Bien hecho. Ni siquiera te preguntó el nombre. Sigue así y vas a sobrevivir la semana. Chloe dejó salir el aire que tenía atorado en el pecho. Sus manos, ocultas debajo del escritorio, estaban temblando levemente. Miró hacia la puerta cerrada del despacho de Julian y luego hacia el reloj de pared. Eran apenas las ocho y quince de la mañana. Tenía por delante casi diez horas de trabajo en la empresa y, tan pronto diera las seis de la tarde, tendría que correr a cambiarse para volver al penthouse a cuidar a la hija de ese mismo hombre. Estaba caminando sobre el filo de una navaja, pero mientras lograra mantener la distancia y su disfraz funcionara, no iba a dejar caer la guardia. La vida de su abuela dependía de que jugara bien sus cartas en esta cuerda floja.
Lista de capítulos
10 capítulos en total
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