/0/22054/coverbig.jpg)
Capítulo 3 Amor y odio
- No vine aquí para aguantar a paletos arrogantes - murmuró para sí misma, mientras daba un sorbo a un té caliente que parecía perder el sabor ante su propia frustración.
De repente, un estruendo seco cortó el sonido de la lluvia.
No era un trueno. El sonido provenía del exterior, seguido por un chirrido metálico agudo y el golpe sordo de algo pesado desplomándose contra la cerca del fondo de la propiedad.
Michele se sobresaltó, con el corazón latiéndole con fuerza contra las costillas.
Dejó la taza sobre la mesa de centro con sumo cuidado y tanteó en la penumbra hasta encontrar una pequeña linterna de pilas que había dejado en la estantería.
Sus instintos, curtidos por los años difíciles en la capital, se pusieron en alerta máxima.
¿Había alguien allí? Sujetando la linterna con firmeza, caminó hacia la puerta trasera, que daba al patio invadido por la hierba alta y los pinos frondosos.
El viento frío irrumpió en el pasillo en cuanto ella giró el cerrojo y empujó la pesada puerta de madera.
La lluvia le azotó el rostro al instante, empapándole el cabello. Apuntó el haz de luz amarillenta hacia la oscuridad.
Poco a poco, atravesando la cortina de agua, la escena se reveló: una de las ramas más gruesas de un pino centenario se había partido por la fuerza del viento y había caído sobre la cerca de madera, derribando también los cables eléctricos que conectaban el poste de transmisión con su casa.
Una chispa verdosa aún saltaba en el extremo del cable roto antes de extinguirse en el barro.
- Maldición... - susurró Michele, al darse cuenta de que se había quedado sin luz.
Antes de que pudiera retroceder hacia el interior, un haz de luz mucho más potente rasgó la oscuridad del patio vecino.
Una silueta encapuchada avanzaba por el barro, apartando los arbustos con pasos decididos.
Michele tensó el cuerpo y retrocedió un paso hacia el marco de la puerta, lista para cerrarla.
- ¡Oye! ¡Aléjate de ahí! - gritó una voz grave por encima del ruido de la tormenta.
La potente luz de la linterna iluminó de lleno el rostro de Michele, quien alzó la mano libre para protegerse los ojos del resplandor molesto.
Cuando la figura se acercó lo suficiente, ella reconoció la chaqueta de cuero y el cabello mojado pegado a la frente. Era Daniel.
Él se detuvo frente a los restos de la cerca, jadeante, con una herramienta pesada - una llave inglesa grande - colgando de la mano derecha.
Miró la rama rota, luego los cables que echaban chispas y, finalmente, clavó sus ojos oscuros en Michele.
- ¿Tiene usted el don de atraer problemas justo el segundo día, señorita Michele? - preguntó él, con un tono que mezclaba ironía y una evidente preocupación.
Michele se cruzó de brazos sobre el pecho, sintiendo que el cuerpo se le helaba no solo por la lluvia, sino por la osadía del hombre.
- Si hubiera sabido que mi «don» incluía vecinos entrometidos que aparecen en plena tormenta, habría traído un manual de instrucciones - replicó ella, sin bajar la voz para competir con el ruido de la lluvia. - ¿Qué hace aquí, Daniel? Su propiedad está allá abajo.
Lista de capítulos
19 capítulos en total
/0/25557/coverbig.jpg)
/0/16678/coverbig.jpg)
/0/24799/coverbig.jpg)
/0/22154/coverbig.jpg)
/0/12565/coverbig.jpg)
/0/22267/coverbig.jpg)
/0/26849/coverbig.jpg)
/0/26391/coverbig.jpg)
/0/26848/coverbig.jpg)
/0/23840/coverbig.jpg)
/0/23907/coverbig.jpg)
/0/23753/coverbig.jpg)