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Capítulo 2
Osborne
No fui a la plaza de la manada a buscar a mi pareja destinada no porque no tuviera la edad suficiente, sino porque ya tenía a alguien en mente. El problema era que cada vez que nos veíamos, no pasaba nada entre nosotros. No había ni rastro del vínculo ni del emparejamiento. Y lo odiaba.
Nadie parecía notarla de la misma forma que yo. Quizá por eso me aferraba tanto a ella. Esperé a que cumpliera dieciocho, a que por fin fuera mía… pero últimamente sentía que se me escapaba. A veces solo quería ir y reclamarla de una vez, sin esperar más.
Por eso, una vez más, me quedé en mi habitación mientras los demás salían. Alex se había ido, arrastrando a su novia. Me parecía extraño que tuviera una, pues todavía no había encontrado a su verdadera pareja. ¿Qué haría si por fin la encontraba? ¿O si su novia resultaba ser la pareja de otro? Ese tipo de desengaño podía arruinar a cualquiera.
Su padre se había encargado de que asistiera esa vez, pues quería que conociera a su pareja y aceptara el vínculo. De hecho, el Beta lo acompañó para cerciorarse de que así fuera.
Hacía un rato que se había ido y supuse que volvería pronto. A veces, esta casa se sentía demasiado vacía. Quizá debí acompañarlo, solo para verla como solía hacer, pues el simple hecho de pensar en ella me hacía sonreír.
Me encantaba su linda figura y esos lentes que le quedaban demasiado grandes. Cada vez que la veía, me costaba controlar mis instintos. Al principio pensé que solo estaba loco, pero no; era ella la que me provocaba. Cada centímetro de su cuerpo me llamaba. La forma en que se mordía el labio cuando estaba nerviosa me hacía querer estampar mis labios contra los suyos. Con solo imaginarlo, tenía una erección.
De pronto, Alex abrió la puerta de golpe y entró furioso. Las venas de su frente se le marcaban.
"¿Puedes creer con quién me emparejaron?", ladró, cerrando la puerta de un portazo.
Me reí. "¿Quién? ¿Alguien que conozco?".
Suspiró frustrado. "Esa gorda de mierda".
Al instante, perdí la sonrisa. Mi cuerpo se tensó y mi voz se volvió fría cuando me levanté de la silla. "¿Quién?", exigí saber, aunque ya temía la respuesta.
Él vaciló, notando el cambio en mi actitud. "Ya sabes... Aina", murmuró.
No lo dejé terminar.
Golpeé la mesa con el puño con tanta fuerza que se agrietó. Apreté los dientes, conteniendo las ganas de golpear a Alex en ese mismo instante. La rabia me consumía como una tormenta. ¿Qué demonios acababa de decir?
"¿Cuál es tu problema?", preguntó, ahora realmente confundido.
Mientras yo respiraba con dificultad, tratando de calmarme, la puerta volvió a crujir y Miranda entró.
"¿Ya se lo dijiste?", preguntó a Alex con una risita maliciosa. "Y asegúrate de contarle cómo la rechazaste".
Me giré hacia ella. "¿La ha rechazado?", inquirí, con voz baja y peligrosa.
Incluso Miranda se quedó paralizada, con los ojos fijos en Alex y en mí, sintiendo la tensión en el aire.
Él asintió despacio.
"¿Por qué estás tan alterado?", cuestionó, frunciendo el ceño, sin entender lo que había provocado.
Cerré los ojos y respiré hondo. Tuvo suerte, porque estuve a punto de hacer algo de lo que me arrepentiría.
"Nada", murmuré por fin. "Solo recordé algo de lo que tengo que ocuparme".
Tomé una de las llaves del auto del gancho y salí, dejándolos atrás en medio del silencio y la confusión.
Conduje directamente hacia la plaza de la manada, con el instinto diciéndome que ella seguía allí. ¿Qué haría cuando la viera? Maldita sea, tendría que contenerme.
Me detuve y observé a los amantes alejarse, tomados de la mano, embriagados por la conexión. Algunos de ellos se enredarían entre las sábanas antes de medianoche, reclamándose de formas que yo no conocía. La idea hizo que se formara un nudo de amargura en mi pecho.
Caminé despacio hacia la plaza de la manada y, justo allí, la encontré.
Estaba justo donde imaginé que estaría. Aina.
La encontré parada en medio del lugar, inmóvil, como una estatua tallada en el desamor. Sola, como siempre. Pero vi que su espalda temblaba, solo un poco. Y eso era suficiente. Podía sentir cómo se desmoronaba, incluso desde esa distancia.
Nunca antes me habían rechazado. No tenía idea de cuánto podía doler algo así; al final, solo quienes habían pasado por eso entendían realmente esa sensación. ¿Pero verla sufrir por otro hombre? Eso... eso fue como si una cuchilla me atravesara el pecho.
Por un idiota que ni siquiera la valoraba y la llamaba gorda, un tipo que se paseaba con otra mujer delante de ella como si fuera invisible. Por alguien demasiado ciego para ver la joya que había dejado escapar entre sus dedos.
Entonces me quedé allí, escondido, observándola en silencio, sin cesar, como siempre lo hacía con ella. La forma en que se afligía en solitario, conteniendo las lágrimas que ardían por ser liberadas, despertó algo primario en mí.
Y cuando el sol se puso, dejando solo el azul del crepúsculo, sonreí para mis adentros. 'Ya es suficiente, mi dulce amor', pensé.
Entonces, pronuncié su nombre en voz alta: "Aina".
Ella se giró al oír mi voz. Sus ojos se clavaron en los míos, abiertos, sobresaltados, y en ese momento la corriente que me recorría se intensificó, dejándome casi sin aliento.
Le sonreí, pero ella no supo qué hacer con su expresión. Una docena de emociones cruzaron su rostro al mismo tiempo: sorpresa, sospecha, confusión. Era adorable.
Me acerqué a ella despacio, con determinación. Luego me detuve, inclinándome lo suficiente para que sus ojos pudieran encontrarse con los míos, incluso detrás de sus lentes.
"Aina", repetí, con voz baja y segura. "Es bueno que te haya rechazado".
Vi el parpadeo en sus ojos, el escozor del dolor reflejado en ellos. Su respiración se entrecortó, como si no supiera si llorar o abofetearme. Sus labios temblaron mientras se mordía el labio inferior, tratando de estabilizarse.
Dios, quería besarla en ese mismo instante.
Pero le di lo que de verdad necesitaba.
"Porque yo mismo lo habría matado si no lo hubiera hecho".
Abrió los ojos de par en par e intentó hacer contacto visual conmigo, como si no estuviera segura de haberme oído bien.
Pero cada maldita palabra era cierta.
Lista de capítulos
175 capítulos en total
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