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Capítulo 2

Julia Un mes después... -¡Taxi! ¡Taxi! -llamo con la voz alzada, corriendo como una loca porque, como siempre, voy contra el reloj-. ¡Gracias por esperar! -digo, acomodándome en el asiento trasero del coche, y en cuanto arranca, miro la fachada del hospital que dejo atrás con el corazón partido. La arquitectura siempre ha sido mi gran sueño, y trabajar para una empresa de gran envergadura que pueda consolidar mi nombre en este mercado es todo un logro. Sin embargo, todos esos sueños quedaron congelados en el instante en que hablé con el cardiólogo y me informó de que mi hijo tiene los días contados si no se somete a un trasplante de corazón con urgencia. Así que, desde entonces, he estado trabajando como una loca. Horas extra tras horas extra para aumentar mis ingresos y así poder reunir una cifra exorbitante que salve la vida del único amor de mi vida. Con tanto trabajo, me quedan pocas horas de descanso, y esas se las dedico a mi hijo, pasando noche tras noche dentro de un hospital con él. Pero esta noche no. Pienso desolada, al recordar su mirada triste reclamándome un poco más de mí. -¿Cómo está? -le pregunto a Melissa por teléfono, mientras espero la última reunión del día. -Ahora está durmiendo. ¿Vas a tardar? Resoplo fuerte. -Mi jefe quiere hacer una reunión de última hora. Creo que es sobre el nuevo proyecto que quieren sacar adelante. Parece que van a elegir a algunos arquitectos en concreto para trabajar directamente con él. -Madre mía, amiga, ¡si ya trabajas muchísimo! ¿De verdad crees que vas a tener tiempo para otro proyecto más? Resoplo, cansada. -No estoy segura de que me vaya a elegir a mí, Mel. Soy nueva y siempre ando llegando sobre la hora. Ya sabes cómo funcionan estas cosas. Pero no te voy a mentir, de verdad necesito algo más. El tiempo corre sin piedad y Alex... -me lamento con un suspiro cansado. -Piensa en positivo, Julia -Melissa, como siempre, me da ánimos-. Eres una de las mejores arquitectas que conozco, y estoy segura de que te van a elegir para ese proyecto. Sonrío ante esa confianza suya. -Díselo a mi jefe, que es un arrogante y un egocéntrico -refunfuño, seguido de una respiración profunda. Sin embargo, un carraspeo detrás de mí me hace girarme, y palidezco al ver que se trata de uno de los socios de Bennett Designer S. A. -Ay, tengo... que colgar ya -le aviso a mi amiga con la voz temblorosa. Y sin esperar respuesta, cuelgo de inmediato-. ¿Señor Abravanel? -susurro un tanto azorada. -¡Señorita Ricci! -me saluda, y yo, avergonzada, bajo la mirada-. La reunión está a punto de empezar -avisa con un tono bajo, pero firme. Asiento con un sí sutil. -Claro que sí. Ya... voy para allá -él asiente ahora levemente con la cabeza, alejándose de mí, y solo entonces suelto el aire que tenía retenido en los pulmones. -¡Maldición! -refunfuño, aún más desanimada tras eso, y me obligo a entrar en la sala de reuniones. -Bueno, ¿ya estamos todos? -inquiere el señor Bennett, mirándome con cierta dureza mientras camino hacia una de las sillas-. ¿Podemos empezar de una vez esta reunión? -masculla de mal humor, acomodándose en su silla mientras yo tomo asiento en la mía-. Como todos ya saben, tenemos un gran proyecto entre manos, y nos gustaría elegir, entre los nuevos de la empresa, al mejor para esta nueva obra. Para eso, recibirán un archivo con algunas ideas sobre este diseño. Lo que quiero es que idealicen y visualicen cada detalle de este proyecto. Tráiganme ideas innovadoras, algo que me convenza de que su propuesta es lo mejor que se puede hacer. Los tres mejores diseñadores recibirán este encargo y una bonificación extra por el trabajo. ¿Alguna pregunta? -la mirada firme de David Bennett recorre la mesa, deteniéndose en cada empleado en busca de dudas. Yo tengo una. Pienso, pero no me atrevo a decirla. ¿Cómo voy a hacer esto encerrada en una habitación de hospital, mientras acompaño a mi hijo, que lucha por su propia vida? No importa, Julia. Habrá una bonificación por este trabajo, y necesitas todo el dinero que puedas reunir para salvar la vida de tu hijo. Suspiro en voz baja, hojeando las páginas del proyecto, y descubro que Bennett no exageró cuando dijo que era algo grande. Un hotel de lujo con todo tipo de zonas de ocio, comercios y habitaciones en un lugar privilegiado cerca de playas que son prácticamente pedazos de paraíso aquí en la tierra. -¡Tienen tres días! -anuncia con un tono demasiado tajante, despertándome de golpe. ¿¡TRES DÍAS!? grita mi cerebro. Sin embargo, el jefazo se levanta de su silla y se marcha, dejando al equipo dentro de la sala aturdido y perdido entre murmullos de duda y quejas. Miro la hora en mi reloj de pulsera. No tengo tiempo para esto ahora. Pienso, ansiosa, recogiendo el material que acabo de recibir, y lo meto todo en el bolso, saliendo apresurada de la empresa directa al hospital. **** Jamás pensé que volvería a sentir este miedo. Pienso en cuanto entro en la habitación del hospital y encuentro a Alex durmiendo tranquilo en una cama estrecha. Perder a su padre prácticamente me destrozó por dentro, y tuve que recomponer mis pedazos yo sola para soportar su pérdida y así recibir la vida que él me dejó. Pero ahora, esa vida está a punto de escapárseme también a mí. Es angustioso no poder hacer nada. Me aterra tener las manos atadas, y me duele tener que sonreír cuando lo que quiero es llorar. -¡Ah, ya llegaste! -susurra Melissa en cuanto nota mi presencia en la habitación del hospital. Y, como siempre, me abraza con calidez. Sin embargo, no aparto la vista de encima de mi niño.

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  2. Capítulo 2Capítulo 2
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