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Capítulo 1
El aire en el hospital público olía a desinfectante y desesperación, un olor que ya se me había pegado a la piel.
«Ciento cincuenta millones de pesos», dijo el médico, sin mirarme a los ojos.
La cifra flotó en el aire, pesada, imposible.
«Es lo que cuesta el trasplante de corazón que necesita su hermano».
Leo, mi hermanito, dormía en la cama con un tubo en la nariz. Su pecho subía y bajaba con una fragilidad que me partía el alma. Tenía solo diez años.
Salí del hospital. El sol de Medellín quemaba, pero yo sentía un frío por dentro que no se iba con nada.
Ciento cincuenta millones de pesos. Yo, Sofía, una inmigrante venezolana sin papeles, ganaba una miseria limpiando apartamentos de lujo. Era una suma que no vería en diez vidas.
Mis pies me llevaron solos a la iglesia del barrio, un lugar pequeño y humilde. Me arrodillé frente a una virgen de yeso con la pintura desconchada y recé. Recé con la fuerza de una bestia acorralada, no con fe, sino con pura necesidad.
«Por favor, por favor, un milagro».
Una mano tocó mi hombro. Me giré. Era Camila, mi compañera de trabajo.
«Sofía, te vi entrar», dijo con una voz suave, casi un susurro. «Escuché lo de Leo».
Asentí, incapaz de hablar. Las lágrimas que había contenido en el hospital amenazaban con salir.
«Hay una oportunidad», continuó, acercándose más. «Mis tíos, Don Eladio y Doña Inés... su hijo acaba de morir. Están destrozados».
La miré, sin entender a dónde quería llegar.
«Quieren hacer una velación de santo. Es un ritual antiguo para que el alma del difunto descanse en paz. Necesitan a una virgen para que pase la noche con el cuerpo. Para purificar su alma antes del entierro».
Me quedé helada.
«¿Qué estás diciendo, Camila?».
«Pagan bien, Sofía. Muy bien», su voz era insistente. «Doscientos millones de pesos».
Doscientos millones. La cifra eclipsó el horror de la propuesta. Era más que suficiente para el trasplante de Leo. Era su vida.
«Es solo una noche. Estarás en una habitación con el cuerpo. Nadie te tocará. Es un acto de fe, de pureza».
Mi fe. La misma que me tenía de rodillas pidiendo un milagro. ¿Era este el milagro? ¿Un pacto macabro disfrazado de ritual sagrado?
Miré a la virgen de yeso. Sus ojos pintados parecían juzgarme.
Pero luego pensé en Leo, en su respiración débil.
«Acepto», dije, y sentí como si una parte de mi alma se rompiera.
Lista de capítulos
11 capítulos en total
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