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Capítulo 3 Lobo faldero

Pasaron días en que no salí de mi castillo y estuve sola con mi dulce esclava, era extraño pero me sentía cada vez más cercana a ella, hablamos de cosas que nunca le conté a nadie, como mi familia humana, que el último de ellos murio en 1532, le conté del tiempo que quise hacerme pasar por humano utilizando el anillo del sol, reliquia obsequiada por mi creador, quien solo estuvo un año conmigo y luego me abandonó a mi suerte, años después me enteré que le habían clavado una estaca en el corazon, le conte sobre la cacería de vampiros, donde tuve que esconderme. Al mismo tiempo ella me contó sobre su familia, como eran malos con ella lo que la hizo huir, no dio muchos detalles sobre que tan malos eran, solo que era lo suficiente como para que quisiera huir. Tambien me contó que pasó una semana en las calles, hasta que encontró trabajo en un pequeño restaurante, yo no le preguntaba nada, ella solo lo decía de forma casi espontanea. Por otra parte no podía sacarme de la cabeza a Adrián, era ridiculo, lo había visto una vez, por no más de 2 horas considerando el tiempo que pasó siguiendome, y aún así, estaba clavado en mi mente como una estaca que me mataba lentamente, nunca lo admitiría en voz alta pero necesitaba verlo. Un día cuando daba mi paseo matutino por mi jardin de rosas, vi que algo se movía entre los matorrales, no le di importancia, seguramente era un conejo o algo así, mi fortaleza era impenetrable, elisa me seguía de cerca. De repente algo salió de entre los matorrales era Adrián - ¿Qué haces aquí? - le pregunté-  no deberías estar aquí-  enfaticé -Vine a verte, ya no podía estar sin ti. -¿ De qué estás hablando? - hablo de ti y de mí, ¿de qué más?  O me vas a decir que tú no lo sentiste. - ¿sentir qué?, estás loco. -Loco estoy, por ti, Majestad. -¿Quién es él?  Su Majestad-  preguntó Elisa tímidamente. - él no es nadie, y ya se iba - yo no voy a ninguna parte - dijo Adrián. - entonces tendré que llamar a seguridad-  dije con seriedad. - llámalos, esos humanos débiles, ¿en serio crees que podrían conmigo? A todo esto ¿por qué no tienes vampiros como guardias?,  Eso sí sería más efectivo. - Eso no es de tu incumbencia,  Yo veré cómo trato a mi personal Y a quién contrato. -¿Contratas o esclavizas?  quizás por eso no tienes a vampiros como sirvientes,  son más difíciles de controlar tu encanto no serviría en ellos. - no tengo que usar mi Encanto para controlar a mi personal-  dije ofendida. Adrián sonrió apenas, como si mi molestia le resultara divertida en lugar de amenazante. -Claro que no -respondió con calma-. Tú no necesitas encantarlos... solo necesitan tenerte miedo. Mis ojos se oscurecieron peligrosamente. -Estás cruzando un límite, lobo. El ambiente se tensó de inmediato. Elisa, que hasta ese momento había permanecido en silencio, dio un pequeño paso hacia atrás, pero no se alejó del todo. Podía sentir su nerviosismo... y también algo más. Algo parecido a los celos. -¿Y qué vas a hacer? -replicó Adrián, avanzando un paso-. ¿Echarme? ¿Matarme? Porque si fuera tan simple, ya lo habrías hecho. Apreté los dientes. Maldito. Tenía razón. -No me tientes -murmuré -No soy una vampiro cualquiera, por eso soy la reina, podria descuartizarte en tres tiempos. Elisa intervino entonces, con una voz suave pero firme, lo suficiente para llamar nuestra atención. -Majestad... Ambos la miramos. -Quizás... no es necesario pelear. Fruncí el ceño. -Esto no es asunto tuyo esclava. -Soy su esclava de sangre -respondió, bajando la mirada solo un instante antes de volver a alzarla-. Mi deber es velar por usted... en todos los sentidos. Adrián soltó una risa baja. -Interesante -dijo, observándola con atención-. No es una simple humana. Di un paso al frente, colocándome ligeramente delante de Elisa, en un gesto casi instintivo. -No la mires. Elisa notó el gesto y sonrió levemente. Ese pequeño detalle... no pasó desapercibido para ninguno de los dos. Adrián ladeó la cabeza, analizándome. -Así que también proteges lo que es tuyo. -Ella no es un "algo". -No -corrigió él con calma-. Pero tampoco es libre. El silencio cayó como un golpe. Elisa bajó la mirada esta vez, más lentamente. -Yo elegí quedarme -dijo en voz baja. Lo miré de reojo. No había miedo en su voz. Adrián arqueó una ceja. -¿Elegiste? -Sí -respondió ella, más firme ahora-. Y no me arrepiento. Sus palabras me sorprendieron. Más de lo que estaba dispuesta a admitir. Adrián la observó unos segundos más... y luego volvió a mí. -Tienes algo que no esperaba, Sofía. -¿Y qué es eso? -Lealtad real. No respondí. Porque no sabía si lo decía como un cumplido... o como una advertencia. El viento atravesó el jardín, moviendo ligeramente los rosales a nuestro alrededor. Todo parecía en calma... pero la tensión seguía ahí, latente. -Ya viste lo que querías -dije finalmente-. Ahora vete. Adrián no se movió de inmediato. Su mirada se suavizó apenas, solo un instante. -No vine solo a mirar. Mi paciencia se agotaba. -Entonces habla. -Quiero un trato. Eso sí no me lo esperaba. -¿Un trato? -repetí, incrédula-. ¿Entre un vampiro y un hombre lobo? -Entre tú y yo. Elisa levantó la mirada de inmediato. Podía sentir su atención completamente enfocada en nosotros. -Escucho -dije con frialdad. Adrián dio otro paso más cerca. Demasiado cerca. -Déjame quedarme. Elisa contuvo la respiración. -¿Perdón? -No como enemigo -aclaró-. Como aliado... o lo que sea que esto es. Señaló nuevamente ese espacio invisible entre nosotros. -Estás completamente loco -respondí. -Puede ser -admitió-. Pero tú no me has echado todavía. Silencio. Otra vez ese maldito silencio cargado. Miré a Elisa. Ella me observaba con atención, expectante... como si supiera que esa decisión cambiaría algo importante. Volví a Adrián. -No confío en ti. -No te lo estoy pidiendo. -Y aun así quieres quedarte en mi territorio. -Quiero estar cerca de ti. Directo. Sin rodeos. Exasperante. Mi mirada se endureció... pero mi decisión no llegó de inmediato. Porque, para mi desgracia... Una parte de mí no quería que se fuera. Y eso era, sin duda, lo más peligroso de todo. -Elisa, sacalo de aquí, no quiero ver su asquerosa cara- Dije, por ser mi esclava de sangre elisa, sin saberlo, había desarrollado una fuerza sobre humana. -Sí, majestad, con gusto -Dijo enseguida con una sonrisa- Por favor acompañeme- le dijo a adrián. -Eres adorable, En serio que lo eres, creyendo que podrás contra mí.  Elisa lo tomó de un brazo y lo arrastró hacia el interior del Castillo para sacarlo por la entrada principal,  Adrián la miró sorprendido era imposible que un humano común y corriente pudiera arrastrarlo de esa manera, Había algo en esa chica, algo especial, algo sobrenatural,  entonces recordó que había dicho que era la esclava de sangre de Sofía " Quizás por eso tiene esa fuerza,  quizás una esclava de sangre es más que solo un objeto que obedece" pensó mientras era arrastrado. - por favor no vuelva - dijo Elisa cuando ya estaban en la entrada principal. - lo siento por ti bonita,  pero yo no me voy a ir de aquí - su majestad quiere que salga de aquí, no quiere verlo. -Pues mala suerte,  Yo no soy su subordinado,  a mí no me manda ella,  así que puedo hacer lo que se me dé la regalada gana. - por favor señor, si no se va tendre problemas. -Ella dijo literalmente "sácalo de aquí"  tú cumpliste con su orden,  me sacaste del lugar en el que estaba,  tranquila,  me mantendré escondido para que no tengas problemas,  pero yo de aquí no me voy.

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Lista de capítulos

26 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 El encuentro
  2. Capítulo 2Capítulo 2 La esclava de sangre
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Lobo faldero

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