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Capítulo 2 El Latido Triplicado
El aire en la sala de espera de la clínica de fertilidad era helado y aséptico. Olía a antiséptico mezclado con el perfume denso que Sofía se había aplicado antes de salir de casa, un intento desesperado por cubrir el aroma de su propia ansiedad. Mateo mantenía su mano entrelazada con la de su esposa, sintiendo los espasmos involuntarios de sus dedos cada vez que la puerta del consultorio se abría y llamaban a otro paciente. A pesar de que el evento de su aniversario la noche anterior había sido un éxito impecable ante las cámaras de la prensa y las sonrisas falsas de los socios, ninguno de los dos había logrado dormir más de un par de horas. El fantasma de la incertidumbre aguardaba en esa cita matutina. -Señores Valente, el doctor los atiende ahora -anunció la recepcionista con una sonrisa practicada. Sofía se puso de pie de golpe, como si una descarga eléctrica la hubiera atravesado, y Mateo la tomó del brazo con suavidad para amortiguar el impulso. Entraron al despacho del doctor Arismendi, un hombre de sienes plateadas cuya reputación como el mejor especialista en reproducción asistida de la región era la última carta que les quedaba por jugar. -Mateo, Sofía, por favor, tomen asiento -dijo el médico, quitándose las gafas de lectura y ajustando la carpeta de expediente sobre su escritorio. La tensión en la habitación se volvió sofocante. Mateo notó cómo Sofía clavaba sus uñas en el cuero del sillón, con la mirada fija en los labios del doctor, esperando el veredicto que definiría su destino dentro de la familia. -Sé que las últimas semanas han sido una tortura de espera para ambos -comenzó el doctor Arismendi, apoyando las manos sobre la mesa-. Recibimos los resultados de la prueba de sangre esta mañana y hemos revisado los niveles hormonales de Sofía tras la última implantación. -Doctor, por favor, no dé rodeos -interrumpió Sofía, con la voz quebrada por un hilo de pánico-. Díganos si volvió a fallar. Necesito saberlo ya. El médico sonrió levemente, una reacción que tomó por sorpresa a Mateo. -No falló, Sofía. El resultado de la gonadotropina coriónica es extraordinariamente alto. Felicidades, estás embarazada. Un silencio denso cayó sobre el despacho. Sofía se llevó las manos a la boca, soltando un ahogado sollozo que había estado conteniendo durante años. Mateo sintió que un peso descomunal se desprendía de su pecho; una oleada de alivio absoluto lo recorrió por completo. Se inclinó hacia su esposa, besándole la frente con ternura mientras las lágrimas de ella mojaban la manga de su saco. -¿De verdad? ¿Está seguro? -preguntó Mateo, buscando confirmación en los ojos del médico. -Completamente seguro. Pero hay un detalle muy importante que debemos verificar de inmediato -respondió el doctor Arismendi, poniéndose de pie-. Los niveles hormonales son atípicamente elevados, muy por encima de los parámetros de una gestación única. Si me acompañan a la sala de ultrasonido, veremos exactamente qué está pasando allí dentro. Sofía se acomodó en la camilla de exploración mientras la asistente aplicaba el gel frío sobre su vientre plano. Mateo se colocó a su lado, sosteniendo su mano con fuerza mientras la pantalla del ecógrafo se encendía, iluminando la penumbra del cuarto con tonos grises y ruidosos patrones de onda. El doctor Arismendi movió el transductor con lentitud. Su rostro, enfocado en la pantalla, pasó de la tranquilidad a una expresión de concentrada fascinación. -Vaya... -murmuró el especialista, ajustando el contraste del monitor. -¿Pasa algo malo, doctor? -preguntó Sofía de inmediato, volviendo a tensarse por completo. -No, no hay nada malo. Es solo que el tratamiento funcionó con una eficacia abrumadora -dijo Arismendi, marcando varios puntos en la pantalla negra-. Miren aquí. Este es un saco gestacional con su embrión. Pero si muevo el transductor un par de centímetros hacia la derecha... encontramos un segundo saco. Mateo frunció el ceño, observando la pantalla con los ojos muy abiertos. -¿Gemelos? -preguntó Mateo, sintiendo un vuelco en el corazón. -Esperen un momento -intervino el médico, manipulando la sonda hacia la parte superior del útero-. Aquí hay un tercer saco perfectamente implantado y con actividad cardíaca propia. Señores Valente, no están esperando un bebé. Tienen un embarazo múltiple. Son trillizos. El sonido del eco-Doppler llenó la habitación de repente. Un galope acelerado, rítmico y triplicado resonó por los altavoces de la máquina: thump-thump-thump, tres latidos independientes latiendo en perfecta sincronía dentro del cuerpo de Sofía. Sofía se quedó paralizada, mirando el monitor como si no pudiera procesar la imagen de las tres pequeñas sombras rodeadas de círculos de medición. La sorpresa inicial en su rostro dio paso a un destello indescifrable: no era solo el shock de la maternidad, sino la rápida y helada comprensión del poder que esa noticia ponía en sus manos. -Trillizos... -susurró Mateo, estupefacto, sintiendo cómo una mezcla de orgullo, asombro y una profunda responsabilidad lo embargaba. Tres herederos de golpe. La respuesta definitiva a las dudas de la junta directiva, la consolidación inquebrantable de su dinastía. -Es un embarazo de alto riesgo debido a la naturaleza múltiple -advirtió el doctor Arismendi, imprimiendo la tira de imágenes del ultrasonido y entregándosela a Mateo-. Sofía necesitará reposo absoluto, controles semanales y un seguimiento sumamente riguroso a medida que avance la gestación. Pero los tres embriones se ven fuertes y con un desarrollo impecable para esta etapa. Salieron de la clínica envueltos en un ambiente irreal. El sol de la mañana brillaba con fuerza sobre el estacionamiento privado, pero para Mateo el mundo entero había cambiado de eje. Subieron al vehículo y, por unos minutos, ninguno de los dos pronunció palabra. Mateo observaba la fotografía en blanco y negro con las tres pequeñas marcas impresas. -Tres -murmuró Sofía desde el asiento del copiloto, mirando hacia la ventana-. Tres bebés, Mateo. Esto cambia absolutamente todo. -Esto lo arregla todo -corrigió Mateo con firmeza, girándose hacia ella con una sonrisa iluminada por el entusiasmo-. Morales, los accionistas, las dudas de la familia... nadie podrá cuestionar nuestra posición ahora. Es un milagro, Sofía. Sofía se giró para mirarlo. En el fondo de sus ojos oscuros no había la misma devoción desbordante que en los de su marido, sino un cálculo sereno y distante. Apretó la tira del ultrasonido contra su regazo, acariciando el papel térmico con la punta de los dedos. -Sí -dijo ella en voz baja, esbozando una sonrisa que no llegó a reflejarse en su mirada-. Es el milagro que estábamos esperando. Hay que celebrarlo esta misma noche. Debes decírselo a Gabriel cuanto antes.
Lista de capítulos
69 capítulos en total
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