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Capítulo 2

A la mañana siguiente, una notificación de transferencia bancaria iluminó la pantalla de mi teléfono. Cinco millones de pesos. De Máximo Castillo.

No entendía. Su desprecio había sido claro, pero el dinero estaba ahí. ¿Era una especie de juego cruel? ¿Una forma de demostrar cuánto poder tenía ahora, que podía tirar cinco millones como si no fueran nada?

No importaba. El dinero era un respiro, una oportunidad de pagar la primera ronda de diálisis.

El hospital estaba lleno, como siempre. Mientras esperaba mi turno, vi una figura familiar cruzando el pasillo. Era Máximo. Y a su lado, colgada de su brazo, estaba Scarlett Salazar, su prometida, una socialité cuya cara aparecía en todas las revistas.

Mi instinto fue esconderme, pero era demasiado tarde. Sus ojos se encontraron con los míos.

Me di la vuelta, intentando caminar en la dirección opuesta, pero su voz me detuvo.

"Lina."

Me giré lentamente. Él se acercó, su rostro una máscara de ira contenida. Scarlett lo seguía, mirándome de arriba abajo con una mueca de asco.

"¿Qué haces aquí?", espetó Máximo. "¿Vienes a gastar mi dinero?"

"Scarlett tuvo una leve intoxicación alimentaria," continuó, sin esperar mi respuesta. "La traje para asegurarse de que todo estuviera bien."

"Veo que no perdiste el tiempo," dijo Scarlett, su voz goteando veneno. "¿Ya te gastaste los cinco millones? Máximo me compró un collar de diamantes por diez veces esa cantidad la semana pasada. Tal vez si ruegas un poco más, te dé para pagar el alquiler."

Me sentí débil, un sudor frío recorría mi espalda. La enfermedad me estaba consumiendo.

"Necesito más dinero, Máximo," susurré, la desesperación ahogando mi orgullo. Era la única mentira que podía mantener, la única que él creería.

Su rostro se endureció aún más. "¿Más? ¿No tienes vergüenza?"

Scarlett soltó una risita. "Cariño, es obvio que no. Mírala. Es patética."

Intentó apartarme, empujándome con el hombro. Perdí el equilibrio. Caí al suelo, y mi bolso se abrió, esparciendo su contenido por el suelo pulido del hospital.

Entre mis llaves y mi cartera, quedó expuesto el informe médico. Las palabras "INSUFICIENCIA RENAL CRÓNICA" estaban en negrita, imposibles de ignorar.

Máximo se quedó helado por un segundo. Luego, su rostro se contorsionó en una furia absoluta.

"¿Ahora inventas una enfermedad?", gritó, su voz atrayendo las miradas de todos. "¡Eres increíble! ¡Harías cualquier cosa por dinero! ¡Lárgate de mi vista, estafadora!"

Se agachó, recogió el papel y lo arrugó en su puño. Luego se dio la vuelta y se alejó con Scarlett, dejándome sola en el suelo, rodeada de las ruinas de mi vida.