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Capítulo 1
Dejé a mi hija, Valentina, en la peluquería a las cuatro de la tarde. Le di un beso en la frente, ella me sonrió con esa boca a la que le faltaban dos dientes de leche y me dijo "adiós, mami". Su voz era música. La vi sentarse en la silla alta, envuelta en una capa rosa, lista para su primer corte de cabello de "niña grande". Me fui con el corazón lleno, pensando en qué haría de cenar para celebrar. Esa fue la última vez que la vi completa.
Menos de una hora después, mi teléfono sonó. Era un número desconocido.
"¿Señora Sofía Romero?"
"Sí, soy yo."
"Hablamos de la peluquería 'Estrellitas'. Necesita venir de inmediato. Hubo un... un accidente con su hija."
La voz del otro lado era puro pánico. Mi corazón se detuvo. Un accidente. ¿Se cayó? ¿Se cortó un poco? Corrí hacia mi auto, las llaves temblaban en mi mano. Conduje como una loca, sin respetar semáforos ni señales de alto. Cada segundo era una eternidad de tortura.
Cuando llegué, la entrada estaba acordonada con cinta amarilla de la policía. Había dos patrullas y una ambulancia. El pánico se convirtió en terror puro. Empujé a un oficial que intentó detenerme y entré corriendo.
El olor me golpeó primero, una mezcla metálica y dulce. Sangre. Por todas partes. En el piso de baldosas blancas, en la silla rosa donde había dejado a mi hija, en las paredes. Y en el suelo, junto a la silla, había un pequeño bulto cubierto por una sábana blanca, manchada de rojo.
Grité su nombre. Grité hasta que mis pulmones ardieron.
"¡Valentina! ¡Mi niña!"
Me arrodillé, queriendo arrancar esa sábana, pero unas manos fuertes me sujetaron. Eran los policías.
"¡Suéltenme! ¡Es mi hija! ¡¿Qué pasó?! ¡¿Quién le hizo esto?!"
Una mujer, la dueña de la peluquería, estaba en un rincón, llorando histéricamente. A su lado, una detective de rostro severo se acercó a mí. Era la Comandante Elena Mendoza.
"Señora Romero, cálmese. Necesitamos que vea algo."
Me llevaron a un pequeño cuarto en la parte de atrás. Sobre un escritorio había una laptop abierta. La detective le dio play a un video. Era de la cámara de seguridad. La imagen era granulada, pero clara.
Era yo.
En el video, estaba yo, de pie junto a la silla de Valentina. Pero mi rostro... mi rostro estaba torcido en una mueca que no reconocí. Una mueca de furia. En mi mano, sostenía unas tijeras. El video me mostraba levantando las tijeras y luego... la imagen se cortaba justo cuando el movimiento descendía hacia mi hija.
"No", susurré. "No, no, no. Eso no es real. Eso está editado. ¡Yo no estaba aquí!"
La detective me miró sin expresión.
"El video es claro, señora. La dueña dice que usted regresó, que parecía... alterada. Y que luego escuchó los gritos."
"¡Está mintiendo!", grité, girándome hacia la dueña. "¡Diles la verdad! ¡Yo me fui! ¡Estaba en casa!"
Pero nadie me escuchaba. Mis palabras eran solo ruido. El video era la verdad de ellos. Me esposaron. El frío del metal en mis muñecas era irreal. Me sacaron de la peluquería, pasando junto a la sábana que cubría a mi bebé. Mi mundo se derrumbó.
Justo cuando me metían a la patrulla, llegó mi esposo, Ricardo. Sus ojos, normalmente llenos de amor, ahora me miraban con una mezcla de horror y acusación.
"Sofía... ¿qué hiciste?", su voz era un susurro roto.
"¡Ricardo, no fui yo! ¡Te lo juro! ¡Alguien me está incriminando!"
Pero él no me creyó. Pude verlo en su rostro. La duda, la condena. Me vio como me veían todos: un monstruo. La gente se había reunido, sus celulares levantados, grabando mi desgracia. Los flashes de las cámaras eran como golpes. El linchamiento había comenzado, y yo era la única acusada. La madre que había asesinado a su propia hija.
Lista de capítulos
11 capítulos en total
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