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Capítulo 3 - 3 -

James la miraba como si fuera una piedra preciosa. Y a ella siempre le habían gustado aquellos ojos, la mirada hambrienta, admirativa y cariñosa que él le dedicaba. Transmitían mucho más de lo que Alisson podía imaginar. Abrochó un botón lentamente y después el siguiente todavía más despacio, prolongando aquel momento. Dejó que sus dedos la rozaran, llevándola al delirio incluso a través de la tela que ya cubría su piel. Cuando llegó al último botón, la giró con brusquedad, apartó unos mechones de cabello de su rostro y la besó con voluptuosidad. Sus manos apretaron la cintura de Alisson como si ella pudiera caer en cualquier momento y él jamás fuera a permitirlo. Su lengua se adentró en la boca de la mujer, explorando cada rincón. Sus dulces besos lo atraían y lo excitaban; eran peligrosos, cargados de lujuria, deseo, pasión y aquella maldita atracción desenfrenada. Tomó aire junto a su labio inferior y ella soltó un gemido cuando él se apartó. -Vámonos antes de que lo perdamos todo -dijo al verla darle la espalda para buscar algo en lo que mirarse. Alisson era vanidosa y cuidaba muchísimo su cuerpo, su cabello y su piel. Por muy tarde que fuera, no saldría de aquella sala sin antes retocarse el maquillaje, arreglarse el pelo, acomodarse perfectamente la ropa, quizá recogerse el cabello, ponerse crema en las manos y las piernas y echarse perfume para disimular el olor de James y el aroma del sexo de unos minutos atrás. Miró hacia la puerta y puso los ojos en blanco. Por supuesto, James jamás esperaría a que terminara de arreglarse. -Hombres -murmuró, echándose el cabello corto hacia un lado-. Qué idiotas. James Collins, con veintiséis años, ya era uno de los arquitectos más prometedores de Tokio. Había terminado sus estudios pronto, se había especializado en distintas áreas y había construido una carrera sin depender de su familia, que vivía en Miami. Soltero, insistía en creer que encontraría una novia capaz de poner fin a la atracción que sentía por su mejor amiga. Alisson era su mejor amiga desde la secundaria. Él la había conocido en una etapa en la que sufría por el final de otra amistad importante y, desde entonces, había convertido su presencia constante en una especie de promesa: no permitiría que ella volviera a sentirse abandonada. El problema era que protegerla y desearla se habían convertido en sentimientos difíciles de separar. Alisson Sanchez era intensa, vanidosa, divertida y dueña de una personalidad imposible de ignorar. Cuidaba su cuerpo, su cabello y su apariencia con el mismo rigor que dedicaba a los estudios. Hablaba italiano, japonés y francés. Durante un tiempo había soñado con estudiar Medicina, pero descubrió en la Arquitectura una pasión inesperada y decidió cambiar de carrera, a pesar de la resistencia inicial de sus padres. Talentosa para el dibujo, los cálculos y la planificación, Alisson destacó rápidamente. La combinación de su creatividad con la mente técnica de James convirtió a ambos en un equipo con un enorme potencial. Solo le faltaban unos meses para terminar la universidad, pero su competencia ya le había ganado un lugar en la empresa y proyectos de gran responsabilidad. El proyecto que los había llevado hasta allí consistía en la renovación de una comunidad situada en un barrio abandonado de la zona sur. Sus habitantes llevaban tiempo enfrentándose a empresarios que pretendían comprar aquellos terrenos y levantar edificios con la excusa de «mejorar» la apariencia de Tokio. Aunque la ciudad contaba con muchos barrios elegantes, aquella zona seguía siendo tratada como una vergüenza porque incomodaba a ciertos turistas. James, sin embargo, veía potencial en el lugar. Una reforma bien planificada podía mejorar el barrio sin expulsar a nadie de su casa ni dejar a miles de personas en la calle. Alisson estuvo completamente de acuerdo y comenzaron los planos. Seis meses después, el trabajo estaba terminado y listo para presentarlo ante todos los presentes en la sala de reuniones. James estaba decidido a convencerlos a cualquier precio. Necesitaba que aquellos hombres importantes entendieran que, con reformas puntuales y una planificación cuidadosa, no hacía falta demoler todas las viviendas ni expulsar a miles de personas de sus hogares solo para que la ciudad pareciera «más bonita». Solo estaba esperando a Alisson. De pie frente a la mesa mientras todos conversaban, James sabía que llegaban tarde, y eso lo irritaba tanto a él como a Miranda, que intentaba mantener la atención de los empresarios y del gobernador presente para «evaluar» la situación. Sus ojos brillaron cuando vio a Alisson atravesar la puerta con una sonrisa tímida y una mirada firme. Todos la observaron del mismo modo. Su ropa volvía a estar perfectamente colocada y su corto y llamativo cabello tenía un desorden sexy. James suspiró, intentando no perder el control. Jamás lograría hacer una presentación con la polla dura. Aquello era una tortura. Finalmente les dieron la oportunidad de hablar sobre el proyecto. Alisson se inclinó para ajustar el monitor sobre la mesa, dejando a la vista un escote sencillo, nada vulgar, pero aun así sexy e irresistible. James comenzó a explicar sus ideas. De vez en cuando, alguno de los interesados hacía una pregunta y él respondía, o Alisson intervenía con dulzura, siempre sonriendo y gesticulando con las manos de una forma que cautivaba a todos. Llevaban casi un año trabajando en aquel proyecto. Tal vez habrían tardado menos si, cada vez que se ponían a trabajar juntos de noche, no acabaran follando como locos sobre una cama o en cualquier rincón del apartamento. Algunos de los hombres presentes desviaban constantemente la mirada de James y del proyecto para observar a Alisson y el escote especialmente atractivo que llevaba aquel día. No era vulgar ni indecente, pero seguía siendo sensual y ella lo sabía. Mientras James explicaba cada parte de lo que habían construido con tanto esfuerzo durante casi un año, no podía evitar recordar que muchas noches comenzaban dibujando y exponiendo ideas y terminaban perdiendo el control, despertando sobre los enormes planos donde deberían haber estado trabajando, con marcas de sudor y de los orgasmos de ambos. ¿Cómo se suponía que iban a trabajar así? James explicó que, además de aquella comunidad, podrían ampliar el proyecto a distintos puntos de la ciudad, porque no era el único lugar que necesitaba reparaciones. Cuando Alisson tomó la palabra, consiguió la atención de todos. James esbozó una pequeña sonrisa al ver que uno de los interesados levantaba la mano apenas ella empezó a hablar. Claro, el proyecto era bueno, muy bueno, pero Alisson Sanchez era todavía más difícil de ignorar. Algunos aprobaron la propuesta de inmediato y otros dudaron, pero al final ganaron. James y Alisson acababan de conseguir que un proyecto saliera del papel para convertirse en realidad, una de las mayores satisfacciones para cualquier arquitecto en formación. Él dio las gracias y Alisson también. Ella no necesitó hablar demasiado; su trabajo se veía en cada plano. Habían conseguido el proyecto y ambos se sentían recompensados. Mientras estrechaban las manos de los hombres más interesados, James y Alisson se miraron durante un segundo. Solo ellos sabían lo que significaba aquella mirada: una celebración muy caliente en su apartamento. No una celebración cualquiera, sino una de las mejores, porque aquel proyecto había sido parte de sus vidas durante meses. Había tardado más de lo planeado, pero había valido la pena. Miranda se acercó a sus empleados con una sonrisa de evidente satisfacción. Estaba encantado ante la posibilidad de que su empresa se hiciera conocida en todo el mundo gracias a aquella pareja a la que un día había decidido darle una oportunidad. Más tarde tendría que agradecérselo a su esposa; había sido ella quien lo animó a visitar universidades y ofrecer oportunidades a los estudiantes. Aunque probablemente no diría lo mismo si supiera que él estaba perdiendo la cabeza precisamente por la universitaria que había ayudado a contratar. -Felicidades, muchacho. Un trabajo excelente. Me dará gusto ocuparme de la parte financiera; el proyecto es muy bueno -afirmó el hombre que había comprado el proyecto de renovación-. Espero que genere millones. -Sonrió mientras estrechaba la mano de James y luego miró a Alisson-. Será un placer trabajar con usted, señorita. -El placer será mío, señor. -Ella sonrió y le guiñó un ojo. El comprador dejó de reír, se mordió los labios y consideró que lo mejor era marcharse antes de hacer algo indebido. Alisson Sanchez no era una mujer con la que resultara fácil conversar demasiado tiempo sin perder la compostura. -Felicidades. Sabía que conseguirían este proyecto -dijo Miranda, estrechando la mano de James con una sonrisa-. Eres increíble. Me encantó el proyecto. Si no hubiéramos llegado a un acuerdo con ellos para financiar la obra, estoy seguro de que habría encontrado alguna manera de pagarlo todo. Espero que nos haga ricos. -Gracias. La presentación salió muy bien -celebró James sonriendo. Miranda rio. -Y usted también, señorita Sanchez. -Black sonrió de lado-. Hizo un trabajo excelente -dijo mientras se acomodaba la corbata y observaba el rostro de Alisson, que sonreía con inocencia. -Muchas gracias, pero yo no hice tanto. James fue quien...

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38 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 - 1 -
  2. Capítulo 2Capítulo 2 - 2 -
  3. Capítulo 3Capítulo 3 - 3 -

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