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Capítulo 3 Murmullos en el Salón

Al día siguiente, la casona principal de la manada amaneció con un movimiento más intenso de lo habitual. Desde las seis de la mañana, Valeria ya estaba en la cocina preparando los calderos de café y acomodando las bandejas con pan para los miembros del consejo que llegarían a la reunión con el Alfa. Su rutina no había cambiado en absoluto, pero el ambiente dentro de la casa se sentía diferente tras los eventos de la noche anterior. Mientras servía las jarras de jugo en la mesa central del comedor, escuchó los pasos de varias jóvenes que entraban a la estancia. Eran las sirvientas personales de las familias nobles y algunas de las amigas cercanas de Sienna. Pasaron por su lado conversando en voz baja, mirando de reojo hacia la mesa donde Valeria trabajaba. -Dice Sienna que en realidad el consejo ya tenía todo decidido desde hace meses -comentó una de las chicas mientras tomaba una taza de café-. No tenía sentido considerar a alguien que ni siquiera puede manifestar la presencia de su loba correctamente. -Es verdad -respondió otra de ellas, sentándose en una de las sillas laterales-. Con la presión que hay en las fronteras, la manada necesita una Luna con fuerza verdadera, no a alguien cuya loba vive dormida y no aporta nada a la guardia. Valeria continuó sirviendo el jugo sin interrumpir su tarea ni mirar hacia el grupo. Sabía cómo funcionaban los comentarios en el pueblo cuando una decisión importante se tomaba. Limpió el borde de la jarra con un paño seco y caminó de regreso a la cocina para traer el resto de los desayunos. En el pasillo principal se encontró de frente con Sienna. Ella llevaba un traje de montar ajustado y caminaba acompañada por dos guerreros de la guardia de su padre. Al ver a Valeria con la bandeja de madera en las manos, se detuvo a mitad del pasillo, obligando a los guardias a parar también. -Valeria, asegúrate de que el café de mi padre esté bien caliente cuando entre a la sala de reuniones -dijo Sienna con tono tranquilo, acomodándose las mangas de la chaqueta-. Hoy se firman los acuerdos de integración de las tierras de mi familia con las de Damian. Hay mucho trabajo que hacer y no queremos distracciones. -El servicio de la sala ya está listo -respondió Valeria con voz neutra-. Las bandejas están servidas en la mesa principal. Sienna dio un paso más hacia ella y la miró de arriba abajo de forma rápida, manteniendo una postura relajada. -Ayer después de la ceremonia estuve hablando con los veteranos de la guardia -continuó Sienna, bajando un poco el volumen de la voz pero asegurándose de que los guardias la escucharan-. Varios comentaban que tu loba, Lyra, casi no dio señales de vida durante el llamado de la luna. Algunos dicen que es demasiado débil para resistir la energía de un Alfa y que por eso el vínculo no se consolidó. Valeria sostuvo la bandeja con firmeza pero no respondió. En su interior, la presencia de Lyra seguía estando quieta, en un estado de calma absoluta que no reaccionaba a los comentarios externos. -No te lo digo por mal -agregó Sienna, esbozando una ligera sonrisa-. Es simplemente la realidad de las jerarquías en la manada. Un Alfa como Damian necesita una compañera que pueda pelear a su lado en el campo de batalla, no a alguien que apenas puede mantener el paso en las tareas de la casa. Es mejor que todo el mundo tenga claro cuál es el lugar de cada quien desde el principio. Sienna no esperó respuesta. Hizo un leve gesto con la cabeza a sus guardias y continuó caminando por el pasillo hacia las oficinas del consejo. Los dos hombres pasaron al lado de Valeria sin mirarla, siguiendo los pasos de Sienna. Valeria entró a la sala de reuniones antes de que los consejeros ocuparan sus puestos. Dejó las jarras sobre la mesa de roble, organizó las tazas en orden numérico según los asientos fijados para los ancianos y revisó que las ventanas estuvieran bien abiertas para ventilar el espacio. Mientras lo hacía, podía escuchar el murmullo de la gente que se congregaba en el patio exterior. Los rumores sobre la supuesta debilidad de Lyra se habían extendido rápidamente desde la noche anterior. En la barra del comedor y entre los guardias de la entrada, la versión de que Valeria carecía de la fuerza espiritual necesaria para ser la Luna de la manada se había convertido en el tema de conversación principal. Sienna se había encargado de comentarlo en la mesa del consejo y sus amigas lo replicaban entre las trabajadoras de la casona. Poco después, Damian entró a la sala acompañado por su padre. Venía revisando unos mapas de patrullaje y conversando sobre los puntos de control en la frontera sur. Al notar la presencia de Valeria acomodando las últimas tazas, detuvo la marcha un segundo, pero su padre le tocó el hombro para que continuara hacia la cabecera de la mesa. -Pon los documentos sobre la mesa, Damian -dijo el Alfa mayor mientras se sentaba en el sillón principal-. Los consejeros de la familia de Sienna llegarán en cinco minutos para cerrar el acuerdo de guardia. Damian colocó los folios en el centro y se sentó a la derecha de su padre. Miró hacia la puerta por donde Valeria salía con la bandeja vacía en las manos. No dijo nada sobre los comentarios que sonaban en los pasillos ni sobre la presencia de Sienna en la casa desde temprano. Simplemente acomodó los papeles y esperó la llegada del resto de los asistentes. Valeria cerró la puerta de la sala de reuniones tras de sí y regresó a la zona de lavado. En la cocina, otras tres sirvientas conversaban cerca de los fogones. Al ver llegar a Valeria, bajaron de inmediato el tono de voz y comenzaron a fregar las Ollas con prisa simulada. -Valeria, el ama de llaves quiere que subas al segundo piso a cambiar las sábanas de las habitaciones de huéspedes -dijo una de ellas sin mirarla a los ojos-. Llegarán representantes de las manadas vecinas por la tarde para presenciar la ratificación del acuerdo entre Damian y Sienna. -Está bien, subiré de inmediato -dijo Valeria. Dejó la bandeja de madera en el estante correspondiente y tomó la cesta con la lencería limpia de la despensa. Subió los escalones de servicio hacia el pasillo superior de la casona. Desde la ventana del segundo piso se podía ver todo el patio central, donde varios guardias conversaban en grupo cerca de las cuadras, señalando hacia la casa principal. Valeria entró a la primera habitación de huéspedes y comenzó a retirar los cobertores de la cama. El trabajo era mecánico y constante, tal como lo venía haciendo desde hacía años. Sabía que los rumores sobre su loba continuarían escuchándose durante todo el día por los pasillos y que la versión oficial sobre la decisión de Damian quedaría asentada en la narrativa de la manada. Acomodó las esquinas de las sábanas blancas, colocó las almohadas en su sitio y cerró las cortinas para evitar que el sol directo calentara el cuarto. Continuó con la siguiente habitación sin detenerse a descansar, manteniendo el ritmo de trabajo habitual hasta que el mediodía quedó marcado por el sonido de las campanas del campamento.

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74 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 La Ceremonia del Vínculo
  2. Capítulo 2Capítulo 2 El Rechazo Público
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Murmullos en el Salón

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