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Capítulo 3 El Nombre en el Contrato
Pasaron cuatro días antes de que Beatriz volviera a llamar a Catalina, y lo hizo con una voz tensa que no presagiaba nada bueno.
-Necesito verte. Hoy, si puedes.
Se encontraron no en la oficina, sino en un pequeño café a las afueras de la ciudad, lejos de oídos indiscretos y de las cámaras de seguridad de Delvaux Industries. Beatriz llegó con una carpeta beige apretada contra el pecho, como si temiera que alguien pudiera arrebatársela en plena calle.
-¿Qué encontraste? -preguntó Catalina en cuanto se sentaron, sin rodeos.
Beatriz miró alrededor antes de abrir la carpeta sobre la mesa, entre las tazas de café que ninguna de las dos había tocado todavía.
-La fusión con el grupo asiático no es una fusión cualquiera. Es una operación de casi cuatrocientos millones. Y Gracia no solo la está gestionando-la propuso ella misma, hace ocho meses, directamente ante el consejo, saltándose el procedimiento habitual que exige que este tipo de operaciones pasen primero por el departamento financiero. Por mi departamento.
-¿Samuel lo sabía?
-Samuel la respaldó desde el primer día. Sin cuestionar nada. Cosa que, viniendo de él, es extraño. Tu marido es de los que revisa cada cláusula tres veces antes de firmar una compra de papel para las impresoras.
Catalina sintió que algo se tensaba en su interior, aunque no supo si era ira, sospecha, o una mezcla incómoda de ambas.
-¿Qué más?
Beatriz sacó una hoja de la carpeta y la deslizó hacia ella. Era un organigrama de la nueva estructura societaria que resultaría de la fusión.
-Mira esto. -Señaló un recuadro cerca de la parte superior-. Aquí. "Aubert Consulting Group." Es una empresa de asesoría registrada hace apenas tres años, con sede en Singapur. Y adivina quién aparece como socia fundadora.
Catalina no necesitó preguntar. -Gracia.
-Gracia. Y esta empresa de asesoría cobrará una comisión del cuatro por ciento sobre el valor total de la fusión, por "servicios de intermediación estratégica." -Beatriz pronunció las últimas palabras con un desdén apenas disimulado-. Cuatro por ciento de cuatrocientos millones, Catalina. Estamos hablando de dieciséis millones de dólares yendo directamente a una empresa que ella misma fundó, disfrazado de honorarios de consultoría.
El silencio se instaló entre ellas un momento. Catalina miró el organigrama, las líneas y recuadros que trazaban, con la frialdad de cualquier documento corporativo, lo que en realidad era una traición con nombre y apellido.
-¿Y el consejo no lo vio? ¿Nadie hizo preguntas?
-El consejo aprobó la operación basándose en un informe de "debida diligencia" firmado por... -Beatriz dudó un segundo- por Samuel.
Catalina cerró los ojos brevemente. No era solo negligencia. Su esposo había avalado personalmente, con su firma y su reputación, una operación que canalizaba una fortuna hacia la empresa de la mujer con la que compartía cenas a la luz de las velas.
-Necesito saber si Samuel es cómplice consciente de esto, o si simplemente está... cegado -dijo Catalina en voz baja, casi para sí misma.
-Sea cual sea la respuesta, esto no es solo un problema personal tuyo, Catalina. Si esta información sale a la luz sin control, podría hundir a toda la empresa. Los accionistas, la junta, incluso los reguladores financieros podrían intervenir. Estamos hablando de fraude corporativo, no de una simple aventura.
Catalina tomó el organigrama entre sus manos, estudiando cada línea como si pudiera extraer de ahí alguna verdad oculta sobre el hombre con quien había compartido siete años de su vida.
-Entonces tengo dos opciones -dijo finalmente-. Puedo exponerlo todo ahora, destruir la fusión, y probablemente arrastrar el apellido Delvaux, mi hija incluida, a un escándalo del que tardaríamos años en recuperarnos. O puedo esperar. Reunir más pruebas. Entender exactamente hasta dónde llega esto, y cuándo es el momento adecuado para actuar-no solo para protegerme a mí, sino a Flora, y a lo que queda de esta empresa que mi propia familia ayudó a construir.
Beatriz la observó con una mezcla de admiración y preocupación. -Hace una semana llorabas en tu cocina por un aniversario olvidado. Ahora hablas como una estratega.
-Hace una semana todavía creía que mi matrimonio merecía la pena salvarse -respondió Catalina, guardando el organigrama en su bolso-. Ahora solo me importa salvar lo que realmente vale algo.
Esa noche, Samuel llegó a casa más temprano de lo habitual, con un ramo de flores que dejó torpemente sobre la mesa de la cocina.
-Sé que últimamente he estado ausente -dijo, sin mirarla del todo a los ojos-. Perdona lo del cumpleaños. Compensémoslo este fin de semana, solo nosotros dos.
Catalina lo miró un largo instante-a ese hombre que conocía cada gesto, cada tic nervioso, y que ahora, sin embargo, le resultaba casi un extraño. Sonrió, aceptó las flores, y por dentro sintió que aquel gesto tardío no era más que otra pieza del rompecabezas: la culpa disfrazada de romanticismo, quizás incluso sugerida por la propia Gracia para mantener las apariencias mientras la fusión se cerraba sin sobresaltos.
-Me encantaría -respondió, con una dulzura que ya no sentía, pero que dominaba a la perfección.
Mientras Samuel subía a cambiarse, Catalina se quedó sola en la cocina, sosteniendo las flores sin verlas realmente. Su mente ya estaba en otro lugar: en los dieciséis millones de dólares, en la firma de Samuel al pie de un informe que probablemente ni siquiera había leído con atención, y en el número de aquel investigador privado que seguía guardado, sin usar, en su teléfono.
Aquella noche, finalmente, marcó el número.
Continuará...
Lista de capítulos
35 capítulos en total
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