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Capítulo 3 Su pareja destinada

Althea hizo contacto visual con el rey accidentalmente. En ese breve instante, algo se retorció en su interior. La mirada de él era fría, indescifrable, como si ya estuviera sopesando su vida, decidiendo cuánto valía.

Este hombre... la miraba como si no fuera nada. Como si fuera propiedad.

Y eso hizo que le hirviera la sangre.

Había pasado toda su vida anhelando ser libre, ¿y ahora? ¿Ahora no era más que su reproductora?

Era peor que la muerte.

"Llévenla de vuelta a su habitación", ordenó él mientras le daba la espalda.

Althea no se resistió cuando fueron por ella. Mantuvo la mirada baja.

'Si tan solo pudiera leer la mente del Rey Alfa', pensó con amargura. Eso habría hecho todo más fácil; sabría exactamente qué intenciones tenía para ella. Pero por más que lo intentara, no podía leer sus pensamientos.

'¿Por qué no puedo leer su mente?', se preguntó, frustrada. Nunca antes había sucedido.

"¡Por favor, déjenme ir con ella! ¡Soy Melva, su sirvienta personal!". Melva gritó de repente, intentando alcanzarla.

Gavriel entrecerró los ojos. Tras una pausa, dijo: "Déjenla".

Luego se giró hacia Althea. "Sabes lo que pasará si intentas alguna tontería".

Su voz era tranquila, pero tenía un tono afilado que advertía de las consecuencias. Luego, sin esperar respuesta, se dio la vuelta y se alejó.

Althea se quedó mirándolo mientras se iba. Había escuchado los rumores de que el Rey Alfa era un tirano despiadado y frío, incapaz de sentir amor o empatía.

Y ahora, después de conocerlo cara a cara, parecía que cada rumor era cierto.

Los guardias las escoltaron de regreso a sus aposentos, y Melva se apresuró a atender sus heridas. Pero apenas había pasado un instante cuando la puerta se abrió de golpe otra vez. Un guardia entró y dijo: "El Rey Alfa la quiere bañada, limpia y preparada para él. Ténganla lista. Ahora".

Dentro de la habitación de Althea, Melva siguió sollozando hasta que su patrona le agarró las manos con suavidad y se las apretó tiernamente.

"Deja de llorar, Melva", dijo en voz baja. "Ya es una bendición que estemos vivas. Yo estoy viva, y también lo están las personas que me importan".

"Eso es cierto, pero aun así... ¿ser una reproductora sin un título adecuado?". Melva sorbió por la nariz, con la voz temblorosa. "Mi señora, es demasiado frágil. No podrá seguirle el ritmo al Rey Alfa. Él es un Lycan, su resistencia va mucho más allá de la de los hombres lobo comunes. Y usted... usted es una híbrida sin loba. Es más humana que cualquier otra cosa".

Althea entendía a qué se refería, pero en ese momento no le quedaba otra opción. Le ofreció a Melva una leve sonrisa. "No te preocupes. Puedo manejarlo".

Melva se secó las lágrimas rápidamente y asintió. "Sí... sí, debemos pensar en positivo. Tal vez esto podría salir bien. Ambas sabemos que el Rey Alfa se negó a tomar una reina, ¿verdad? ¿Quién sabe? Podría terminar convirtiéndose en su reina. ¡Solo necesita hacerlo bien y ganarse su favor!".

Althea apartó la mirada, con la duda oprimiéndole el pecho. No creía eso... no podía.

Era la hija de un traidor. Su padre era el enemigo jurado del Rey Alfa. Gavriel no la había acogido por amabilidad o interés. La había reclamado como reproductora, nada más. Un cruel recordatorio de que su único valor a sus ojos era calentar su cama y darle hijos cuando a él le placiera.

"Hay algo que todavía no tiene sentido. ¿Por qué la querría como reproductora?", preguntó Melva, con el ceño fruncido por la confusión. "Habría tenido más sentido si solo la tomara como esclava o... una esclava sexual. ¿Pero una reproductora?".

Althea le dedicó una sonrisa irónica y se encogió de hombros. "Es para deshonrar a mi padre. Una reproductora es básicamente una esclava sexual, solo que disfrazada con un término más aceptable".

"Sí, pero también significa que ha sido elegida para portar el linaje real", señaló Melva, entrecerrando los ojos. "¡Estamos hablando del rey Gavriel! Nunca ha tenido una amante. Odia tener mujeres a su alrededor. Entonces, ¿por qué usted? ¿Por qué convertirla en su reproductora?".

Althea observó cómo la expresión de su amiga se volvía pensativa hasta que, de repente, Melva jadeó y se tapó la boca con una mano.

"¡No puede ser! ¿Podría ser que usted sea...?".

Althea frunció el ceño. "¿Qué?".

"Su pareja destinada", susurró Melva, con los ojos muy abiertos por la incredulidad.

La otra bufó por lo bajo y negó con la cabeza. "No hay forma de confirmar eso, Melva. No siento el vínculo de pareja. Soy más humana que mujer lobo. Mis sentidos son torpes, no puedo curarme por mi cuenta...".

Pero Althea no tenía idea de por qué poseía la extraña habilidad de leer la mente con solo mirar a alguien a los ojos. Se decía que su madre no era más que una esclava totalmente humana, sin ningún rastro de sangre de lobo.

A Melva se le iluminaron los ojos de golpe al darse cuenta de algo. "¡Podría ser eso! ¡Probablemente sea su pareja destinada, y él sintió el vínculo! ¡Esto... esto podría ser la misericordia del cielo!", dijo, sin aliento por la esperanza. "El Rey Alfa nunca dejaría que cualquiera llevara a su descendencia. Es demasiado orgulloso, demasiado frío. Pero si es su pareja destinada, mi señora... puede usar esto. Este vínculo, si tengo razón, podría ser su única protección. Su único poder".

Althea negó con la cabeza, rozándose la sien con los dedos. "No lo sé, Melva. Incluso si soy su pareja destinada... ¿le importaría a él? Lo dejó claro, solo me ve como una reproductora. Nada más".

Melva le tomó la mano con suavidad. "Entonces necesita hacer que la vea. No como una reproductora, ni como la hija de un traidor, sino como su pareja".

Althea soltó una risa amarga. "Eso suena a fantasía".

"Tal vez", dijo Melva, dedicándole una sonrisa triste. "Pero es la única que tenemos. Y prefiero aferrarme a una pizca de esperanza que a nada en absoluto".

Althea suspiró, dividida entre el miedo y la más mínima chispa de algo más, parecido a la rebeldía. Tal vez Melva tenía razón. Tal vez este no era el final... todavía.

Se enderezó, diciendo con la voz más firme que antes. "Entonces ayúdame a prepararme, Melva. Si voy a enfrentarlo esta noche, quiero lucir como cualquier cosa menos derrotada".

Melva asintió, secándose los ojos y arremangándose. "Esa es la actitud, mi señora. Hagamos que se arrepienta de haberla llamado solo una reproductora".

Melva ayudó rápidamente a Althea a bañarse y la vistió con uno de sus mejores vestidos. Para cuando la criada terminó de cepillar su largo y ondulado cabello castaño rojizo, la puerta se abrió de golpe.

"El Rey Alfa la quiere ahora", se escuchó la voz de una mujer.

Esto es todo lo disponible por ahora.

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Lista de capítulos

141 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 ¿Morirías para salvarlos
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Una reproductora
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Su pareja destinada

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