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Capítulo 2 - 2 -

-James... -El cuerpo de Laissa se tensó. Despacio, devolvió la taza a su sitio y miró a la mujer del otro lado-. Llegó a la hora y ya se fue. Firmó todos los documentos y el acuerdo de confidencialidad, con una multa millonaria si menciona su nombre.

-Perfecto. -Se puso de pie otra vez y desfiló por la oficina hasta las ventanas de vidrio-. ¿Dijo algo?

-No, señora. Llegó en silencio y se marchó.

-Mariane... No me gustan las mentiras, lo sabes, y no quiero tener que despedir a otra persona hoy. -La voz era fina como una pluma, delicada como el algodón, pero tan amenazadora como un arma apuntada a la cabeza.

-La llamó loca -soltó de una vez. Laissa giró hacia ella-. Dijo que no tiene intención de volver a cruzarse en su camino porque quiere distancia. Que una mujer tan hermosa como usted no debería maltratar a hombres para obtener placer. Y deseó que todo el sufrimiento que le hizo pasar regrese duplicado sobre sus hombros.

-¿Maltratar? -Volvió hacia el sofá y juntó las piernas al sentarse-. Yo no maltraté a ese hombre; lo castigué como merecía. ¿Qué clase de persona es? Ni siquiera fue capaz de agradecerme que fuera leve con él.

-Usó esposas.

-Es algo normal. No veo ningún problema. -Tomó el café.

-Usó fuego para quemar las heridas.

-Tenía una palabra de seguridad.

-Heridas que usted misma abrió con un látigo.

-¡BASTA! -La joven se apartó cuando otra taza fue lanzada en su dirección-. Voy a visitar un edificio nuevo que quizá compre.

Lo anunció al ponerse de pie, tranquila, elegante y refinada, y se dirigió al escritorio en busca de sus anotaciones. Mientras caminaba hacia la salida, recibió de nuevo el sombrero y el bolso al llegar a la puerta.

-Ah, y... encuentra otro. -Sonrió a Mariane, que tragó saliva.

-¿Otro edificio?

-Un sumiso. Guapo, fuerte. Lo quiero en mi casa mañana por la mañana.

-Mañana por la mañana tiene que elegir modelos para una campaña de ropa íntima. La agencia organizó un desfile. -La jefa la miró de arriba abajo antes de ponerse las gafas.

-Entonces mañana, antes de que la luna ocupe el lugar del sol.

Le dio la espalda y dejó atrás a una mujer desesperada.

La expresión serena de quien lo tenía todo bajo control cambió en cuanto las puertas del ascensor sacaron a Laissa de su campo de visión. Mariane regresó al despacho de la mujer, buscó entre todas las bebidas la más fuerte para servirse y se la bebió de una sola vez, como si esperara morir con un único trago.

-Sí, esta vez tampoco. Qué fastidio. Dios mío, ¿voy a morir o no? Llévame de una vez, porque ya no aguanto más.

Salió de allí y bajó un piso hasta volver a su propio mundo. Esquivó a varias personas que corrían de un lado a otro, terminando campañas y atendiendo clientes que engrandecían la empresa de Laissa. Bien, cada quien con su trabajo. Llegó a su oficina y se dejó caer sobre la silla, ansiosa por empezar sus tareas... aunque no tanto.

-Mariane, tengo el casting de mañana para el desfile de modelos. Y cada uno es más guapo que el anterior -avisó la rubia, dejando la carpeta sobre la mesa.

-Gracias. Déjala ahí, tengo otra cosa urgente que hacer.

-Ah, entiendo. Vi que nuestra reina está toda de negro hoy. ¿Pasó algo? -Mariane apartó la mirada de la pantalla para observar a su amiga.

-¿Qué quieres saber? No hay nada que saber porque, si pudieras resolver algo por mí, te lo contaría. Pero, además de que no es asunto tuyo, no tengo cinco millones de reales para pagar la multa por los secretos de esa loca. -Se quedó callada un momento, se levantó y rodeó su escritorio.

Quería gritar, perder por completo el control, pero se limitó a agarrarse las puntas del cabello, alisando el moño antes de volverse hacia la otra, que ya empezaba a alejarse.

-¿Sabes qué, Sasha? Sí puedes hacer algo por mí. Llama al equipo de limpieza y mándalo al despacho de Laissa, por favor. -La joven se apresuró a anotarlo-. Pídele a Jean que tenga el sentido común de no chismear sobre Laissa cuando la traiga al trabajo y también dile a Connie que DEJE DE DIFUNDIR EL RESTO DE LOS CHISMES DE ESTE LUGAR.

-Vaya... cálmate, Mariane. Estamos emocionados con la nueva campaña. Pero cualquier noticia de nuestra reina de arriba cae como una bomba aquí abajo. Además, esta mañana vimos subir a aquel hombre. Ya lo había visto en casa de Laissa. Era uno de sus empleados y salió de aquí furioso.

-Trabajar para Laissa D. Chase no es nada fácil. Y ahora tengo que encontrarle un empleado nuevo y competente. -Recogió sus cosas por la oficina-. No me manden mensajes hoy. Voy en busca de algo muy importante.

-¿Y la nueva campaña?

-Ahora mismo me importa un carajo esa campaña. Déjame en paz. -Gritó todavía más enfadada y salió de la oficina.

Bajó hasta su automóvil y, en cuanto se vio libre de todo y de todos, sacó del fondo del bolso una sencilla libreta dorada y marcó el primer número que encontró.

-Hola, soy Mariane Dream, la asistente directa de Laissa Chase... sí, sí, cuánto tiempo. Bueno, estoy buscando a uno de sus chicos... Dios, cualquiera... no, no es para mí, es para Laissa... ¿hola? ¿Hola? ¿Qué pasa?

Volvió a marcar el número y, antes siquiera de poder explicar lo que quería, escuchó: -No vuelvas a llamar a mi agencia buscando a mis modelos para ese tipo de servicio. Los últimos que mandé con esa mujer regresaron con marcas y no pudieron trabajar durante casi dos meses. No voy a sacrificar a nadie.

Y esa misma fue la excusa de otras seis agencias que se negaron a seguir hablando del asunto.

Mariane apartó el teléfono del oído, furiosa. Gritó dentro del automóvil y golpeó el volante y el asiento de al lado. Lanzó por los aires el bolso, la libreta y el celular.

Bajó del automóvil para tomar aire, pero el estacionamiento caliente solo consiguió irritarla aún más. Se quitó el abrigo de los hombros e intentó recogerse el cabello para que no le tocara la piel.

Laissa Chase era un nombre muy conocido en internet, pero pocos sabían algo de su vida privada o de aquel mundo. Todas las agencias de modelos con un largo historial de servicios de acompañantes ya habían tachado el número de Laissa de su lista de clientes.

-¿Qué voy a hacer? Dios, voy a morir... Ni siquiera he terminado de pagar mi apartamento. ¿Y mi coche? Ni siquiera me he casado. No, no voy a casarme.

Gimoteó por todo el lugar intentando recordar alguna agencia que pudiera enviar a alguien sin querer borrar después el nombre de Laissa, pero sería un trabajo inútil.

Sin embargo, una idea iluminó su mente, trayendo el rostro de un gran amigo, su hermano del corazón y buenos recuerdos que podían convertirse en un cobro de favores. Ah, aquello sería perfecto.

La mirada de Mason habría sido capaz de asustar a cualquier criatura de una película de terror. Cerró de golpe la puerta del baño del bar, se arrancó los guantes de las manos y los lanzó sobre el mostrador.

-¿Qué estás haciendo? -refunfuñó Jason-. Vuelve al trabajo.

-No voy a limpiar eso. ¿Te volviste loco?

Jason salió de detrás del mostrador y se plantó frente a su hermano.

-El único loco que veo aquí eres tú. Papá te mandó a mi casa porque decidiste convertirte en un rebelde sin causa y abandonar el fútbol. ¿Sabes lo que puede costarte eso? Una universidad.

-Hay otras.

-No quiero saberlo. No vas a vivir gratis en mi casa, comer gratis y encima quejarte del trabajo. Vas a limpiar el suelo, lavar los platos, limpiar el baño y atender mesas hasta que consigas entrar en una universidad. Y, si lo consigues, igual vas a necesitar dinero. -Jason señaló el delantal-. Yo no soy tu padre.

-Gracias a Dios.

La campanilla rústica sobre la puerta sonó antes de que Jason pudiera responder. Era temprano para clientes, pero no lo bastante para impedir que Liam Price entrara en el bar.

Jason se colocó instintivamente al lado de su hermano.

-¿Hiciste algo que yo todavía no sepa? -susurró-. Mason, te juro que te mato. Cuando acepté que vinieras a vivir conmigo, prometiste no ocultarme ninguna mierda más.

-Hace una semana que me echaron de casa. Ni siquiera tuve tiempo de hacer otra estupidez.

-Hola, Liam. -Jason avanzó medio paso, bloqueándole el camino-. Qué sorpresa. Llevaba meses casi logrando olvidar tu cara. ¿Qué quieres?

-No vine por ti.

Liam esperó hasta que Jason se apartó. Entonces miró a Mason de arriba abajo: las zapatillas impecables habían sido sustituidas por botas viejas; el uniforme deportivo, por una camiseta sencilla y un delantal sucio.

-Hola, papá. -Mason intentó sonreír-. Espero que hayas venido a llevarme a casa. Mamá te...

La bofetada interrumpió la frase.

Mason trastabilló hacia atrás y se apoyó en el mostrador, más sorprendido que herido.

-¿Estás loco?

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10 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 - 1 -
  2. Capítulo 2Capítulo 2 - 2 -
  3. Capítulo 3Capítulo 3 - 3 -

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