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Capítulo 3 - 3 -

Liam levantó una carta. Mason reconoció el escudo de una universidad antes de que su padre arrugara el papel, lo rasgara en cuatro partes y arrojara los pedazos al suelo.

Mason se agachó de inmediato para recogerlos.

-Desde que dejaste el fútbol, ninguna universidad deportiva te ha querido. Aun así, pensé que te habías inscrito en otras. -Liam observó a su hijo recomponer la carta solo para descubrir el rechazo-. Me enteré de que no hiciste nada. No entraste en ninguna parte.

-Liam, basta. -Jason sujetó el brazo de su padre cuando este amenazó con avanzar otra vez-. Deja a mi hermano en paz.

-¿Tanto defiendes a este inútil? Entonces ocúpate de él. Desde hoy no hay mesada, escuela pagada, cursos, coche, tarjeta. Nada.

Mason levantó la cabeza. El silencio dolió más que la bofetada.

Liam dio media vuelta y salió con la misma frialdad con la que había entrado.

Jason permaneció quieto unos segundos, respirando hondo, antes de mirar a Mason, todavía arrodillado entre los trozos de la carta. Problemas. Su hermano menor era un pozo de problemas y ahora estaba oficialmente bajo su techo.

Aun así, Jason se agachó.

-Lo siento por lo de la universidad.

Mason apretó los pedazos de papel en la mano.

-Dejé el fútbol porque lo escuché decir que ya no podía pagar todo. Pensé que, si abandonaba los entrenamientos y los cursos, las cosas serían más fáciles para ellos.

Jason cerró los ojos un instante. Su rabia cambió de dirección.

-No sé decir si hiciste bien o mal. Pero sí sé que no voy a dejarte tirado. ¿Cuántos meses te faltan para terminar el colegio? ¿Cuánto cuesta esa mensualidad absurda?

Mason alzó la mirada.

-¿También vas a echarme?

-No. -Jason se puso de pie-. Voy a hacer algo peor. Voy a obligarte a trabajar, estudiar y terminar esa porquería de escuela. Después ya veremos cómo resolvemos lo de la universidad.

-Jason...

-Deja de gimotear y termina el baño.

Mason soltó una risa sin ganas. Por primera vez desde que su padre había entrado, consiguió respirar.

-Dejé el fútbol porque lo oí decir que ya no podía pagar las clases y los cursos de esa porquería. Pensé que eso haría más feliz a todo el mundo.

-No puedo decir si hiciste bien o no. Pero dime: ¿qué demonios tienes ahora? -Mason lo miró-. ¿Cuántos meses te faltan para terminar la secundaria? ¿Y cuánto cuesta la mensualidad de esa escuela? Carajo, Mason, ¿viniste cargado de deudas a mi casa?

-¿También vas a echarme? -Se levantó de golpe y Jason aún más rápido, aunque no podía imponerse físicamente a su hermano menor, que rozaba los dos metros de altura.

-No. Voy a mandarte a terminar tu trabajo. Limpia el suelo, el baño, los platos y además vas a trabajar de camarero todas las noches para pagar lo que queda de tu escuela y, quizá, una buena universidad.

-Jason... -se quejó, apretando todavía más la carta entre las manos, y le dio la espalda.

-Qué chico que solo me da problemas. -La campanilla volvió a sonar-. ¡TODAVÍA ESTÁ CERRADO! -gritó irritado y, al volverse, encontró a Mariane con una amplia sonrisa y el pecho erguido-. Dios, ¿más problemas?

-Dios... ¿más problemas? -Se llevó las manos a la cintura, sintiendo que todo el cuerpo se le erizaba solo de recordar las cosas que aquella mujer podía traerle.

-No son problemas, Jason, son soluciones. -Corrió hasta el hombre, que ya regresaba detrás del mostrador-. Jason, es cuestión de vida o muerte, por favor.

-¿Qué quieres, Mariane? Estoy lleno de problemas ahora mismo. Mason vino a vivir conmigo, mi bar ya no tiene el mismo movimiento y voy a casarme. Voy a casarme.

-Mejor todavía, tengo la solución para darte dinero. -Jason se detuvo al otro lado del mostrador frente a la mujer que sonreía; por fin estaba escuchando-. Necesito que te acuestes con mi jefa.

Jason abrió mucho los ojos y se echó a reír, creyendo que aquello era una simple broma. Pero Mariane no sonreía. Tragó saliva y se apoyó en el mostrador. ¿Por qué el mundo se estaba derrumbando precisamente sobre él? ¿Solo él iba a ser castigado? El bar, el matrimonio, Mason y ahora Mariane.

-Sabes que mi jefa es riquísima, heredera de varias fortunas por ser la única mujer de la familia. Pagaría una fortuna por una noche con un hombre. -Jason alzó la mirada, completamente incrédulo-. Jason...

-Sé que te debo un favor, pero mi época de acostarme con mujeres por dinero terminó. Acabé la universidad, ayudé a mis padres, ¿y para qué? ¿Eh? Para terminar con un bar casi quebrado y mi hermano colgado de mí. -Mariane parpadeó al borde del llanto; no quería escuchar aquello-. Y además ya ni siquiera me acuesto con mujeres. Soy gay. Y, para colmo, tú misma dijiste que esa loca tiene gustos muy particulares y no estoy tan loco como para meterme en eso.

-Pero piensa en el dinero, Jason. Me debes un favor. -El chico se quitó el delantal y salió de detrás del mostrador.

-Te pago de cualquier forma que imagines, menos acostándome con una mujer por dinero, y mucho menos con esa jefa perturbada tuya. -Mariane apartó la mirada, ya desesperada-. Es tan rica, busca una agencia.

-Ya llamé a todas. -Jason, que caminaba hacia su abrigo, se detuvo y se volvió hacia Mariane-. No está loca, te lo juro. Es guapísima, sensual y rica, millonaria. Imagínate que le gustas: te harás rico.

-¡BASTA, MARIANE! -gritó, asustando a la asistente, que se quedó rígida sobre sus tacones-. No voy a hacerlo. Prefiero que el cielo se me caiga encima antes que volver a hacer eso. Basta. Se acabó. -Tomó su abrigo.

-Jason, si no encuentro a nadie, va a despedirme -se lamentó, y ni siquiera eso hizo que él cediera.

-Entonces será mejor que corras. -Pasó junto a ella otra vez-. ¡MASON, VUELVO ENSEGUIDA! ¡ENCÁRGATE DE TODO! -Volvió hacia Mariane-. Tómate algo SUAVE y no vuelvas a venir aquí con este asunto.

Se marchó y dejó a la joven atrás. Mariane sacó de nuevo el teléfono y corrió hacia el mostrador. Entre la libreta dorada y los contactos de agencias que ya no le respondían para ese tipo de trabajo, se desplomó sobre la barra. Laissa iba a torturarla si no llevaba a alguien hasta su casa.

Solo volvió a abrir los ojos cuando escuchó pasos a su alrededor. No podía asustarse porque conocía muy bien la forma de caminar de Mason Price, aquel hermanito querido que en ese momento no parecía tan querido. Oyó cómo pasaba detrás del mostrador y hasta cómo le servía una bebida y la dejaba delante de ella.

Se enderezó y sonrió al joven, que solo alzó una ceja. No hacía tanto que no lo veía, pero Mason parecía haber crecido dos metros más, seguro.

-¿Día difícil en el trabajo? -Ella asintió-. Parece que envejeciste cien años de golpe.

-Gracias. A las mujeres les encanta recibir este tipo de cumplidos. -Bebió deprisa, golpeó el vaso contra la barra y pidió otro. Mason negó-. ¿No estás trabajando aquí? Entonces sírveme.

-Eres una borracha loca. No me hagas servirte más alcohol. Conozco tu secreto.

-No sé por qué siempre vengo a pedirles ayuda a ustedes. -Él se encogió de hombros y cruzó los brazos muy bien musculados.

-Puedo servirte más bebidas -intentó negociar- si me cuentas más sobre el favor que le ofreciste a Jason hace un momento. -Mariane alzó una ceja-. Puedo acostarme con una mujer por dinero.

-Puedo acostarme con una mujer por dinero.

-¿Qué? -Se quedó en silencio un momento hasta recordar la conversación. Sonrió, guardó sus cosas en el bolso y bajó del banco-. Será mejor que me vaya.

-No, espera. Puedo hacerlo. -Corrió hasta ella e impidió que diera un paso-. Puedo acostarme con una mujer, ella me paga y yo me voy. ¡Listo!

-Eres solo un mocoso, deja de decir tonterías. -Intentó irse, pero Mason volvió a sujetarle el brazo y era imposible apartarse de aquella pared de casi dos metros-. ¿Por qué creciste tanto? ¿Qué comiste?

-Mido 1,98 y no soy un mocoso. Cumplí dieciocho el mes pasado. -Mariane puso los ojos en blanco y soltó una carcajada.

-Ah, quítate de mi camino, chico.

-Espera, Mariane, hablo en serio. -Esta vez se plantó en la puerta con los brazos extendidos-. Dejé el fútbol porque mis padres ya no podían pagarlo. Eso me costó varias universidades y no me había inscrito en ninguna otra.

-Fuiste bastante idiota, eso sí.

-Liam me echó de casa y dijo que ni siquiera va a pagar la mensualidad de la escuela. Tengo que trabajar para Jason y, mira, tuve que limpiar el baño con estos guantes. -Mariane abrió los ojos, se apartó y empezó a quitarse el abrigo del cuerpo para luego pisotearlo.

Él se rio. Claro que no había usado aquellos guantes. Pero había sido divertido.

-No quiero pasar el resto de mi vida en este bar. Quiero ir a la universidad. Imagínate que puedo quitarle este peso de encima a Jason. Ella paga bien, ¿verdad?

-Sí. Por una noche paga casi lo que cuesta mi coche.

-Tu coche costó unos cien mil.

La sonrisa de Mason se ensanchó.

-Costó ochenta mil, idiota.

Esto es todo lo disponible por ahora.

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Lista de capítulos

10 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 - 1 -
  2. Capítulo 2Capítulo 2 - 2 -
  3. Capítulo 3Capítulo 3 - 3 -

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