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Capítulo 3 Dos.

Rose.

Nueve años después:

Como cada mes, el venía a marcarme que era suya, ha hecho esto por nueve años, lo peor es que ya no tenía fuerzas para defenderme, esta vez quise hacerlo y me golpeo el rostro. Yo estaba en la cama envuelta en las sábanas, sentía sus fluidos correr por mis muslos, la cara me ardía debido al golpe, estaba agotada. Me había violado hasta el amanecer. Otro mes muriendo en vida. -Vendré en una semana para que nos casemos. No me muevo de la cama, no tenía fuerzas para ello. Hago una mueca cuando él me alza y me sienta en la cama para tomarme el cabello y hacer que lo mire. -Cuando te hable, debes mirarme. Solo asiento, no tenía fuerzas, estaba realmente adolorida. -Bien esposa mia -acaricia mi mejilla-, tomate los medicamentos, no quiero que quedes embarazada aun, no cuando aún no eres mi esposa. Asiento de nuevo. El me suelta, toma su saco y se retira de la habitación, justo en la mesa estaban los medicamentos para el dolor. Con torpeza los tomo al igual que las anticonceptivas. Odiaría tener que darle un hijo a ese hombre. Me pongo de pie para ir hacia el baño. Al mirarme al espejo, veo aquel enorme moretón en mi rostro, había golpes en mi cuerpo al igual que chupetones, me daba asco mirarme, me daba asco seguir respirando. He querido terminar con esto, pero me tienen vigilada, he intentado acabar conmigo tres veces y esas tres veces he fallado, ni siquiera eso puedo hacer bien. Me meto en la tina para darme un baño, ya no valía la pena restregar mi piel, ya tenía a Dimitri dentro de mi piel, de mis pensamientos y corazón, no de la mejor manera precisamente. Me quedo tranquila en la tina mientras veía la sangre correr por la tina, él nunca era gentil, siempre era brusco, terminaba lastimandome mientras abusaba de mí, lo ha hecho sin parar por nueve años, desde que lo hizo por primera vez, me habia asesinado en vida. Mi padre nunca me defendió, claro que sabe lo que hizo, pero no le convenía llevarle la contraria a Dimitrio, él le había dado a mi papá mucho dinero, hombres, armas, todo. Siempre hablaban sobre destruir al Zar, pero nunca pudieron hacerlo, porque a medida que pasaban los años, Sindoni se hacia mucho mas poderoso y era difícil entrar a su círculo así que Dimitrio decidió no seguir con el plan, no le convenia hacerlo porque sabia que terminaria muerto si se acercaba a Sindoni con intenciones de matarlo. Ahora su atención es hacerme su esposa, no entiendo su obsesión conmigo, ha asesinado a un par de hombres solo porque me habían mirado. No deja de recalcarme que le pertenezco porque fue el primer hombre en mi vida. Me llena de lujos, vestidos, joyas, pero nunca me deja salir de la casa, por eso quería acabar con mi sufrimiento. La primera vez que lo intente fue al siguiente día de que me violó por primera vez, trate de colgarme en mi habitación pero una mucama me encontró, había olvidado cerrar la puerta. La segunda, fue cortarme las venas dentro del baño, mi padre me habia encontrado, esa vez si cerre la puerta pero el la derribo de un disparo, justo cuando estaba por quedar inconsciente. La última fue cuando me tome unas pastillas, no funcionó porque las había vomitado, luego ya no quise intentarlo más, de igual manera, ya estaba muerta, pero aun seguía respirando. Me queda solo la resignación, aunque dentro de mí, había una chispa de querer luchar, de querer escapar pero no tenía el valor, mi padre muchas veces dejaba la puerta abierta y sin seguridad, quería probarme si podía escapar, pero cuando vi que tenia perros para cazarme si lo hacía, no quise intentarlo tan siquiera. El odio que le tenía a Dimitrio era enorme, no se comparaba con nada, odiaba tanto a mi padre como a Dimitrio, odiaba el hecho de que ellos me tuvieran bajo su poder. Quería ser valiente, luchar por mi libertad. Desde que tengo uso de razón siempre he estado encerrada en este lugar, no conozco el mundo, se cómo es estar afuera de estos muros, no conozco otra cosa que no sea esto, estas paredes, estos muros, esta soledad, no conozco nada y eso me molesta, me molesta ser tan ignorante. No recuerdo si alguna vez fui feliz, no recuerdo si sonreí, si llore, si disfrute un abrazo, no sé lo que se siente estar así, ser una persona normal. Lo único que me quedaba era la resignación, resignarme a que sería la esposa de Dimitrio, por más que no lo quisiera, era lo que me tocaba. Mi padre no es más que uno de sus peones, solo eso. Para Dimitrio, yo era suya, no debía ser mirada por nadie más que no fuese él, siempre estaba recalcando lo mucho que me parecía a mi madre y que yo estaba destinada a estar con él. Me da tanto asco. -¿Señorita? ¿Está bien? Salgo de mis pensamientos cuando escucho la puerta del baño, hago un poco de ruido para que ella supiera que estoy bien, que sigo viva. Salgo de la tina y me pongo la bata. Ella estaba cambiando las sábanas, me daba vergüenza que ellas estuvieran viendo ese espectáculo en mi habitacion, habian olores, fluidos y sangre, detestaba que me miraran con lastima. No merezco su lastima. Ninguna me ayudaba, nunca me ayudaron, bien pudieron envenenar a Dimitrio o a mi padre, pero ellas no eran lo suficientemente valientes para hacer algo tan riesgoso. No las culpo, yo no he tenido el valor suficiente para defenderme de Dimitrio estos nueve años. -Tenga señorita -me deja un vestido en la mesa junto a maquillaje para taparme el moretón. Le agradecí con un gesto. Estos nueve años aprendí lengua de señas, es lo único que me mantenía entretenida, lo aprendí mediante libros, incluso aprendi lengua de señas en varios idiomas como en inglés, italiano y un poco de alemán, este último no se me dio muy bien pero pude aprender ciertas palabras. Los aprendí tanto en idiomas como en lengua de señas. Termino de vestirme y me siento en mi peinadora para maquillar aquel moretón. La puerta se abre, a través del espejo veo a mi padre, como siempre, lucía desaliñado y molesto, Dimitri lo volvió un adicto, siempre estaba drogado, por ende, nunca estaba al pendiente de lo que pasaba en casa y conmigo, a él le importaba más trabajar para obtener dinero y tener su vicio, mismo que consumia casi a diario. -Dimitrio me dijo que van a casarse en unos días -le asiento-, espero que cuando te cases, le pidas vivir aquí. Yo frunzo el ceño ante lo que me había pedido, se supone que me iría de aquí cuando me casara con él. -No entiendo, ¿que me quieres decir? -me giro y le muestro la libreta. -Necesito que te quedes aquí -dice molesto-, si te vas, Dimitrio no podrá darme dinero, el te adora y te ve como suya, es mejor que le pidas quedarse aquí. Escribo de nuevo en la libreta. -Él no querrá irse, no quiere vivir aquí y lo sabes, él quiere llevarme lejos de ti -le muestro de nuevo la libreta. -Pues se lo pedirás -se acerca y me toma del mentón con fuerza-, no me conviene que salgas de aquí, tú sigues siendo de mi propiedad. Tu eres mi moneda de cambio para seguir teniendo poder, si te vas el no me dará dinero. No entendía porque me sentía así. Durante toda su vida se ha encargado de hacerme creer que soy un maldito mueble, pero en el fondo quería que me tratara bien al menos una vez, ver en sus ojos que le importaba un poco al menos, pero no, jamás le importé, jamás me quiso. Soy de su propiedad. ¿Alguna vez me tratarán con respeto? No creo, creo que nunca sabré lo que se siente ser tratada como una persona. Me suelta bruscamente, yo solo asiento. No me queda de otra. El sale de mi habitación, yo me miro al espejo de nuevo, no quiero seguir viviendo, de verdad ya siento que no puedo mas con esto.

(...) Días después.

Mañana me casaría con Dimitrio, él organizó la boda a su modo, eligió las flores, vestido, comida e invitados, yo solo asentía con una fingida sonrisa que estaba encantada de casarme con él. Lo bueno de esto es que no volvió a tocarme, sorprendentemente Dimitrio es un hombre tradicional por así decirlo, me dijo que no era correcto tocarme cuando faltaba tan poco para la boda. Si todos supieran que abusa de mi desde que tengo dieciséis. Por la tarde habían llegado las sillas, mesas, flores y comida, yo quería aprovechar esa oportunidad para escapar, pero me habían encerrado en mi habitación, escondieron cualquier cosa con que pudiera lastimarme y así librarme de esta boda. Alguien ha dejado un ramo de rosas en mi habitación, son las flores mas cliche que existen pero, son mis favoritas porque mi madre me dijo que me puso así debido a lo hermosas que eran. Nunca las había tenido porque a mi padre les aborrecian, pero aparentemente este ramo de rosas lo dejaron aquí, estaban hermosas y frescas, se nota que habían sido traídas de otro lado. La noche estaba fría, el personal vagaba por la casa, no había mucho que ver la verdad ya que había mucha nieve y todo el jardín estaba repleto de ella. Mañana asistieron miembros de la mafia y ese hombre, Sindoni. Dimitrio estuvo jactándose de que vendría a la boda, como líder y jefe debía venir para apoyar a sus empleados. Pero a Dimitrio le interesaba restregarle que tenía una hermosa prometida y toda esa mierda. No me interesaba conocer a nadie, para mi, todos son iguales. Todos vienen con esa maldad incluida, se que no puedo generalizar, pero no conozco otra cosa que no sea la maldad y la sangre. Iba a casarme, iba a salir de un infierno para entrar a otro. Porque si, Dimitrio se negó a vivir aquí, incluso amenazó a mi padre con asesinarlo si llegaba a tocarme para desquitarse, eso no me alivio, todo lo contrario, porque no sabía qué era lo que me esperaba estando casada con él cuando me vaya de aquí. Suelto un suspiro y me quito el anillo de compromiso para acostarme en mi cama. No dejaba de mirar las Rosas que posaban en la mesa de mi habitación, mientras lo hacía, anhelaba una cosa, la libertad. Mañana me casaría con un hombre al cual aborrezco y el mismo que me ha hecho daño un par de veces. Le temía, temía tanto ser su esposa, lo peor es que no puedo negarme. No puedo decir una sola palabra. Por más que lo quisiera, no puedo hacer nada. No quiero casarme, no quiero hacerlo, no cuando él me ha hecho daño, tanto daño como lo ha hecho mi padre, quiero huir, pero tengo tanto miedo hacerlo. Me pongo alerta cuando escucho la puerta, era él, estaba un poco borracho porque veía cómo se tambaleaba. -Rose -arrastraba las palabras-.. Ven aquí.. Iba a esconderme pero él me toma del tobillo y me arrastra hasta el filo de la cama y abrió mis piernas, yo me paralizo por el miedo, el no deja de mirarme el cuerpo, yo solo traia una bata pequeña, no quería usarla pero mi padre me obligó. Cierro mis ojos cuando él mete su asquerosa mano en mi bata. Por instinto le pateo la entrepierna, me bajo de la cama para ir hacia la peinadora, tomo el abrecartas y lo señalo con el mismo. -¿Crees que me vas a lastimar con eso? Solo asiento lentamente. -Me molesta que no puedas hablar.. Pero eso es mejor, te hace mas obediente porque oir tus gritos me va a joder la noche de bodas -se acerca lentamente a mi-, vamos Rose.. Clavala justo aquí -se señala el abdomen. Nunca en mi vida he lastimado a alguien, ni siquiera a mi misma, me sentía tonta por creerme débil, pero es que lo soy, ellos me hicieron así. Me paralizo cuando él se acerca, tome el valor de clavarle el abrecartas en el costado, el suelta un quejido y cae encima de mi, yo lo quito como puedo, mis manos y bata están manchadas de sangre. Lo he matado. Rápidamente me pongo de pie y corro hacia la salida de mi habitación, sin mirar atrás comienzo a bajar las escaleras y a buscar la parte trasera de la casa, se que se puede salir por la cocina. Es mi oportunidad, pensé. Escucho gritos arriba, puedo escuchar pasos apresurados, así que aprovecho de salir, con suerte la puerta estaba abierta ya que aun era temprano. No se que ha pasado pero comienzo a correr por toda la parte trasera de la casa, lo hago sin mirar hacia atrás. No se como lo hice pero salté la cerca y corrí fuera de la casa. Debía alejarme ahora, porque si me quedaba aquí, él iba a matarme. El bosque estaba espeso, había neblina y nieve en el suelo, ya que los pies me dolían, pero no iba a detenerme. Debía encontrar ayuda sea como sea, veo a lo lejos una carretera, me detengo en seco cuando escucho a los perros ladrar y los hombres gritar. No. Sigo corriendo, el pecho me dolía al igual que los pies. Cuando veo hacia la carretera, bufo al ver que no pasa ningún auto. Debía cruzar. Comienzo a correr de nuevo, cuando pasó el primer carril, corro hacia el segundo, pero no vi venir el auto, yo me tropiezo, espero el golpe pero este no llega, solo escucho el chirrido de las llantas en el pavimento. El auto se había detenido a unos pocos metros de mi. No se que diablos me había pasado pero me quede en el frío suelo, yo jadeaba sin control, mis pies dolían, mis manos dolían y tenía mucho frío. De pronto, del auto baja alguien, veo que azota la puerta del mismo con fuerza, alzo la vista cuando lo tengo frente a mi. -¿Estás loca? -es lo primero que dice al verme- Casi te mato. Miro hacia el otro lado de la carretera, escucho a los perros ladrar más cerca y diviso luces, las de las linternas. -¿No escuchaste? Me pongo de pie rápidamente y me acerco a él, el hombre frunce el ceño al verme las manos y la bata. -Ayudame -muevo mis manos esperando que pudiera entenderme-, por favor, ayudame. -No sé lengua de señas -dice, pero él no me mira a mi, mira mis manos ensangrentadas y la bata- Hey, ¿qué mierda haces? No me quedó de otra que tomar su saco blanco y escribir, Ayudame, en su costoso saco. Me aparto un momento de él y junto mis manos. -¿Necesitas que te ayude? -asiento varias veces- Mierda... Me ne pentirò (Voy a arrepentirme de esto) -dice, creo que eso fue italiano- Vamos. Me toma de la mano importandole poco la sangre, ni modo, ya lo había manchado de ella hace un momento. El abre la puerta del auto y me dice que me suba, yo lo hago rápidamente. No sé en qué demonios me estoy metiendo, pero prefiero otro futuro que casarme con Dimitrio.

Esto es todo lo disponible por ahora.

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Lista de capítulos

42 capítulos en total

  1. Capítulo 1Capítulo 1 Prólogo.
  2. Capítulo 2Capítulo 2 Uno.
  3. Capítulo 3Capítulo 3 Dos.

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